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La cara triste y oculta de Benny Hill: el cómico que hizo reír a varias generaciones y no fue capaz de encontrar alegría en su vida

Nieto e hijo de payasos, Alfred Hawthorne Hill llegó al mundo el 21 de enero de 1924. Fue el creador y protagonista de uno de los ciclos cómicos más exitosos de la televisión mundial, donde hacía gala de un estilo desfachatado y un humor sexual provocador. En su vida privada, por el contrario, era un hombre tímido, casi incapaz de relacionarse con las mujeres. El golpe que le provocó la cancelación de su programa y su muerte solitaria descubierta cinco días después

Benny Hill portada
Conocido como "Benny Hill", Alfred Hawthorne Hill fue el cómico más exitoso de la televisión inglesa durante casi 35 años (ITV/Grosby)
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El de Benny Hill es un caso extraño en el siempre expuesto mundo del espectáculo. Hasta mucho después de su muerte, ocurrida en 1992, poco y nada se supo de la vida privada de quien fue el cómico más exitoso de la televisión inglesa durante casi 35 años, entre 1955 y 1989, cuyos programas enlatados, además, se llegaron a ver y en muchos casos se siguen viendo en más de cien países. Era también un artista que batía récords. En 1971 quebró el de audiencia, con una medición de 21 millones de espectadores prendidos a la pantalla para ver El Show de Benny Hill; en 1989, cuando le levantaron el programa debido a su humor sexista, siempre al borde del abuso, se convirtió también en el primer “cancelado” de la historia de la televisión británica.

Fue recién en 2019, cuando el periodista Craig Bennet publicó el libro True Confessions of a Shameless Gossip, basado en sus conversaciones con la actriz Sarah Kemp —una de las pocas amigas que tuvo el comediante—, que se supo que ese actor desvergonzado, de gags burdos, físicos y flagrantemente machistas, siempre rodeado de mujeres escasas de atuendo, era fuera de las cámaras un solterón triste, solitario y depresivo que, pese a su fortuna calculada en siete millones de libras, no gastaba un penique por temor a caer en la pobreza.

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Tan solitario era que, cuando murió en abril de 1992, pasaron cinco días hasta su agente Dennis Kirkland descubrió su cadáver rígido sentado frente al televisor encendido, en medio de un living desordenado cuya mesa estaba colmada de platos sucios de comida chatarra. Tenía 68 años y por entonces casi no salía a la calle. No solo eso: rara vez hablaba, siquiera por teléfono, con alguien.

Benny Hill
Benny Hill era un artista que batía récords: así como su show llegó a contar con 21 millones de espectadores, cuando le levantaron el programa debido a su humor sexista, en 1989, se convirtió también en el primer “cancelado” de la historia de la televisión británica (PA Images)

Sangre de payaso

Venía de una familia con una larga tradición artística. Nieto, sobrino e hijo de payasos, Alfred Hawthorne Hill —así se llamaba en los documentos— nació el 21 de enero de 1924 en Southampton, Inglaterra. Cuando terminó la secundaria, no quiso o no pudo seguir estudiando y empezó a ganarse la vida trabajando de lo que se le presentaba. Fue repartidor de leche, chofer e incluso llegó a tocar la batería. Según Sarah Kemp, casi no tenía amigos y le costaba relacionarse con las mujeres, dos cosas que serían constantes en su vida.

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En una de las escasas ocasiones en las que habló de su vida personal con la prensa, contó que entró al mundo del espectáculo gracias a su abuelo payaso, que lo impulsó a acercarse al teatro. Sus primeras incursiones fueron como animador en cenas privadas, pequeños teatros y clubes nocturnos. Allí descubrió que podía contar sus propios chistes y que eso daba resultado. Entonces intentó trasladar sus números a la radio, pero fracasó: sin su presencia física y sus gestos los chistes y gags no le causaban gracia a nadie.

Se dio cuenta de que necesitaba a la televisión, un medio que empezaba a popularizarse en los hogares ingleses después de la guerra. El humor, además, funcionaba como escape de la dura vida cotidiana en esos tiempos difíciles. Así comenzó enviando sus sketches escritos a máquina a la BBC, donde alguien se los hizo llegar a Ronald Waldman, el conductor de Hi There, uno de los programas de entretenimientos más populares de la época. A Waldman le gustó el humor y lo invitó a participar en su ciclo. Fue el primer impulso para que Benny Hill pegara el gran salto hacia un éxito que se prolongaría por décadas.

