
En la noche del 14 de noviembre de 1970, un trágico accidente aéreo golpeó de lleno a la ciudad de Huntington y marcó para siempre la historia de la Universidad Marshall. El vuelo 932 de Southern Airways, que trasladaba al equipo de fútbol americano Thundering Herd, a su cuerpo técnico y a numerosos simpatizantes, se estrelló minutos después del despegue. A bordo viajaban 75 personas, casi todo el plantel y el corazón deportivo de la universidad, así como figuras destacadas de la comunidad.
El impacto de la tragedia cambió el rumbo de una ciudad que vivía con pasión cada partido y sentía a su equipo como parte esencial de su identidad. El siniestro no solo dejó un vacío en el deporte universitario estadounidense, sino que también sumió en el dolor a familias, simpatizantes y autoridades locales. La localidad, con sus calles y campus llenos de luto, pasó a ser símbolo de duelo y resiliencia, mientras la historia recorría el país y convertía el accidente en un episodio imborrable de la memoria colectiva.
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El accidente aéreo de la Universidad Marshall no solo representa la peor tragedia deportiva de la aviación en Estados Unidos, sino que encarna el dolor y la unión de una comunidad que encontró en el recuerdo y la reconstrucción su mayor fortaleza.
Cómo fue la tragedia aérea de la Universidad de Marshall
Aquella jornada se tornó sombría para la comunidad de Marshall. Tras una derrota ajustada frente a East Carolina University, el equipo entero y junto a una significativa delegación de fanáticos abordaron un avión DC-9 de Southern Airways para emprender el viaje de vuelta a Huntington. El ambiente, marcado por el cansancio y la decepción deportiva, pronto sería eclipsado por una tragedia de dimensiones inesperadas.
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El vuelo despegó desde Kinston, Carolina del Norte, a las 18:38, y se aproximó al aeropuerto Tri-State en medio de una densa niebla. Según el informe de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB), la visibilidad disminuyó abruptamente minutos antes del aterrizaje, lo que complicó la maniobra de aproximación. El avión descendió por debajo de la altitud mínima permitida, rozó las copas de los árboles y se estrelló a poco más de un kilómetro y medio de la pista, envuelto en llamas que iluminaban la ladera en la oscuridad.
La causa principal señalada fue el descenso por debajo de la altitud mínima durante una aproximación de no precisión, en condiciones operativas adversas y sin contacto visual con la pista, explicó la NTSB. El informe oficial indicó que no se pudo determinar con exactitud el motivo del error, aunque se barajaron como posibilidades un fallo en la interpretación de los instrumentos de cabina o un error en el sistema de altimetría. El aeropuerto carecía de radar de asistencia y de luces de advertencia en la cresta, factores que agravaron las dificultades del aterrizaje, según lo declarado por el presidente de la NTSB, John Reed, a la Associated Press.
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El siniestro terminó con la vida de las 75 personas a bordo, incluyendo jugadores, entrenadores, médicos, dirigentes, patrocinadores y ciudadanos de Huntington. El fuselaje ardió durante horas en la ladera, mientras la noticia se propagaba rápidamente entre quienes aguardaban en el aeropuerto y la ciudad caía en estado de conmoción. Una enfermera, en declaraciones recogidas por Associated Press, mencionó: “Este pueblo murió hoy”, reflejando el alcance del dolor en una comunidad profundamente unida a su universidad y al equipo.
El impacto en Huntington: conmoción y memoria
La noticia sacudió la vida cotidiana de Huntington de manera inmediata y devastadora. La espera por la llegada del equipo en el aeropuerto se tornó en horror cuando el avión desapareció tras una colina y una explosión iluminó el cielo nocturno. Associated Press relató el desconcierto de los familiares y amigos que, reunidos en hospitales y en el campus de la universidad, esperaban con esperanza la aparición de algún sobreviviente, esperanza que pronto se desvaneció al confirmarse la pérdida total.
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La localidad, con sus 73 mil habitantes, quedó sumida en el luto, mientras la universidad, con una matrícula de 8.500 estudiantes, enfrentaba la magnitud de la tragedia. Muchos estudiantes y ciudadanos se reunieron en ceremonias improvisadas, cantando himnos y llorando abiertamente, narró Penn Live.
La conmoción se extendió más allá de lo emocional. La Universidad Marshall debió afrontar la posibilidad de cancelar su programa de fútbol americano, ante la pérdida de casi todo el plantel y cuerpo técnico. Sin embargo, la decisión fue reconstruir el equipo, apostando por la resiliencia. La comunidad se unió para rendir homenaje a las víctimas, mientras la casa de estudios otorgaba títulos póstumos a los estudiantes fallecidos, informó el sitio oficial de Marshall.
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El recuerdo de la tragedia se perpetuó en rituales y monumentos. Cada 14 de noviembre, la Fuente Conmemorativa de la universidad se convierte en punto de encuentro para familiares, estudiantes y autoridades, en una ceremonia que simboliza el orgullo y la unión en medio del dolor. Además, se erigieron monumentos en el predio y en las inmediaciones del estadio, y la calle que conecta el estadio con el cementerio de las víctimas fue renombrada como Bulevar Conmemorativo de Marshall.
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