El discurso de Ricardo Balbín y el llamado a la unión nacional: “Todos los incurables tienen cura cinco minutos antes de la muerte”

El líder de la Unión Cívica Radical habló por cadena nacional durante veinte minutos, ocho días antes del golpe de Estado. No nombró a Almafuerte pero sí aludió a uno de sus versos más famoso. “Desearía que los argentinos no empezáramos a hacer la cuenta de los últimos cinco minutos”, dijo en un discurso en el que elogió a las Fuerzas Armadas y convocó a la unidad de todos los ciudadanos

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El 16 de marzo de
El 16 de marzo de 1976, en Argentina crecía la certeza social de un inminente golpe de Estado contra María Estela Martínez de Perón. En ese contexto, Balbín se dirigió al pueblo

Para el martes 16 de marzo de 1976, la sensación de la enorme mayoría de los argentinos era que el golpe de Estado era inminente. La fecha era una incógnita, pero existía la certeza de que el gobierno de la presidenta María Estela Martínez de Perón no llegaría a fin de mes. La noticia internacional del día era la renuncia del primer ministro británico, el laborista Harold Wilson, que había esgrimido agotamiento físico y mental después de años de ocupar el cargo. Sin embargo, las versiones que corrían en Londres –y recogían los medios argentinos– señalaban que tenía síntomas de Alzheimer. Se mencionaba a James Callaghan como su posible reemplazante.

En el plano local se seguía barajando la posibilidad de que el gobierno nacional interviniera la provincia de Buenos Aires para desplazar al sindicalista de ultraderecha Victorio Calabró, ya claramente alineado con los sectores golpistas. Desde su despacho en La Plata, el mandatario provincial anunciaba que resistiría “hasta las últimas consecuencias”, sin explicar cuáles serían.

Sin embargo, todas las expectativas del día estaban puestas en el discurso que el líder de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín, iba a pronunciar esa noche por la cadena nacional para referirse a la situación del país. Se sabía que sería un discurso crítico del gobierno peronista, el interrogante era hasta qué punto defendería la continuidad de las instituciones de la democracia.

Ricardo Balbín convocó a la unidad nacional en un discurso que se emitió por cadena nacional ocho días antes del golpe de Estado de 1976

“El Chino” en blanco y negro

A sus 72 años, con la mente y la cintura política intactas, Balbín apareció con gesto adusto en las pantallas de los televisores en blanco y negro de los argentinos en el horacio central de la noche. Enfundado en un traje oscuro, camisa blanca y una corbata al tono apenas atravesada por unas delgadas rayas claras, “El Chino”, como lo llamaban los radicales, utilizó un estilo pausado para dirigirse a los ciudadanos. Fiel a su estilo no leyó, simplemente habló.

Sabía que sus palabras eran esperadas por millones de personas y así lo dijo desde el principio de un discurso que duró alrededor de veinte minutos. “Tengo conciencia cabal de la curiosidad, por no decir la expectativa, que despierta esta audición. Lo mismo habría ocurrido con cualquier hombre de la política argentina que estuviera en este sitio en que estoy yo. Porque creo que la expectativa no la determina la palabra: es la inquietud nacional, estas intensas y profundas preocupaciones. Soy hombre de un partido político, es verdad. Pero en esta emergencia yo hablaré como un ciudadano de la República. Cargado de preocupaciones, que son las preocupaciones de mi país. Deseoso de servirlo. Sé que muchos pueden suponer que vengo aquí a decir palabras de agravio. Sé que otros pensaran que voy a decir palabras de protesta. Hace tiempo que estoy diciendo que hay que dejar el pasado atrás y mirar para adelante, no tanto por nosotros sino por una importante juventud argentina que espera. Tengo naturalmente que decir qué hicimos y por qué lo hicimos, pero no esperen que yo pronuncie palabras de condenación”, arrancó.

