
La leyenda de Giulia Tofana y Aqua Tofana sobrevivió durante siglos como la historia de una envenenadora serial que ayudó a esposas a matar a sus maridos en Italia en el siglo XVII, pero una revisión de documentos históricos citada por la revista National Geographic plantea un panorama distinto.
La mujer asociada al veneno era en realidad Giulia Mangiardi. Según National Geographic y varios historiadores, esta curandera y casamentera siciliana operaba en la Italia del siglo XVII, donde se dedicaba a la venta ocasional de Aqua Tofana dentro de una actividad más amplia de cosméticos, cremas y pócimas.
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Mangiardi murió en Roma en 1651, a los 70 años, por causas que los investigadores presumen naturales, y no figura entre las condenadas por la red de venenos desarticulada por las autoridades romanas a mediados del siglo XVII. La red de envenenamiento quedó ligada después a su hijastra, Gironima Spana, quien fue ejecutada junto con otras mujeres en julio de 1659.
El sobrenombre Tofana remite, para algunos historiadores, a Thofania d’Adamo, también conocida como La Tofania, una envenenadora activa en Palermo que fue condenada y ejecutada por matar a su marido. No existen pruebas documentales de parentesco entre D’Adamo y Mangiardi, pese a versiones publicadas durante años.
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Mangiardi nació en Corigliano, en Sicilia, y se ganaba la vida como curandera, casamentera y consejera informal. Ofrecía a su clientela, que incluía a integrantes de la aristocracia romana, una variedad de servicios: desde la venta de cosméticos caseros, cremas para la piel y pócimas amorosas, hasta arreglos matrimoniales y asesoría sobre propiedades.
El entorno en el que se movía formaba parte de una economía femenina informal en la Italia del siglo XVII, donde convivían boticarios, astrólogos y clérigos que ofrecían servicios de magia negra por encargo.
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Cómo funcionaba el Aqua Tofana
El veneno Aqua Tofana era solo un aspecto de un negocio más amplio. La mezcla, cuya receta exacta nunca apareció, era principalmente arsenical, aunque algunas versiones mencionan plomo, antimonio y belladona. Se vendía bajo distintos nombres, incluyendo Aqua della Toffnina y Acquetta di Napoli. Parte del engaño consistía en ocultarla en frascos de cosméticos o en botellas pequeñas rotuladas como Maná de San Nicolás.

La administración de la sustancia seguía un método para evitar sospechas: las clientas recibían indicaciones para repartir varias dosis a lo largo de una o dos semanas, simulando una enfermedad progresiva.
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En ocasiones, la administradora del veneno interrumpía la dosis por uno o dos días para que el marido mejorara levemente, y luego reanudaba las gotas en el vino o la sopa. Durante ese tiempo, se consultaba a varios médicos, desconcertados ante síntomas como dolor de estómago, vómitos, fiebre y sed extrema.
La red que operó en Roma
La red que finalmente operó en Roma fue organizada por Gironima Spana, hijastra de Mangiardi, quien heredó tanto la clientela como el comercio del veneno. Spana montó una estructura junto con otras mujeres, entre ellas Giovanna de Grandis, y contó con la colaboración de un sacerdote renegado que conseguía arsénico.
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Las autoridades comenzaron a sospechar tras una serie de rumores y organizaron una trampa: sorprendieron a de Grandis cuando ofrecía veneno a una clienta infiltrada. Tras su detención y tortura, obtuvo una confesión que permitió arrestar a otras integrantes de la red. Spana negó su implicación hasta el final, incluso después de que una criada de su casa declarara en su contra.
La mayoría de las compradoras no eran delincuentes habituales. Según la historiadora Simona Feci, profesora de historia del derecho en la Università di Napoli L’Orientale, se trataba de mujeres “muy normales, corrientes”, esposas de carniceros, vendedores de lino o tintoreros, muchas veces casadas en la adolescencia con hombres mayores que dilapidaron sus dotes.
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Otras sufrían maltrato físico y amenazas, y casi ninguna contaba con recursos legales o económicos en una Italia donde el divorcio era prácticamente inexistente y los matrimonios se concertaban por arreglos familiares.
El número de hombres muertos sigue sin aclararse, y los historiadores descartan como exageradas las versiones sobre cientos de víctimas. Algunas muertes atribuidas al veneno pudieron deberse a enfermedades que circulaban entonces en Roma, incluida la peste.
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Del caso judicial al mito popular

La justicia condenó a Gironima Spana, de Grandis y otras tres mujeres por preparar, distribuir y traficar veneno. Fueron ahorcadas en el Campo de’ Fiori de Roma en julio de 1659 ante una multitud.
Entre las mujeres acusadas de utilizar el tóxico contra hombres de su entorno, solo una fue ejecutada; dos obtuvieron inmunidad papal a cambio de su testimonio y otras fueron desterradas, aunque a algunas de ellas les levantaron la condena tiempo después.
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Más de tres siglos después, la historia de Giulia Tofana y Aqua Tofana sigue circulando en novelas, blogs y obras culturales que tienden a convertir a Giulia en una heroína popular o símbolo feminista.
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