Benny Hill
Hijo, nieto y sobrino de payasos, Benny Hill dio sus primeros pasos en la comedia como animador en cenas privadas, teatros pequeños y clubes nocturnos (Trinity Mirror/Mirrorpix)

Una fórmula sencilla y eficaz

La comicidad de Benny Hill tenía una novedosa impronta personal que le permitió ir ganando espacio hasta conseguir su gran oportunidad. Llegó en 1955, cuando los directivos de la cadena le ofrecieron hacer un programa propio, The Benny Hill Show. La aprovechó con una fórmula sencilla, e incluso burda, que funcionó con éxito casi 35 años y no decayó por abandono del público sino por sus propias características, que dejaron de ser políticamente correctas para la pantalla chica británica.

El programa estaba coprotagonizado por Jackie Wright, Henry McGee, Jenny Lee Wright, Bob Todd o Sue Bond. Sus primeras emisiones se ganaron al público, sobre todo por las parodias que hacía de las personalidades más populares de la época, como el presentador de concursos y talentos Hughie Green, el periodista trotamundos Alan Whicker y los exploradores submarinos Hans y Lotte Hass.

Sus sketches con la sempiterna presencia de mujeres semidesnudas y remates desopilantes cautivaron a las clases media y baja inglesas. En eso tomo una decisión audaz: utilizar la cámara rápida, al estilo de las viejas películas del cine mudo. Dicen que a Charlie Chaplin le gustaron y que guardaba en su casa varias grabaciones del show. La fórmula de la repetición también funcionaba. Las pequeñas historias apelaban a persecuciones potenciadas por la cámara rápida, con caídas y accidentes, donde Benny Hill se mostraba como un gordito pícaro rodeado de mujeres a las que llevaba casi siempre al límite del acoso sexual.

El Show de Benny Hill no sólo fue un éxito en Gran Bretaña, sino que sus enlatados se vendieron a casi 140 países, desde Angola hasta China, Estados Unidos, España y la Argentina. Uno de sus mayores admiradores en los Estados Unidos fue Johnny Carson, que por entonces tenía el programa de entretenimientos más visto de la televisión norteamericana. Durante años persiguió a Hill para que participara en su show, pero el cómico inglés lo rechazó una y otra vez por su fobia a cruzar el Atlántico.

Benny Hill
En 1955 Benny Hill recibió la oportunidad de su vida: le ofrecieron hacer un programa propio, The Benny Hill Show. Sus primeras emisiones se ganaron al público, sobre todo por las parodias que hacía de las personalidades más populares de la época (THAMES TELEVISION)

Triste, solitario y avaro

Los únicos viajes que se permitía eran a su adorada Marsella, donde se alojaba en pensiones de bajo precio, comía en bodegones baratos y practicaba el francés con la gente, especialmente con la que no lo reconocía. Porque como contracara de su alta exposición televisiva Benny Hill hizo siempre un culto de la preservación de su vida privada. Quizás tuviera miedo de que supieran cómo se veía a sí mismo: un hombre con la autoestima personal por el piso, que se sentía rechazado por las mujeres y con enormes dificultades para hacer amigos o, simplemente, relacionarse con otros.

Una de las pocas cosas que se conocían de él era su soltería. Una vez le preguntaron por qué no se casaba, cuando siempre se lo veía rodeado de mujeres hermosas en la pantalla. “Es como trabajar en una fábrica de chocolates. Ves tantos chocolates que no te preocupás por mirarlos de cerca. Además, yo no quiero una chica glamorosa: quisiera una chica que trabaje en una fábrica, en una oficina o en un negocio. Ahí es donde se esconden las lindas con sentido común, y eso es lo que yo estoy buscando”, contestó.

Su amiga Sarah Kemp reveló que, a lo largo de su vida, Benny le propuso matrimonio a tres mujeres, pero no dio nombres. Sólo dijo que ninguna de ellas pertenecía al mundo del espectáculo y que una era la hija de un famoso escritor inglés. También contó que las tres lo rechazaron y que esos tres golpes fueron fatales para la autoestima del cómico. Otras versiones, nunca confirmadas por las nombradas en ellas, dicen que una de las mujeres que lo rechazó fue la bailarina Doris Deal, y que otra de sus pretendidas fue la actriz australiana Anette André, que no se tomó en serio la propuesta de Benny porque creyó que le estaba haciendo un chiste.

