El primer magnicidio en la historia de EE.UU.: el actor que mató a Abraham Lincoln frente a cientos de espectadores

El asesinato sacudió a Estados Unidos cuando la paz recién comenzaba. El presidente Abraham Lincoln murió en la mañana del 15 de abril de 1865, después de agonizar durante nueve horas por un disparo en la cabeza

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El lado oscuro de la fama: magnicidios y asesinatos que estremecieron a la humanidad
Una reproducción del momento en que Lincoln recibe el disparo en plena función teatral (Crédito: The grosby group)

En Specimen Days, obra publicada en 1882, el poeta estadounidense Walt Whitman reconstruyó el primer magnicidio en Estados Unidos. Whitman vivía en Washington D.C. durante la Guerra Civil y trabajaba como empleado público y voluntario en hospitales. Admiraba profundamente a Lincoln y también le dedicó poemas.

“El 14 de abril de 1865 parece un día agradable en todo el territorio (…) La larga tormenta, tan oscura, tan fratricida, tan llena de sangre (…) había terminado al fin con el amanecer de una victoria absolutamente nacional, y la caída total del secesionismo (…) El general Robert E. Lee había capitulado bajo el manzano de Appomattox (…) los primeros pastos, las primeras flores, habían nacido (…) El popular diario de Washington, el pequeño Evening Star, había esparcido en cien lugares de toda su tercera página: ‘El Presidente y su esposa asistirán al Teatro esta noche’ (…) Llegaron en buena hora, y presenciaron la obra desde los grandes palcos del segundo piso, engalanados con la bandera nacional (…) La pieza se llama Nuestro primo americano (…) En el intervalo sobrevino el asesinato de Abraham Lincoln, con la discreción y simpleza de cualquier ocurrencia ordinaria (la apertura de un capullo o una vaina en medio de la vegetación, por ejemplo). Llegó el sonido de un disparo que no todos los presentes escucharon (…) Una figura súbita, un hombre, se yergue con manos y pies, se detiene un momento en la barandilla, salta hacia abajo al escenario, cae descompuesto pues el espolón de su bota se ha atorado en el espeso cortinaje —la bandera americana—, se desploma sobre una rodilla, se recupera prestamente, se levanta (…) y así la figura, John Wilkes Booth, el asesino, vestido con paño liso y negro, descubierta la cabeza, la cabellera espesa, brillante, y sus ojos centelleantes de luz y osadía (…) sostiene elevado en una mano un gran cuchillo, se da vuelta hacia el público, y lanza las palabras Sic semper tyrannis, y desaparece".

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Aquella noche de viernes del 14 de abril, hace 161 años, un actor de fama irregular, John Wilkes Booth, le quitó la vida al decimosexto presidente de los Estados Unidos: el hombre que había conducido a su país al final de la Guerra de Secesión —Norte contra Sur, 1861 a 1865—, el conflicto más sangriento de la historia estadounidense, con cientos de miles de muertos y un país entero marcado por cicatrices que tardarían generaciones en cerrar.

Días antes, el general Robert E. Lee había rendido su ejército ante su par, el general Ulysses S. Grant, en la pequeña localidad de Appomattox. El gesto selló el derrumbe militar de la Confederación y el triunfo de la Unión. Y se abrió así una nueva etapa: el inicio del proceso que llevaría a la libertad legal de millones de esclavos, consagrada meses después en la Decimotercera Enmienda a la Constitución.

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Entonces, se resquebrajó la economía del Sur, sostenida durante décadas por los campos de algodón, llenos de espinas y manos negras esclavas que trabajaban de sol a sol. El sistema que había enriquecido a plantadores y comerciantes comenzó a caerse a pedazos. La Confederación fracasó en su intento de romper el país. La Unión sobrevivió.

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El presidente Abraham Lincoln fue baleado el 14 de abril de 1865 mientras asistía a una función en el Ford's Theatre (Crédito: Wikimedia/Dominio Público)

La Guerra Civil estadounidense había comenzado en abril de 1861, con el ataque confederado a Fort Sumter. Durante cuatro años, el conflicto se extendió por campos, ríos y ciudades, dejando un rastro de muerte y destrucción. La Unión, liderada por Lincoln y favorecida por su capacidad industrial y demográfica, fue imponiéndose lentamente, batalla tras batalla.

Cuando las armas callaron en abril de 1865, el país respiró con alivio. Pero la paz era frágil, reciente.

Y entonces llegó el disparo.

Un campesino autodidacta

Abraham Lincoln había nacido el 12 de febrero de 1809 en una cabaña de troncos cerca de Hodgenville, una zona rural de Kentucky. Era hijo de colonos modestos en una frontera dura, áspera, donde la supervivencia era un trabajo cotidiano.

Solo asistió a la escuela de manera esporádica. Se calcula que, en total, recibió menos de un año de educación formal.

Su juventud fue una sucesión de oficios: cortar madera, trabajar la tierra, transportar mercancías, atender negocios pequeños en pueblos que apenas comenzaban a existir. Estudió por su cuenta libros de gramática, matemáticas, literatura y derecho. Leía todo lo que podía conseguir, utilizando bibliotecas públicas y libros prestados.

Más adelante, comenzó a ejercer como abogado luego de estudiar derecho de manera autodidacta y aprobar el examen para ejercer la abogacía en Illinois.