Radical al fin, de inmediato se refirió a las tradiciones y a la vocación democrática de su partido y mencionó a Hipólito Yrigoyen y Arturo Illia, dos presidentes que no pudieron terminar sus mandatos al ser derrocados por golpes militares. Aludió entonces a la posición que había tomado el radicalismo, como oposición, luego de la victoria del Frejuli en 1973. “El pueblo se pronunció y fuimos derrotados. Ganaron los otros. ¿Qué ocurrió en el país de cosa nueva? ¿Qué acontecimiento notable llegaba a la República? La frase definitiva y corta: ‘El que gana gobierna y el que pierde ayuda’. Esta la escena del país. Se han dado todas las circunstancias. Frente a esta situación en que está la República, yo pregunto: ¿dónde está la culpa? Yo sé que hay mucha gente, algunas expresiones políticas, que por sacar dividendos circunstanciales nos dicen ‘los complacientes’, o ‘los tolerantes’, y nosotros no somos nada más que la oposición correcta. Cuya derrota no modifica sus procedimientos ni sus actos”, señaló.

Aludió, en ese contexto, a su relación con política con Juan Domingo Perón. “Estaba Perón en el gobierno y estas consignas empezaron a funcionar. Admito que no eran totales, que era el principio. Todo necesita un principio. Pero se hizo el diálogo de arriba para abajo y de abajo para arriba. Se entendieron en los niveles superiores las expresiones políticas argentinas. Lo comprendió el pueblo, este maravilloso pueblo que tenemos. Él se murió. Me toco a mí la oportunidad de despedirlo en nombre de distintas expresiones políticas argentinas ¿Qué dije entonces? Algunas palabras, es verdad, Pero dije una que tenía un profundo significado, salía del fondo de mi alma, de la verdad de mis sentimientos: ‘Este viejo adversario despide a un amigo’”, recordó.

El discurso de Ricardo Balbín
El discurso de Ricardo Balbín fue esperado por millones de argentinos como posible defensa de la democracia ante el avance golpista

“Cinco minutos antes de la muerte”

Luego de esa larga introducción, dio a entender sin decirlo con todas las letras que con la muerte de Juan Domingo Perón todo se había desmadrado y la búsqueda de la unión nacional se convirtió en un fracaso. “No anduvo más. Hubo aislamiento. Un no comprender. Un no entender aquel mensaje que dijo que ‘el heredero era el pueblo’. Aquí una minoría se declaró heredera. Pero una minoría que no entendía el país, sino a sus propios intereses. Estas son las grandes fallas de este acontecimiento nacional”, describió. Y agregó, para dejar en claro la posición del radicalismo: “No se puede pretender que una minoría realice la obra. Porque es la minoría. Pero allí estaban las grandes mayorías, las que habían nacido al impulso de su fundador, el que enfermo y viejo llegó al país después de hacer notables exámenes de su propia conciencia. ‘No vengo a dividir, vengo a unir a los argentinos’. ¿Quién lo interpretó? ¿Quién dice que tiene esta bandera? Si parece que en definitiva la hubiéramos conservado nosotros, los hombres de la Unión Cívica Radical, y otros hombres de distintos partidos políticos argentinos”.

Parado frente los micrófonos de Radio Nacional y de Canal 7, el hombre fuerte del radicalismo pasó entonces a señalar, uno por uno, a los sectores que a su juicio ponían por encima de la unidad nacional sus propios intereses. Se refirió a las centrales sindicales divididas que “están en desacuerdo”, a la anarquía en el funcionamiento del mundo empresario, a los atentados de las organizaciones guerrilleras que ponían “en peligro al país”. Y remató: “Cuando no hay conciencia de la unidad nacional se da esta tremenda descomposición”. Dedicó, además, un párrafo elogioso para las Fuerzas Armadas –las mismas que estaban ultimando los detalles del golpe– al decir: “Las que soportaron todo, las que enterraban sus muertos y hablaban de las instituciones del país. Estas Fuerzas Armadas que no vi nunca. Que están ahí defendiendo y sufriendo, ayer nomás, el atentado brutal, sumado a los otros atentados”. El atentado al que se refería con el “ayer nomás” se trataba de la explosión de una bomba del tipo “vietnamita” colocada por Montoneros frente al Edificio Libertador, sede del comando en jefe del Ejército.

