El día que una roca de 363 kilos cambió el destino de un montañista: un brazo muerto, una navaja inútil y 127 horas atrapado

El escalador Aron Ralston se enfrentó con la muerte en abril de 2003 en el Parque Nacional Canyonlands, ubicado en la región sudeste de Utah. Mientras atravesaba un desfiladero natural, ocurrió un evento inesperado que modificó sus planes. Una escena realista en Hollywood, la sorpresa de su familia y los desafíos que surgieron después del accidente ocurrido hace 23 años

Aron Ralston escala una empinada pared de roca. Lleva casco, gafas de sol y una prótesis en el brazo derecho. Al fondo, un paisaje montañoso y urbano
El 26 de abril de 2003 el escalador Aron Ralston se enfrentó a la muerte (@captainfunhog)
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Aron Lee Ralston nació el 27 de octubre de 1975 en el estado de Ohio. En 1987, la familia se mudó a Colorado, territorio donde él desarrolló su afición por el montañismo. Más adelante, se trasladó a Pensilvania para estudiar en la Universidad Carnegie Mellon, donde obtuvo el título oficial de ingeniero mecánico a fines de 1997. Cursó estudios de idioma francés y clases de piano, y su rendimiento académico le permitió ingresar a Tau Beta Pi, la sociedad nacional de honores de ingeniería.

Sus excompañeros lo describían como un alumno inquieto, que solía esconderse en las salas de ensayo del edificio Porter Hall para tocar el piano y organizaba incursiones furtivas a la cafetería universitaria para conseguir comida.

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Conocidos como Chris Adukaitis, Elias Fallon, Elliott Larson, Jim Buck y Jay Blanco compartieron anécdotas, resaltando que el joven armaba salidas al local gastronómico Ritter’s Diner, en el bulevar Baum, para comer de madrugada. En su segundo año, convenció a sus compañeros de departamento para ver a la banda Rustëd Root en el anfiteatro Star Lake. Tras recibirse, continuó asistiendo a numerosos conciertos en vivo.

Selfie de Aron Ralston sonriendo, con casco verde, gorra roja, mochila y brazo protésico en un paisaje rocoso de montaña con nieve al fondo
Aron Ralston renunció a su carrera en Intel para dedicarse a conquistar las 59 montañas más altas de Colorado, conocidas como "fourteeners" (@captainfunhog)

Elias Fallon recordó que Ralston condujo de imprevisto desde Nuevo México hasta Phoenix, Arizona, para asistir a un recital del grupo Tenacious D. Al llegar, conectó sus cables al equipo de grabación de la consola de sonido del lugar. Durante cinco años después de graduarse, mantuvo un puesto como ingeniero mecánico en la tecnológica Intel. Trabajó en ese entorno estructurado, pero concluyó que la rutina de oficina frenaba sus pasiones y renunció de para dedicarse completamente a escalar.

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Su objetivo consistía en alcanzar la cima del monte Denali, el pico de mayor altura en todo Estados Unidos. Para prepararse, en 2002 alquiló un departamento en Aspen, Colorado. Allí se propuso un desafío extremo: escalar en total soledad y en pleno invierno las 59 montañas del estado que superan los 4.267 metros, elevaciones llamadas popularmente “fourteeners”. Previo a su gran accidente, ya había coronado exitosamente 111 de los 119 picos más imponentes de Colorado.

Aron Ralston esquía por una ladera montañosa cubierta de nieve y rocas marrones, vestido con chaqueta gris, pantalones azules y mochila, bajo un cielo azul claro
En febrero de 2003, Aron Ralston sobrevivió a una avalancha en Colorado, a pesar de ignorar alertas meteorológicas que advertían sobre el peligro que se avecinaba (@captainfunhog)

En febrero de 2003, mientras esquiaba junto a dos amigos en la zona de Resolution Peak, en el centro de Colorado, quedó atrapado bajo una avalancha de nieve que lo sepultó hasta el cuello. Un compañero de equipo logró desenterrarlo con esfuerzo y, entre ambos, terminaron rescatando al tercer integrante del grupo que yacía bajo la nieve. Aquella mañana, los meteorólogos habían emitido un alerta serio por riesgo de avalanchas, pero él ignoró la advertencia. Aunque estuvo cerca de morir, decidió mantener sus hábitos y continuó explorando terrenos complicados sin compañía.