Con el tiempo se convirtió en legislador en Illinois por el Partido Whig durante varios períodos, y más tarde en una figura política nacional.

Cumplidos los 51 años, en 1860, fue elegido presidente de los Estados Unidos. Su triunfo fue contundente en el Norte, pero escaso en el Sur, donde muchos lo veían como una amenaza directa al sistema esclavista que sostenía su economía y su modo de vida.

Cuatro años después, en medio de la guerra, fue reelegido.

Desde su despacho sobrio —tan sobrio como su ropa y su estilo personal— anunció una medida que anticipaba cambios profundos: su apoyo a un derecho limitado al voto para algunos afroamericanos, especialmente veteranos de guerra y hombres educados. Para los sectores más radicales del Sur, esa postura era inaceptable.

En algún lugar, en silencio, comenzó a gestarse la conspiración.

La noche del atentado, el presidente decidió asistir al teatro con su esposa, Mary Todd Lincoln, y dos acompañantes.

La ciudad estaba iluminada y animada. El palco presidencial en el Ford’s Theatre estaba decorado con banderas. En un momento de la función, mientras el público estaba atento a la obra, John Wilkes Booth, un conocido actor y simpatizante confederado, ingresó al palco presidencial.

Aprovechó un momento en que el guardia de seguridad se había ausentado y disparó a Lincoln por detrás, a corta distancia, utilizando una pistola de un solo tiro, modelo Derringer. La bala impactó en la parte posterior izquierda de la cabeza de Lincoln, atravesando el cráneo y alojándose cerca del ojo derecho.

El actor John Wilkes Booth disparó contra el presidente a corta distancia y escapó del teatro tras saltar al escenario
El actor John Wilkes Booth disparó contra el presidente a corta distancia y escapó del teatro tras saltar al escenario

Lincoln se desplomó hacia adelante, inconsciente.

El disparo fue breve, seco. Muchos espectadores no lo distinguieron en medio del ruido de la sala. Algunos pensaron que formaba parte de la obra. La confusión duró apenas unos segundos.

Luego, Booth saltó desde el palco hacia el escenario. Se incorporó con rapidez, visiblemente agitado, y alzó un cuchillo.

Se volvió hacia el público.

Y gritó:

Sic semper tyrannis (en latín). ¡Así siempre a los tiranos!

Después huyó.

El presidente fue trasladado de urgencia a una casa frente al teatro. Allí, en una habitación estrecha, comenzó una vigilia silenciosa.

Entre quienes lo atendieron estaba el joven médico militar Charles Augustus Leale, uno de los primeros en examinarlo. Comprendió de inmediato que la herida era mortal. No había cirugía posible, ni medicina capaz de revertir el daño.

Durante la noche, ministros, oficiales y familiares se reunieron alrededor de la cama. Afuera, la multitud se agolpaba en la calle. Nadie hablaba en voz alta. El país entero parecía contener la respiración.

La agonía se prolongó durante nueve largas horas.

A las 7:22 de la mañana del 15 de abril de 1865, Abraham Lincoln murió sin recuperar el conocimiento.

Tenía 56 años.

La persecución de los responsables fue inmediata. John Wilkes Booth logró escapar durante varios días, ayudado por simpatizantes del Sur. Finalmente fue localizado en una granja de Virginia. Allí, rodeado por soldados federales, se negó a rendirse y fue abatido por un disparo.

Varios de sus cómplices fueron capturados, juzgados por un tribunal militar y ejecutados.

El cuerpo del presidente fue colocado en un tren fúnebre que recorrió varios estados. La ceremonia fastuosa se transformó en una despedida colectiva. En cada estación, se repetía la misma escena: multitudes que no podían contener las lágrimas y honraban al presidente.

El viaje terminó en Oak Ridge Cemetery, donde fue enterrado.

En el plano personal, Abraham Lincoln era un hombre reservado, introspectivo, con frecuentes períodos de melancolía. Las pérdidas familiares lo habían marcado profundamente.

Casado con Mary Todd, tuvieron cuatro hijos: Robert, Edward, William y Thomas. Solo el primero llegó a la vejez. Los otros murieron en la infancia o la adolescencia. Cada muerte dejó una herida abierta.

El Lincoln Memorial fue inaugurado en 1922 en homenaje al presidente ( REUTERS/Ken Cedeno)
El Lincoln Memorial fue inaugurado en 1922 en homenaje al presidente ( REUTERS/Ken Cedeno)

Su esposa provenía de una familia acomodada y activa en la vida social. Durante su estancia en la Casa Blanca atravesó momentos de inestabilidad emocional y fuertes tensiones personales, agravadas por el duelo y la presión pública.

Entre los recuerdos más persistentes de la vida de Lincoln aparece el nombre de Ann Rutledge, una joven de Nueva Salem que murió tempranamente a los 22 años durante una epidemia. La naturaleza exacta de esa relación fue objeto de debate entre historiadores, pero su muerte afectó profundamente al joven abogado.

El Lincoln Memorial recuerda la magnitud histórica de su figura. En una de sus paredes, las palabras permanecen talladas con una sobriedad casi íntima:

“En este templo como en los corazones de la gente por quien salvó la Unión la memoria de Abraham Lincoln se consagra para siempre”.

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