
La cantante norteamericana, nacida el 27 de marzo de 1969, creció en una familia marcada por el racismo y la ruptura. Su padre era un ingeniero aeronáutico de ascendencia afrovenezolana; su madre, una irlandesa que había estudiado canto lírico. La discriminación racial marcó a sus padres desde el inicio de su relación. Los vecinos del barrio donde vivían en Long Island, Nueva York, envenenaron a su perro y prendieron fuego al automóvil familiar. La propia abuela materna repudió a su hija al enterarse del matrimonio, que terminó rompiéndose cuando la niña tenía apenas tres años.
La soledad atravesó su infancia. Después del divorcio, la madre trabajó en distintos empleos para mantener a la familia, y la pequeña pasó largas horas sola en casa. No tenía a quién recurrir: sus hermanos mayores habían crecido con los padres todavía juntos, y ella enfrentó esa etapa sin red. “Ningún amigo, nadie con quien crecer, nadie en la escuela podía siquiera acercarse a mi experiencia”, relató en una entrevista con Oprah Winfrey.
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La música fue el refugio que encontró desde muy temprano. Su madre, ex cantante de ópera y profesora de canto, le empezó a dar clases a los tres años. A corta edad empezó a imitar los ensayos de Rigoletto, la ópera de Giuseppe Verdi, en italiano. Esa disciplina vocal se convertiría en la base sólida de todo lo que vendría después.
Crecer con rasgos físicos que la hacían pasar por blanca en barrios predominantemente blancos le generó una profunda crisis de identidad. A los seis años, llevó a una amiga a la casa y al ver a su padre se puso a llorar. Esa reacción le reveló de golpe, la realidad del racismo. “Soy muy insegura sobre mi aspecto, y siempre lo fui por ser mestiza. De niña me sentía muy fuera de lugar y no me sentía linda”, declaró al diario The Guardian. Esa experiencia de no pertenencia —ni del todo blanca, ni del todo negra— la acompañó durante años. “Soy todo y nada al mismo tiempo: blanco, negro y latino. Si he conseguido que me acepten, los demás también podrán hacerlo”, reflexionó en otra ocasión.
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La pobreza también dejó su huella. Desde los cinco o seis años, la futura estrella imaginaba su salida. “Recuerdo cuando me dije por primera vez, ‘Voy a ser rica y famosa’”, contó al Guardian. La escena la describió con precisión: estaba en el asiento trasero del viejo auto verde de su madre, en el estacionamiento de un supermercado, mirando por la ventana a la gente que podía comprarse cosas. “Estaba tarareando; mi hermana tenía unos 15 años, se acababa de casar porque estaba embarazada. Me dije, ‘Voy a ser una estrella y nos compraré todas estas cosas’”. Esa determinación temprana la llevaría, años más tarde, a trabajar el doble.
La cantante describió el vínculo con su madre como tóxico: la amaba, pero sentía que le había causado un grave daño emocional. Hubo episodios que marcaron esa distancia afectiva: a los siete años, estuvo a punto de ahogarse en la playa mientras su madre permanecía ajena a sus gritos de auxilio, según relató en sus memorias. Más adelante, cuando el éxito llegó, la tensión se agudizó: la madre, cuyos sueños de ser cantante de ópera habían quedado truncados, se puso celosa del ascenso de su hija. A pesar de todo, la artista siguió sosteniéndola económicamente y declaró que lo haría el resto de su vida.
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Con su hermana mayor, el vínculo fue aún más oscuro. En sus memorias, describió que a los 12 años fue drogada con Valium por su hermana, quien también le ofreció cocaína, le infligió quemaduras de tercer grado y llegó a intentar venderla a un proxeneta. También señaló que su hermano era violento y que ambos hermanos conspiraron para extorsionarla. La hermana negó las acusaciones y presentó una demanda de 1,25 millones de dólares en 2021; el hermano la siguió al año siguiente, aunque un juez rechazó la mayor parte de sus reclamos.
Con su padre, la historia fue diferente. Alfred Roy Carey era, según los recuerdos de su hija, un hombre afectuoso que la quiso sin condiciones. Ella lo describió como alguien benévolo, en contraste marcado con la figura materna. Alfred murió en 2002, a los 72 años, víctima de un cáncer. En sus últimos momentos juntos, ella le explicó por qué había necesitado alejarse para seguir su carrera musical. “Fue algo muy duro para una niña y me sentí muy sola, pero nunca fue su culpa. Ambos necesitábamos cosas que no sabíamos cómo dar”, le dijo.
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La escuela secundaria en Greenlawn, Nueva York, fue el primer escenario donde la música pasó a ser mucho más que un refugio. Esa actividad le permitió colaborar con músicos de la escena de Long Island, entre ellos uno que la ayudó a componer las canciones de su primer álbum discográfico.
Tras mudarse a la ciudad de Nueva York, tuvo varios trabajos para pagar el alquiler, completó quinientas horas de estudios en una escuela de belleza y consiguió un lugar como cantante de respaldo de una artista puertorriqueña. Fue precisamente en una gala de ejecutivos discográficos de CBS, en diciembre de 1988, donde entregó su demo al presidente de Columbia Records. Él lo escuchó al salir de la fiesta, quedó impresionado y volvió de inmediato a buscarla, pero ella ya se había ido. La revista Vibe comparó esa historia con el cuento de La Cenicienta. El ejecutivo la localizó después y le ofreció un contrato. El 1 de junio de 1990, hizo su primera presentación en vivo en The Arsenio Hall Show, donde interpretó por primera vez su sencillo debut, Vision of Love.
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Respuesta: la niña de la foto es Mariah Carey y está acompañada por su madre Patricia
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