Unos meses después, en abril de 2003, viajó en su vehículo hasta el Parque Nacional Canyonlands, ubicado en la región sudeste de Utah. Pasó la noche del viernes 25 de abril durmiendo en su camioneta. A la mañana siguiente, inició la travesía exactamente a las 09:15 bajo un cielo completamente despejado y soleado. Pedaleó en su bicicleta de montaña a lo largo de 24 kilómetros hasta encontrar el acceso a Bluejohn Canyon, un desfiladero natural de unos 18 metros de longitud que en ciertos sectores apenas alcanza un metro de ancho.

Tras asegurar el rodado con un candado, ingresó caminando a la profundidad del cañón. Repitió su error de no notificarle a nadie sobre su trayecto planificado. Ni familiares, ni amigos, ni sus empleadores de la reconocida tienda de equipos de montaña en Aspen, Ute Mountaineer, sabían dónde estaba. Cerca de las 14:45, mientras descendía por una angosta sección de la piedra, una roca gigante de 363 kilogramos se deslizó rápidamente y cayó sobre él. El bloque le aplastó el brazo derecho, inmovilizándolo contra la pared de piedra. Quedó trabado a 30 metros de profundidad bajo la superficie del desierto y a 32 kilómetros de distancia del camino pavimentado. Sus provisiones eran tan solo dos burritos, migas de una barra de chocolate y una botella plástica de agua.

Aron Ralston sonríe, parado sobre rocas en un cañón. Viste camiseta oscura y mochila azul. Su brazo derecho amputado es visible. El río y paredes rocosas de fondo
El rescate de Aron Ralston solo fue posible después de que él lograra fracturar los huesos de su brazo y recorrer varios kilómetros por el desierto hasta encontrar ayuda (@captainfunhog)

Ralston intentó inicialmente astillar la roca para liberar su brazo, pero los golpes resultaron inútiles. Al acabarse sus provisiones, se vio forzado a beber su propia orina para combatir la deshidratación. Desde el primer momento consideró la posibilidad de amputarse el brazo. Armó torniquetes y se realizó cortes superficiales para probar el filo de sus navajas. Poseía una herramienta multiuso barata, de las que le habían entregado de regalo por comprar una linterna de 15 dólares. Por la mala calidad del metal, notó que no podía cortar sus huesos.

El cuarto día fue el más desesperante. Intentó clavarse la navaja pero no logró perforar la piel, hasta que finalmente la utilizó como daga y consiguió atravesarla; sin embargo, cuando la punta chocó contra el hueso, advirtió de modo que jamás lograría cortarlo: “La alegría desapareció cuando la punta chocó contra el hueso”, dijo.

Exhausto, asumió que la muerte era ineludible. Talló en la pared su nombre, fecha de nacimiento, fecha estimada de muerte y la frase “descansa en paz”. Grabó con su cámara mensajes de despedida para sus padres, su hermana y sus amigos, expresando gratitud por la vida vivida.

Aron Ralston
La historia de Aron Ralston fue llevada al cine en la película "127 Horas", dirigida por Danny Boyle con James Franco como protagonista y la colaboración del propio Ralston

Durante la noche del cuarto día, alternando entre la consciencia y el desmayo, experimentó ―contó más tarde ―una alucinación. Se vio en el futuro, sin una parte de su brazo, en el living de una casa. Observaba a un niño de pelo rubio y ojos celestes con una remera roja que jugaba con un camioncito en el piso. Ralston se imaginó alzando al chico en brazos. Interpretó esa escena como una premonición referida a su futuro hijo, Leo, y concluyó que no moriría atrapado en el cañón.

Al quinto día, la visión le inspiró una solución técnica. Comprendió que no necesitaba cortar los huesos, sino partirlos. Usando la posición de su brazo atrapado para hacer palanca, aplicó la torsión de todo su cuerpo para fracturar el cúbito y el radio. Una vez separada la estructura, fabricó un torniquete con la manguera de su botella para interrumpir la circulación sanguínea. Cortó la piel y los músculos con la navaja de cinco centímetros, y empleó pinzas para seccionar los tendones. Dejó las arterias para el final, consciente de que la hemorragia sería intensa. Impulsado por la adrenalina, completó la operación en exactamente una hora. Perdió un 25 por ciento de su sangre durante el procedimiento.

