Cómo una comunidad religiosa terminó creando un ícono del diseño mundial: así nació la silla Shaker

Esta agrupación construyó sus objetos como extensión de su vida espiritual, no como mercancía. Décadas después, esa idea se convirtió en objeto de deseo, aunque sus propios creadores no estuvieron de acuerdo

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Una fila de ocho sillas de madera clara está alineada contra una pared blanca. Se observan dos ventanas verticales y un suelo de madera.
Las sillas Shaker se convirtieron en un emblema del diseño de Estados Unidos a partir de una comunidad religiosa del siglo XIX (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las sillas Shaker se volvieron un emblema del diseño de Estados Unidos; pero detrás de ellas existió una comunidad religiosa que buscó la perfección en la vida cotidiana. Según National Geographic, esa forma sobria nació de convicciones espirituales estrictas, no de una aspiración artística.

Thomas Merton, monje y escritor católico, lo expresó así: “La gracia peculiar de una silla Shaker se debe al hecho de que la hizo alguien capaz de creer que un ángel podría venir a sentarse en ella”. Aquel objeto surgió de una secta fundada en Manchester, Inglaterra, en el siglo XVIII.

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Su nombre formal era Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, aunque se la conoció como los Shakers por las danzas extáticas de su culto, sin relación con los cuáqueros. El grupo llegó por primera vez a Estados Unidos con Mother Ann Lee, que huyó de la persecución en Inglaterra y viajó a América con ocho seguidores.

Un grupo de hombres y mujeres Shaker trabaja en un taller de carpintería y artesanía, elaborando cestas, muebles y objetos de madera.
La comunidad Shaker nació en Inglaterra y llegó a Estados Unidos con Mother Ann Lee tras la persecución religiosa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según el artículo, Cristo había dicho: “Sed, pues, perfectos”, y los Shakers adoptaron ese mandato como un programa de vida. Formaron sociedades utópicas donde sus miembros trabajaban y rezaban, y a lo largo de su historia levantaron cerca de 20 asentamientos en distintas partes del país.

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La igualdad entre hombres y mujeres era uno de sus principios. También aceptaban a personas negras, indígenas y judías, mientras exigían celibato, obediencia a ancianos y ancianas, y confesión pública de los pecados.

Cómo vivían los Shakers

Como practicaban la castidad, los niños llegaban a la comunidad por adopción, por tutela, o por conversión. La comunidad ofrecía refugio a huérfanos, viudas y familias necesitadas, y aunque sus miembros no votaban, se pronunciaban sobre la abolición, los derechos laborales y el sufragio femenino.

Esa disciplina no resultaba soportable para todos. “Someter la propia voluntad a la de otros tenía un costo”, dijo una hermana Shaker, en una cita recogida por National Geographic.

Interior de sala de reunión Shaker con bancos largos y muebles de madera, dos ventanas y un estrado central con mesa y sillas.
La fe Shaker sostuvo principios de igualdad entre hombres y mujeres y aceptó a personas negras, indígenas y judías (Imagen Ilustrativa Infobae)

La vida comunal exigía humildad. Quienes no conseguían ajustarse a esas reglas se marchaban o eran apartados de la comunidad.

El trabajo tenía un sentido sagrado. “Poned las manos al trabajo y los corazones en Dios”, instruyó Mother Ann Lee, y con esa idea la comunidad sostuvo su economía mediante la venta de cestas, mantas, escobas, semillas, hierbas y sillas.

La silla Shaker, con la relación entre gracia y utilidad, condensó mejor que ningún otro objeto esa forma de entender el mundo. “Son vivaces, casi alegres; uno no se siente pesado ni envuelto al sentarse en ellas”, observó Jerry Grant, director de Biblioteca y Colecciones del Shaker Museum de Chatham, Nueva York.

Cómo la silla Shaker se volvió un símbolo

Primer plano de una silla Shaker de madera con respaldo de varillas verticales y asiento contorneado, situada contra una pared blanca y un suelo de madera.
El trabajo tuvo un sentido sagrado para los Shakers, que sostuvieron su economía con cestas, mantas, escobas, semillas, hierbas y sillas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La silla nunca se concibió como un ícono, sino como un objeto funcional destinado a usarse. Robert Emlen, excurador universitario y profesor de Estudios Estadounidenses en Brown University, explicó a National Geographic que “el mundo material era una manera de sostener la vida espiritual” y que fueron los de fuera quienes empezaron a apropiarse de esos objetos como algo digno de admiración, sin asumir el rigor de la vida Shaker.

Esa admiración alcanzó incluso el mercado. En 1987, una alta silla giratoria Shaker se vendió por USD 88.000, una cifra récord para ese tipo de piezas, según National Geographic.

Aquello no agradó a todos dentro de la propia comunidad. “No quiero que me recuerden como una silla”, afirmó la hermana Mildred Barker, de Sabbathday Lake, Maine, en palabras recogidas por National Geographic.

Varios edificios rurales de madera y uno de piedra, caminos de grava, césped, árboles con follaje otoñal, arbustos, una fuente y un banco.
Sabbathday Lake, en Maine, es la última comunidad Shaker activa y hoy conserva esa herencia con una granja, un museo y una tienda (Imagen Ilustrativa Infobae)

Grant sostuvo que esa frase encerraba algo más que amargura. A su juicio, Barker quería recordar cuál era el centro de su vida.

La hermana Mildred murió en 1990. Su aldea de Sabbathday Lake es la única comunidad Shaker que sobrevive de una comunidad religiosa que alcanzó entre 4.000 y 6.000 miembros en su apogeo durante el siglo XIX.

Hoy funciona como una comunidad activa, con una pequeña granja, un museo y una tienda de productos hechos a mano. Solo tres Shakers mantienen esa herencia espiritual, mientras las sillas siguen recordando que, para ellos, la forma siempre estuvo al servicio de algo más alto.

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