La foto acertijo: ¿quién es este niño que jugaba con una colección de 1500 soldaditos y terminó siendo Primer Ministro?

Era un niño rebelde al que sus maestros consideraban incorregible, pero que a los 14 años ya sabía que algún día salvaría a su país

Winston Churchill
Sus padres conformaban una pareja glamorosa de la alta sociedad
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Nació el 30 de noviembre de 1874 en el Palacio de Blenheim, en Oxfordshire, la residencia de su abuelo, el séptimo duque de Marlborough. Por línea paterna, era hijo de la aristocracia: su padre, lord Randolph, era un político conservador; su madre, Jennie Jerome, una belleza nacida en Estados Unidos, hija de un corredor de bolsa y propietario de un periódico en Nueva York. Eran una pareja glamorosa de la alta sociedad y distante en su rol de padres. Fue su niñera, la señora Everest, quien lo crió junto a su hermano menor, Jack.

A los siete años y medio, en 1882, fue enviado a su primer internado, St George’s, cerca de Ascot, en Berkshire, como era habitual entre los niños de su clase. La vida escolar chocó desde el principio con su espíritu independiente. Las palizas eran frecuentes y la disciplina, rígida. Él mismo lo recordaría más tarde en su autobiografía, Mi juventud: “Resultaba que iba a estar fuera de casa durante muchas semanas seguidas para hacer lecciones bajo la tutela de maestros… Después de todo, yo solo tenía siete años y había sido tan feliz en mi cuarto de juegos con todos mis juguetes”.

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Tras dos años en St George’s, lo trasladaron a una escuela en Brighton, dirigida por las señoritas Thomson, donde encontró materias que le despertaban interés: francés, historia, poesía, equitación y natación. Su director en aquella etapa anotó que su conducta era “sumamente mala” y que no se le podía “confiar para comportarse adecuadamente en ningún lugar”. Con todo, el mismo director reconoció que el niño “tenía muy buenas capacidades” y que, cuando algo le interesaba, era capaz de concentrarse con rigor.

Algunos biógrafos atribuyeron sus dificultades escolares a la dislexia, aunque la evidencia no lo sostiene. Él mismo probablemente exageró sus bajas calificaciones en sus memorias. Tenía problemas con las matemáticas, pero disfrutaba la literatura inglesa y la historia, y su posterior carrera como periodista, autor prolífico y ganador del Premio Nobel de Literatura dejó en evidencia que leer y escribir no eran sus limitaciones.

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El 17 de abril de 1888 ingresó a la escuela Harrow, donde su trayectoria militar comenzó a tomar forma. Pocas semanas después de su llegada, se incorporó al Harrow Rifle Corps, un cuerpo fundado en 1859 y afiliado al Regimiento de Middlesex. Allí practicó equitación, tiro con fusil y esgrima, disciplina en la que ganó el campeonato de Escuelas Públicas en 1892.

Su colección de unos 1.500 soldados de juguete de la era napoleónica fue la que, en el verano de 1889, inclinó a su padre a decidir su destino profesional. Lord Randolph fue a la habitación de su hijo y le propuso una carrera en el ejército. El joven aceptó de inmediato. Tenía catorce años y medio. A partir de entonces, todos sus esfuerzos académicos apuntaron a ingresar en Sandhurst, el Real Colegio Militar, examen que solo aprobó en su tercer intento.

Aun encaminado hacia el ejército, su ambición política era manifiesta desde la infancia. En 1891, todavía en Harrow, le confió a su amigo Murland Evans una visión que resultaría profética: “Te digo que estaré al mando de las defensas de Londres… En el alto puesto que ocuparé, me corresponderá a mí salvar la Capital y salvar el Imperio”. En varias ocasiones, antes incluso de ser elegido para el Parlamento, predijo que algún día sería Primer Ministro.

La muerte de su padre el 24 de enero de 1895, a los cuarenta y cinco años, antes de que el joven pudiera demostrarse ante él, tuvo un efecto profundo. Un mes después, se convirtió en oficial de caballería en el 4º Regimiento de Húsares de la Reina. Entre 1895 y 1900, buscó fama y fortuna trasladándose a los lugares más peligrosos del mundo: le dispararon en Cuba, luchó en la frontera afgana de lo que hoy es Pakistán, sobrevivió a una carga de caballería en Sudán y protagonizó titulares al escapar de la cautividad bóer en Sudáfrica. Cada experiencia fue materia prima para artículos y libros.

La carta más antigua que se conserva de este célebre personaje, escrita a los siete años, trata sobre soldados de juguete, banderas y castillos. Aquella fascinación infantil por la guerra anticipaba una vida que terminaría marcando la historia del siglo XX.

Respuesta: el niño de la foto es Winston Churchill, Primer Ministro del Reino Unido en dos ocasiones —entre 1940 y 1945, y entre 1951 y 1955— y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1953.

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