
El cuerpo de una nena de ocho años fue hallado en un campo, enterrado en una fosa poco profunda, 17 días después de que desapareciera mientras jugaba con sus hermanos a metros de la casa de sus abuelos. Fue el 17 de julio de 2000. Era Sarah Payne.
El caso sacudió al Reino Unido. Una nena rubia, una tarde apacible de verano en el campo, un hombre en una camioneta blanca. Y una familia que nunca volvió a ser la misma.
PUBLICIDAD
Sarah Evelyn Isobel Payne tenía ocho años cuando desapareció en Kingston Gorse, un pueblo de West Sussex, Inglaterra. Ese 1 de julio jugaba con sus hermanos en un maizal a menos de 200 metros de la casa de sus abuelos maternos, donde la familia pasaba el fin de semana.
En un momento, Sarah se separó del grupo y caminó sola hacia la calle. Según reconstruyeron los investigadores, fue en ese trayecto donde un hombre la subió a la fuerza a una camioneta blanca. Sus hermanos la vieron irse. Nadie más la vio con vida.
PUBLICIDAD

La madre de Sarah, Sara Payne, recordó años después el último instante antes de que todo cambiara. “Si cierro los ojos, puedo verla y escucharla. Lo último que recuerdo es a Sarah saludando con la mano y diciendo ‘vayan, vayan... nos vemos en casa’”.
El detective superintendente Peter Kennett, que dirigió la investigación, describió a Kingston Gorse como un lugar donde el crimen era prácticamente inexistente: poco tránsito y tasas de delincuencia bajísimas. “Si ahí no es seguro, ¿dónde puede serlo?”, dijo en el documental 5 Mistakes That Caught a Killer (Cinco errores que atraparon a un asesino).
PUBLICIDAD
Desde el primer día, la policía trabajó con una base de datos de delincuentes sexuales registrados en la zona. En Kingston Gorse había un grupo reducido de ocho personas fichadas. El nombre que encabezaba la lista era el de Roy Whiting.
Whiting tenía 41 años y antecedentes: en 1995 había secuestrado y abusado sexualmente de una nena de nueve años. Fue uno de los primeros en ser incorporado al Registro de Delincuentes Sexuales del Reino Unido. Lo condenaron a cuatro años de prisión, pero lo liberaron a los dos.
PUBLICIDAD

Tras su salida, se instaló en Littlehampton, a poca distancia de la casa de los Payne. Ni la familia ni los vecinos lo sabían.
El día después de la desaparición de Sarah, el oficial de inteligencia Chris Saunders fue a golpear la puerta de Whiting como parte del operativo de rastreo. Lo que encontró le generó sospechas de inmediato. “Desde el primer momento en que llegué al departamento de Roy Whiting, me puse desconfiado. No atendía el timbre, y cuando fui a la ventana abierta y lo llamé, el teléfono sonó durante muchísimo tiempo hasta que finalmente atendió”, relató Saunders en el mismo documental.
PUBLICIDAD
Cuando Saunders le explicó que una nena de ocho años había desaparecido, Whiting no reaccionó. “Me sorprendió... porque no hubo ninguna reacción”.
Whiting declaró que esa noche había estado en una feria en otro pueblo y que estaba en cama a las 21:30. Las respuestas les sonaron a Saunders “automatizadas” y forzadas. Whiting pasó de ser un nombre en una lista a convertirse en el principal sospechoso.
PUBLICIDAD

