
El 17 de enero de 1929, en las páginas de los diarios estadounidenses, apareció por primera vez un personaje que cambiaría para siempre la historia de los cómics y del entretenimiento: Popeye el marino.
No fue presentado como protagonista ni como héroe, sino como un personaje secundario dentro de una tira ya existente. Sin embargo, su irrupción fue tan contundente que en poco tiempo desplazó a todos los demás y se convirtió en una figura central de la cultura del siglo XX.
Popeye nació dentro de Thimble Theatre, una historieta creada una década antes por el dibujante Elzie Crisler Segar, que desde 1919 se publicaba en el New York Evening Journal. Para entonces, la tira estaba lejos de ser una de las más populares del diario. Su humor era irregular, su estructura errática y sus personajes —Olivia Oyl, su hermano Castor Oyl y Ham Gravy— tenían una presencia discreta en el competitivo mercado de las tiras cómicas que se publicaban en los diarios.

Elzie Segar había nacido el 8 de diciembre de 1894 en Chester, Illinois, Estados Unidos, una pequeña ciudad industrial a orillas del río Misisipi. Antes de convertirse en historietista, trabajó en oficios diversos: fue pintor de casas, rotulista comercial y proyeccionista de cine. Dibujaba desde joven, pero durante años sus caricaturas fueron rechazadas por distintos diarios.
Recién después de inscribirse en un curso por correspondencia de Dibujo humorístico logró mejorar su técnica y su narrativa. A comienzos de la década de 1910 se trasladó a Chicago, donde recibió el apoyo del influyente dibujante Richard F. Outcault, creador de The Yellow Kid. Gracias a esa recomendación, Segar consiguió trabajo en el diario Herald, donde dibujó una tira basada en el personaje de Charles Chaplin.
Cuando ese diario cerró, en 1917, Segar se mudó a Nueva York. Allí logró convencer al King Features Syndicate de publicar Thimble Theatre, una tira que combinaba humor absurdo, aventuras improvisadas y personajes de rasgos exagerados. Durante casi diez años, la historieta sobrevivió sin demasiado brillo, hasta la llegada de Popeye.

Popeye debutó el 17 de enero de 1929, hace 76 años, como un marinero contratado para tripular un barco en una de las tantas aventuras marítimas de la tira. Desde su primera aparición quedó claro que no se trataba de un personaje convencional: hablaba con un lenguaje deformado, tenía un solo ojo entrecerrado, una pipa siempre encendida y unos antebrazos desproporcionados. Sus primeras palabras fueron en respuesta a su interlocutor (Castor, hermano de Olivia) quien le preguntó si era marinero. A lo que Popeye respondió: ”Ja think. I’m a cowboy?”. Cuya traducción podría asemejarse a “Qué te parece, ¿soy un cowboy?”. Castor le contesta: “Ok. You are hired”, es decir: “Estás contratado”.
Su personalidad contrastaba con la de los demás personajes. Popeye era rudo, violento, irónico y directo. No apelaba a la astucia ni a la elegancia: resolvía los conflictos a golpes. Su forma de hablar, plagada de errores gramaticales intencionales, reforzaba su carácter marginal y popular.
En pocas semanas, la reacción de los lectores fue inmediata. Las cartas al diario comenzaron a pedir más apariciones del marinero. Segar advirtió el fenómeno y empezó a darle un rol cada vez más relevante. Para mediados de 1929, Popeye ya dominaba la tira. Así fue que el 27 de agosto Olivia besó sin querer la mejilla del marinero y con ese acto casi inocente comenzó la tumultuosa historia de amor entre ellos. En los años siguientes, Thimble Theatre pasó a ser identificada directamente con él.

La consolidación de Popeye vino acompañada de la construcción de un universo narrativo propio. Olivia, originalmente la protagonista, quedó definitivamente asociada al marinero como interés romántico. Alta, desgarbada, torpe y de carácter fuerte, se convirtió en una de las figuras femeninas más reconocibles de la historieta.
También se afianzó la figura de Bluto (o Brutus), el rival corpulento y barbudo que competía con Popeye por la atención de Olivia. A diferencia del marinero, Bluto representaba la fuerza bruta sin códigos, lo que reforzaba el contraste moral entre ambos.
Otros personajes formaron parte del elenco: J. Wellington Wimpy, un vividor educado y manipulador, obsesionado con las hamburguesas; Swee’pea, el bebé adoptado por Popeye, a quien llamaba su “infink” y Poopdeck Pappy, el padre anárquico y errante del marinero.