Juan Domingo Perón y Ricardo
Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín. Cuando murió el tres veces presidente, el líder de la UCR dijo ante los restos: "Este viejo adversario despide a un amigo"

Como única salida de la situación planteó una ya imposible unidad nacional para rescatar a las instituciones republicanas. “Por eso desde aquí invoco al conjunto nacional. Para que en horas nomás, exhibamos a la República un programa, una decisión, un norte. Pero que se deponga la soberbia. Cuando se tratan de estas cosas, lo digo desde arriba para abajo, no hay que andar con látigos, hay que andar con sentidos morales de la vida. Este es mi llamado. No ha resuelto nada. No ha aliviado ninguna angustia. No ha dado remedio al que no lo tiene. Pero trae, por lo menos, esta voluntad, y esta decisión (…) Podemos reconstruir hoy o no. ¿Tendremos que rehacer todo después de la catástrofe? Puede ser que sí, pero al más incrédulo de estas concepciones, le afirmo: Si se esperan las ruinas, en las ruinas encontrarán una bandera. No se realizará el país sino sobre la base de la unión de los argentinos. Señoras y señores, pido disculpas. Vienen de lo hondo de mi pensamiento estas palabras que pueden no tener sentido, pero tienen profundidad y sinceridad. No soy muy amante de los poetas, pero he seguido un poeta de mi tierra: todos los incurables tienen cura cinco minutos antes de la muerte”.

Y concluyó: “Argentinos de todos los rincones, civiles de todos los lugares, militares de todo el país, brigadieres y marinos, ¿para qué llegar a los últimos cinco minutos? ¿Por qué no estamos conjugando la ilusión de aquel poeta? Se acerca el angustiado, el enfermo, el desprotegido, todos los incurables que tienen cura cinco minutos antes de la muerte. Desearía que los argentinos, hoy, no empezáramos a hacer la cuenta de los últimos cinco minutos”. Por alguna razón, no nombró al autor del poema, Almafuerte.

Cuando Ricardo Balbín terminó de dirigirse al pueblo argentino con un llamamiento en el que ni él mismo creía faltaban ocho días para el golpe de Estado, para la muerte de esa democracia a la que había comparado con un enfermo terminal. Un lapso que en tiempos históricos se podía calcular en mucho menos que esos “últimos cinco minutos”.

"No vengo a dividir, vengo
"No vengo a dividir, vengo a unir a los argentinos", dijo el dirigente de la UCR en cadena nacional. En la foto, junto a Isabel y el canciller Juan Vignes en Olivos

Balbín y Videla

Con el correr de los años, se supo que el hombre que por entonces lideraba al radicalismo había tenido contactos con los militares golpistas los meses anteriores al derrocamiento de María Estela Martínez de Perón. En 2006, el periodista y ex jefe de la Side menemista Juan Bautista Yofre publicó su libro Nadie fue. Allí, en la página 333 de la primera edición, relata un encuentro del comandante en jefe del Ejército y líder de los golpistas, Jorge Rafael Videla, y Ricardo Balbín en un almuerzo organizado por un amigo de los dos en febrero de 1976, 45 días antes del golpe. La fuente de Yofre fue el organizador de ese encuentro, cuya identidad preservó. Allí habrían mantenido este diálogo:

-General, yo estoy más allá del bien y del mal. Me siento muy mal, estoy afligido. Esta situación no da más. ¿Van a hacer el golpe? ¿Sí o no? ¿Cuándo? – preguntó Balbín.

-Doctor, si usted quiere que le dé una fecha, un plan de gobierno, siento decepcionarlo porque no sé. No está definido. Ahora, si esto se derrumba pondremos la mano para que la pera no se estrelle contra el piso – le contestó Videla.

Entonces, el líder radical le hizo un pedido y le dio un aviso:

-Si van a hacer lo que pienso que van a hacer, háganlo cuanto antes. Terminen con esta agonía. Ahora, general, no espere que salga a aplaudirlos. Por mi educación, mi militancia, no puedo aceptar un golpe de Estado.

Cuando se publicó el libro, el relato de ese encuentro pasó casi inadvertido. Solo generó polémicas y encendidas reacciones por parte de varios dirigentes radicales más de cuatro años después, en diciembre de 2010, cuando el propio Videla lo mencionó al hacer su último alegato en el juicio que se le seguía por delitos de lesa humanidad cometidos en la provincia de Córdoba. Allí, el dictador dijo que Balbín le había pedido que las fuerzas armadas dieran el golpe “cuanto antes” para evitar así “una larga agonía a la República”.

Ricardo Balbín ya no estaba en condiciones de confirmar o desmentir las afirmaciones del periodista y del dictador. Había muerto el 9 de septiembre de 1981 sin llegar a ver cómo la Argentina recuperaba la democracia.

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