El cuerpo de la nena fue hallado el 17 de julio en un campo cercano a Pulborough y, en diciembre de 2001, Whiting fue condenado a cadena perpetua tras las pruebas forenses que lo vincularon con el crimen.
El primer error de Whiting fue elegir Kingston Gorse. El pueblo tenía una sola entrada y una sola salida, y era frecuentado casi exclusivamente por gente adinerada que veraneaba allí. “No es un lugar al que un hombre que busca a una nena llegaría por casualidad”, señaló el oficial de policía Bob Blair. Eso redujo en principio el círculo de sospechosos a personas con conocimiento local.
PUBLICIDAD
El segundo error fue la camioneta. Una testigo, Cynthia Read, se comunicó con la línea de denuncias —que recibió más de 20.000 llamados tras la desaparición— y declaró haber visto una camioneta blanca salir a toda velocidad de la zona del secuestro esa tarde. “Creo que vi la camioneta en la que esa pobre nena estaba atrapada adentro”, agregó Read.
Cuando Saunders fue a hablar con Whiting, aún no sabía que tenía una camioneta. Sin embargo, Whiting lo mencionó él mismo, como si presumiera de la compra reciente. Días después, al revisar el vehículo, los investigadores encontraron un recibo de una estación de servicio a 30 kilómetros de distancia, emitido a las 22:00 de esa noche. Whiting había dicho que estaba dormido a las 21:30.
PUBLICIDAD

El tercer error fue intentar ocultar el vehículo. Whiting compró puertas traseras de segunda mano para modificar la apariencia de su camioneta, exactamente lo mismo que había hecho en 1995 tras su primer crimen, cuando alteró su auto Ford Sierra rojo. Dentro del vehículo modificado, los investigadores hallaron juguetes infantiles, bolsas de caramelos y una manta con estampado de payasos.
El cuarto error fue deshacerse del zapato de Sarah de manera poco cuidadosa. Uno de los zapatos de la nena apareció cerca de la estación de servicio donde Whiting paró esa noche, lo que sugirió que lo había tirado por la ventanilla en el camino. Ese zapato fue una de las pruebas centrales del caso.
Tras cinco meses de análisis forense, se identificaron 340 fibras en el calzado. Muchas correspondían al buzo rojo que Whiting llevaba puesto el día del secuestro. Una fibra adicional coincidía con la manta de payasos del interior de la camioneta.
El quinto error cometido por el asesino fue la prueba biológica que dejó en su propia ropa. Patricia Wiltshire, ecóloga forense de Surrey, analizó el polen encontrado en las pertenencias de Whiting y lo ubicó en el lugar exacto donde estaba enterrado el cuerpo de Sarah. Además, un cabello de la nena apareció en el buzo de Whiting, y fibras de su ropa fueron halladas en el zapato de ella. “Me alegró llevar a Whiting ante la justicia y que la ciencia pudiera aplicarse para resolver un crimen”, declaró Wiltshire en una entrevista.
El caso movilizó a 1.300 policías y costó casi tres millones de libras. El subjefe de la investigación Martyn Underhill describió a la BBC la magnitud del operativo: “La enormidad de la tarea era el tamaño del área de búsqueda, que abarcaba cientos de kilómetros cuadrados. Teníamos miles de personas ayudando, pero era una tarea larga y agotadora”.

Underhill admitió que, cuando pasaron tres días sin novedades, las posibilidades de encontrar a Sarah con vida se reducían rápidamente. “Fue casi un alivio para la familia y la policía cuando fue encontrada trágicamente”, dijo.
El 12 de diciembre de 2001, Roy Whiting fue declarado culpable del asesinato de Sarah Payne y condenado a cadena perpetua. Solo después del veredicto se hizo pública su condena anterior de 1995, lo que generó una ola de indignación en todo el Reino Unido.
Sara y Michael, los padres de Sarah, se convirtieron en figuras públicas en los días posteriores a la desaparición de su hija. Sara fue la cara visible de la familia: habló con periodistas, organizó conferencias de prensa y publicó videos caseros. Fue una estrategia deliberada para mantener el caso en los medios.
Cuando se conoció el veredicto, Sara Payne dijo: “Esto no nos hace felices, pero se hizo justicia. Sarah puede descansar en paz. Asegurémonos de que esto deje de pasar una y otra vez”.
Michael, en cambio, nunca logró reponerse. Se separó de Sara en 2003 y se fue a vivir a Maidstone, en Kent. Luchó durante años contra la depresión y el alcoholismo. En diciembre de 2011 fue condenado a 16 meses de prisión tras agredir a su hermano durante una borrachera. Su abogado defensor señaló entonces que el asesinato de su hija “tuvo un efecto que le cambió la vida” y que “nunca buscó ni recibió asesoramiento por duelo”.
En octubre de 2014, Michael Payne fue hallado muerto en su casa. Tenía 45 años. Su hija Charlotte escribió en Facebook: “Pase lo que pase y cuántos errores hayamos cometido todos, siempre serás mi papá”. Su hijo Lee agregó: “Papá, tenías tus demonios y tus problemas, pero tenías buen corazón y eras un buen hombre. Te vamos a extrañar. Todos estamos destrozados”.
Sara Payne habló después sobre cómo el dolor de los padres varones suele quedar fuera del sistema de contención. “No está orientado a los papás. No tiene en cuenta sus emociones. No tienen a quién recurrir”, dijo en una entrevista, a partir de su trabajo con la organización Victims of Crimes Trust.