La historieta combinaba humor físico, violencia caricaturesca, sátira social y aventuras fantásticas. Segar introducía elementos absurdos, criaturas imposibles y escenarios exóticos, en una narrativa que se alejaba del realismo y apostaba a la exageración.
En sus primeras apariciones, Popeye no obtenía su fuerza de la espinaca. Ese rasgo, inseparable del personaje, se incorporó recién en 1931. Antes de eso, el marinero obtenía fuerza de distintos recursos narrativos, incluida una gallina mágica. Popeye le frotaba la cabeza y de esa manera conseguía el poder que lo hacía prácticamente invencible.
La espinaca fue un recurso simple y efectivo. A partir de entonces, Popeye resolvía las situaciones críticas tras ingerir una lata del vegetal, lo que le otorgaba una fuerza descomunal. El recurso se volvió tan popular que trascendió la historieta: durante la década de 1930, el consumo de espinaca en Estados Unidos creció de manera relevante, y el personaje fue utilizado informalmente como promotor de hábitos saludables.

El vínculo fue tan fuerte que en Crystal City, Texas, una localidad productora de espinaca, se erigió una estatua de Popeye apenas seis años después de su aparición. Crystal City se autoproclamó “Capital Mundial de la Espinaca” y rindió homenaje al marino con el monumento a todo color el 26 de marzo de 1937. Se encuentra frente a un edificio municipal, detrás de la comisaría, originalmente un lugar importante de la ciudad.
Su nombre originalmente fue Pop-Eye, que significa “ojo saltón”, pero luego se transformó en Popeye, quien según las latitudes de su éxito se llamó de diferentes maneras. El personaje es conocido como Brazo de Hierro en Italia, Karl Alfred, en Suecia y Skipper Skraek o “Terror del Mar”, en Dinamarca.
El salto definitivo de Popeye a la cultura de masas se produjo en 1933, cuando los hermanos Max y Dave Fleischer comenzaron a producir cortometrajes animados protagonizados por el marinero. Esas animaciones consolidaron su imagen: la voz áspera, el murmullo constante, la pipa, los golpes desmedidos y la música característica.

Durante años, Popeye fue uno de los personajes animados más populares del cine estadounidense, a la par de Mickey Mouse y Betty Boop. Su éxito se extendió luego a la televisión, especialmente en las décadas de 1960 y 1970, cuando los cortos clásicos fueron retransmitidos de manera masiva.
También se publicaron cómics independientes, se lanzaron juguetes, prendas, afiches y todo tipo de productos con su imagen. Popeye se convirtió en una marca global.
Elzie Segar no llegó a ver el impacto total de su creación. Murió el 13 de octubre de 1938, a los 43 años, en Santa Mónica, California, a causa de una enfermedad hepática. Para entonces, Popeye comenzaba a ser un fenómeno internacional.

Tras su muerte, otros dibujantes continuaron la historieta, que mantuvo su popularidad durante décadas. En 1980, el personaje llegó al cine en una película de acción real protagonizada por Robin Williams, que reintrodujo al marinero a una nueva generación.
El 17 de enero de 1929 quedó registrado como la fecha de nacimiento de uno de los personajes más influyentes del siglo XX. Pasó de una tira secundaria a convertirse en un símbolo cultural. Popeye emergió de una historieta que parecía condenada al olvido y terminó imponiéndose por la fuerza de su identidad, su lenguaje y su singularidad.
Noventa y siete años después de su debut, el marinero de antebrazos imposibles sigue siendo una figura reconocible en todo el mundo, surgida de una página de diario y convertida en ícono global.
Últimas Noticias
La inesperada historia detrás de “Smells Like Teen Spirit”, el himno que llevó a Nirvana a la cima del rock
Lo que comenzó como un comentario al azar en una charla de amigos se transformó en el sello icónico de una canción cuya letra irónica y ritmo pegadizo elevó a la banda al estrellato y revolucionó el grunge

Cómo el telégrafo convirtió a las mujeres en las primeras profesionales de la comunicación
En el siglo XIX, jóvenes mujeres dejaron sus hogares para operar los cables que unían continentes, ganando independencia y protagonismo en un mundo hasta entonces dominado por hombres

Salieron de un bar y nunca más los vieron: el caso que aún desconcierta al FBI
Veinte años después, Filadelfia continúa sin respuestas; investigadores federales buscan pistas sobre la pareja perdida mientras las familias todavía mantienen la esperanza

La mató y simuló que estaba viva: el terrible crimen de Sarah Henshaw que conmocionó al Reino Unido
La joven de 31 años fue asesinada en Inglaterra y su expareja intentó ocultar el crimen. La investigación reveló una trama de mentiras, pruebas claves y un juicio que terminó en cadena perpetua

La “antorcha humana” de Praga: un estudiante prendido fuego, una tumba profanada por la policía y el principio del fin de la URSS
Jan Palach tenía apenas 21 años cuando decidió prenderse fuego a lo bonzo en la capital de la entonces Checoslovaquia. El comunismo lo había desilusionado y reprimido