Desafortunado en el amor, lo que Benny conseguía a raudales era dinero, lo que le permitió acumular una fortuna millonaria en libras esterlinas. Sin embargo, nunca se compró una casa. Tenía la vieja vivienda familiar en Southampton, donde habitaba su madre, y que tenía goteras que nunca hizo arreglar porque le parecían muy caros los presupuestos que le pasaban los contratistas. En Londres vivía en un departamento de dos ambientes alquilado y jamás se compró un auto. No es que tomara taxis, prefería caminar —aún distancias largas— para no gastar dinero en transporte. Se alimentaba con comida chatarra, casi siempre el típico pescado frito con papas fritas de la clase baja inglesa. Su tacañería, según Sarah Kemp, se basaba en el pánico a caer en la pobreza. Entonces no gastaba, aunque era claro que no podría gastar todo su dinero aún viviendo más de cien años.

Benny Hill
Benny Hill con la actriz Vivienne Martin en "El Show de Benny Hill", mayo de 1960 (Pictorial Press Ltd)

El golpe de las cancelaciones

El Show de Benny Hill se emitió primero por la BBC y más tarde en la Thames Television, hasta que los directivos de esa cadena decidieron dejar de grabarlo en 1989. Hasta entonces, el programa había sufrido un solo caso de censura en todo el mundo, y fue en la Argentina en 1982, durante la Guerra de Malvinas. Aquí era un verdadero éxito televisivo, pero como se trataba de un producto inglés, la dictadura resolvió cancelarlo, en una más de sus tantas estúpidas decisiones de política cultural. La suspensión duró apenas unos días, hasta que un directivo de televisión —militar el hombre— descubrió que en un sketch el cómico ridiculizaba a la primera ministra británica Margaret Thatcher precisamente por la guerra. El programa volvió entonces al aire con ese episodio.

En cambio, fueron otras las razones por las que la televisión británica decidió dejar de grabar The Benny Hill Show en 1989: su contenido machista y sus sketches que mostraban como divertidas situaciones de acoso sexual ya no estaban a tono con los tiempos. A principios de 1989, el Consejo de Radiodifusión británico emitió un comunicado sobre el programa donde decía: “Ya no es tan divertido como antes ver cómo un viejo verde persigue a chicas semidesnudas. Es ofensivo para mucha gente. Las actitudes cambiaron”.

Tres meses después, la Thames Televisión decidió dejar de producir el show y Benny Hill se convirtió en el primer “cancelado” de la historia de la televisión británica. Sin embargo, sus viejos programas sobrevivieron a la medida y se siguieron repitiendo hasta 2007. Seguían dando dinero, mucho del cual iba a parar a los tacaños bolsillos del artista.

Pero si el dinero no era un problema, la estabilidad emocional sí lo fue. Como si la imposibilidad de seguir mostrando su cara de desfachatado frente a las cámaras lo hubiera dejado solo frente al espejo mirando su otro rostro, la suspensión del programa fue un golpe fatal para el actor. El delicado equilibrio entre las dos personalidades de Alfred Hawthorne Hill se rompió para siempre.

Deprimido, se encerró en su pequeño departamento londinense, de donde casi no salía. Miraba televisión, leía diarios y se llenaba más que nunca de comida chatarra que se hacía llevar. Engordó aún más. El 11 de febrero de 1992 sufrió un ataque al corazón. Lo salvaron por un pelo, pero los médicos le aseguraron que si no bajaba de peso y hacía un bypass coronario, no sobreviviría mucho tiempo. No les hizo caso en ninguna de las dos cosas.

El 25 de abril de ese mismo año, preocupado porque no atendía el teléfono desde hacía días, su agente Dennis Kirkland —una de las pocas personas con las que Benny Hill todavía hablaba de tanto en tanto— pidió una escalera al encargado del edificio y trepó hasta la ventana del departamento alquilado. La escena que vio lo golpeó como un cachetazo: el cómico estaba rígido, sentado frente al televisor encendido, rodeado de diarios abiertos y de platos sucios con comida chatarra. La autopsia reveló que había muerto de una trombosis coronaria cinco días antes. Su fortuna, que sumaba unos siete millones de libras, fue a parar a manos de unos sobrinos con los que no mantenía ninguna relación.

A diferencia de Charles Chaplin, Groucho Marx y muchos otros humoristas, Benny Hill no fue un hombre capaz de dejar frases ingeniosas fuera de las que escribía para los guiones de sus programas. En cambio, dejó una muy amarga sobre la profesión que lo llevó al éxito: “Eso es el mundo del espectáculo: una sincera insinceridad”.

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