Aron Ralston, visto de lado, subiendo una ladera nevada con esquís y bastones. Viste chaqueta naranja, pantalón oscuro, gorra y mochila bajo un cielo azul
Tras el accidente, Aron Ralston continuó enfrentando desafíos: completó las 59 montañas más altas de Colorado con un solo brazo y ofreció charlas motivacionales (@captainfunhog)

Libre, trepó por la grieta y descendió haciendo rápel por una pared de 18 metros. Caminó por el desierto, deshidratado y sin un brazo, cubriendo nueve de los doce kilómetros que lo separaban de su camioneta. En el camino, se cruzó con una familia de Países Bajos. Ellos fueron quienes le dieron galletitas y agua, y avisaron a las autoridades. Los guardaparques lo buscaban en helicóptero, aunque la profundidad del cañón habría dificultado localizarlo. Los médicos lo rescataron cuatro horas después de la amputación. Diagnosticaron que si se cortaba el brazo antes moría desangrado y si esperaba más tiempo perecería aplastado. Trece guardaparques usaron un gato hidráulico y un torno para mover la piedra y extraer el antebrazo, confirmando que rescatarlo entero hubiese resultado imposible. Esa parte de su brazo fue fue cremada. En su cumpleaños número 28, seis meses después, esparció las cenizas en el desfiladero.

Durante su internación en Colorado recibió cartas, fotografías y una manta enviada por la comunidad de Carnegie Mellon. La banda estadounidense de rock y jam band The String Cheese Incident dio un recital a beneficio para reunir fondos destinados a sus gastos médicos.

aron ralston
Aron Lee Ralston con su brazo ortopédico en la recreación del lugar en que sufrió el accidente. Fue reconstruida la situación durante la filmación de la película "127 Horas"

Los hechos dieron lugar a la película 127 Horas, dirigida por Danny Boyle y estrenada en 2010. Ralston colaboró estrechamente con el equipo de producción durante siete años, participando desde el guión hasta en la elección del director y protagonista, James Franco. Lo entrenó para que comprendiera los factores psicológicos de una situación tan extrema. La película retrató la desesperación y los vínculos familiares, exponiendo sin tapujos los errores cometidos por el escalador. Beth Ralston, su hermana, quedó sorprendida al ver la representación en pantalla y golpeaba la rodilla del sobreviviente por la fidelidad de la adaptación. El propio Ralston consideró que el producto final rozaba el formato documental. Varios espectadores sufrieron desmayos en los cines por la crudeza visual. La escena de la amputación fue resumida a unos pocos minutos en el montaje, aunque la intervención real había insumido 70 minutos, ya que el proceso exigía alternar cortes, romper huesos y evitar un sangrado fatal.

Aron Ralston, con gorra verde y gafas de sol, sostiene una piña en su mano izquierda mientras mira hacia abajo en un bosque de pinos con suelo seco
El reconocido aventurero Aron Ralston examina una piña con atención mientras camina por un bosque de pinos, mostrando su continua conexión con el entorno natural. (@captainfunhog)

Para garantizar un realismo total, fabricaron tres brazos ortopédicos de idéntica textura a la piel de Franco. El actor sufría verdadera aversión a ver sangre sobre su propio cuerpo, por lo que las expresiones de rechazo que aparecen en pantalla fueron espontáneas. El guion no exigía que Franco completase el corte sobre la utilería, pero él insistió en hacerlo entero, cayendo hacia atrás por la impresión. Boyle utilizó justamente esa toma en el corte final. Ralston pidió a los realizadores que el protagonista sonriera en el momento exacto en que, dentro del relato, deduce que partir el hueso era la clave de la fuga, replicando su propia experiencia.

Después de recuperar buena parte de su estado físico, Ralston volvió a escalar. En 2005 fue el primer escalador en ascender los 59 picos más altos de Colorado, en solitario y en invierno, con un solo brazo. Participó en carreras de aventura, incursionando en disciplinas como kayak, ciclismo, patinaje y natación. Más adelante se presentó en el programa de David Letterman, donde mostró cómo giraba la muñeca de su prótesis 360 grados mientras sostenía una taza. Ofreció charlas por las que cobraba mucho dinero y en las que aconsejaba a los interesados en escalar que siempre informen adónde van y lleven navajas muy afiladas.

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