La indignación por el caso impulsó a Sara Payne y a la organización News of the World a exigir un cambio legal: que los padres pudieran saber si un delincuente sexual vivía cerca de sus hijos. La campaña tardó 11 años en dar resultado.
El 4 de abril de 2011, la Ley Sarah —conocida en inglés como Sarah’s Law— entró en vigencia en Inglaterra y Gales. La norma permite que cualquier persona consulte a la policía si alguien que tiene contacto con un menor tiene antecedentes por delitos sexuales contra niños. Si la verificación confirma un riesgo, la policía puede revelar esa información al padre, la madre, tutor o cuidador del menor.
En su primer año de aplicación, la ley protegió a más de 200 chicos. En 2013, la BBC informó que 700 pedófilos habían sido identificados a partir de las 5.000 consultas recibidas, es decir, casi uno de cada siete pedidos reveló la presencia de un delincuente sexual.
La ley siguió el modelo de la Megan’s Law de Estados Unidos. Sara Payne recibió por su campaña para promover la ley una distinción como Member of the Order of the British Empire (MBE), que es una distinción honorífica otorgada por la Corona británica.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La historia de Moncy Shirley, la enfermera que planeó una explosión mortal para cobrar un seguro
La detonación del 10 de noviembre de 2012 arrasó 33 viviendas en Richmond Hill, en Indianápolis, dejó dos muertos y 12 heridos, y derivó en una condena de 50 años por la trama de fraude
Quería ser pintor y terminó cambiando la medicina para siempre: la historia de Luis Pasteur
National Geographic repasa cómo un sueño artístico derivó en una mirada científica decisiva, que abrió el camino a la pasteurización, las vacunas y la microbiología moderna que todavía sostienen la salud pública

El fan que mató a una joven actriz en la puerta de su casa porque se sintió traicionado: el crimen que cambió las leyes en EE.UU.
El 18 de julio de 1989, Rebecca Schaeffer de apenas 21 años que había conquistado la televisión con “My Sister Sam” y empezaba a abrirse camino en el cine fue asesinada de un disparo frente a la puerta de su departamento por un admirador obsesionado. El homicidio conmocionó a Estados Unidos, expuso las falencias de la protección a las víctimas de acoso y dio origen a una profunda reforma legislativa que todavía hoy lleva su huella

La publicación de “Mi Lucha”, el libro donde Hitler planteó la superioridad de la “raza aria” y anticipó el Holocausto
Los primeros ejemplares, de 400 páginas y tapas duras, llegaron a las librerías alemanas el 18 de julio de 1925. La indiferencia inicial del público y el vertiginoso crecimiento de las ventas cuando el líder nazi llegó al poder y lo llevó a superar a la Biblia

Historias de personas minimalistas: de la obsesión por comprar alimentada por las redes a una vida sencilla con propósito
Joshua Fields Millburn, Ryan Nicodemus y otros referentes cuentan cómo abandonaron la búsqueda de felicidad en las cosas para apostar por una vida con menos consumo, más libertad y un propósito definido, en un mundo donde los algoritmos impulsan nuevas necesidades



