El día que Johnny Cash cumplió su sueño de cantar en una cárcel: de grabar un disco en vivo a reclamar por los derechos de los presos

Con la voz castigada por los excesos y una carrera en crisis, el cantante de country ingresó a la prisión estatal de Folsom el 13 de enero de 1968 al borde del abismo y salió con el legendario “At Folsom Prison” bajo el brazo

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Johnny Cash se presenta ante
Johnny Cash se presenta ante los reclusos de la prisión de Folsom, en un recital histórico que marcó un antes y un después en su carrera y en la música country

Johnny Cash avanzó por el pasillo gris de la prisión estatal de Folsom mientras los guardias abrían puertas metálicas que retumbaban como campanas oxidadas. El sonido no lo intimidaba: lo estimulaba. Era la mañana del 13 de enero de 1968 cuando, al subir al escenario improvisado frente a los reclusos, Cash no llegaba como un héroe ni un iluminado sino como un hombre marcado por años de excesos, abusos, noches sin dormir y una larga batalla con las anfetaminas. Frente a él, cientos de internos lo observaban con una mezcla de desconfianza y hambre emocional que solo puede nacer en quienes casi no reciben nada. Cash respiró hondo y dijo: “Hola, Soy Johnny Cash”. Lo ovacionaron.

Ese saludo, habitual en sus presentaciones, adquirió en Folsom una intensidad inesperada porque él vivía en su propia oscuridad, aunque no estaba allí para redimirse ni para hacer una declaración política. Había llegado porque durante años deseó cantar en una prisión, impulsado por una empatía genuina hacia los marginados y por las cartas que recibía de reclusos de todo el país. El mito había comenzado en 1955, cuando grabó Folsom Prison Blues sin haber pisado una cárcel en su vida. La canción se convirtió en un himno para los reclusos, que le pedían llevar su música tras los muros. En su propia prisión (abuso de pastillas, episodios de violencia doméstica, arrestos menores, agotamiento físico y mental), Cash empezó a comprender ese encierro que no necesita rejas.

Aquella mañana, Johnny Cash atravesaba una etapa de transición en su salud y en su mente, con su carrera golpeada por los excesos recientes y buscando un nuevo rumbo. Ofreció dos conciertos en Folsom —el primero alrededor de las 9:40 y el segundo cerca del mediodía— y, lejos de ser un gesto desesperado, la actuación encendió una llama en él, en quienes lo acompañaban y en la propia industria musical. Ese día no solo nació un álbum histórico, sino también otra versión de Johnny Cash. Se había convertido en un hombre que regresaba para reclamar su lugar, cargado de heridas y de verdades, y en un defensor de los derechos de las personas privadas de libertad.

Johnny Cash, de pie junto
Johnny Cash, de pie junto a guardias penitenciarios, espera del momento para subir al escenario en la prisión de Folsom, minutos antes de su inolvidable actuación ante los internos

El camino hacia Folsom

Johnny Cash nació en 1932 en Kingsland, Arkansas, en el seno de una familia de agricultores golpeados por la Gran Depresión. Creció en Dyess, una colonia agrícola creada por el gobierno para alojar a familias pobres, donde el trabajo en el campo forjó su carácter y su voz profunda. La muerte de su hermano Jack, en un accidente ocurrido durante la infancia, lo marcó para siempre y alimentó desde temprano una sensibilidad aguda hacia la adversidad y el sufrimiento.

Su carrera musical comenzó en la década de 1950, cuando grabó sus primeras canciones para la discográfica Sun Records, en Memphis, compartiendo estudio con figuras como Elvis Presley y Jerry Lee Lewis. El éxito llegó pronto con temas como I walk the line, Ring of fire y Folsom Prison Blues. Sin embargo, a mediados de los años sesenta, Cash estaba lejos del ícono inquebrantable que se suele evocar.

Aunque su nombre seguía siendo reconocido, su vida personal y profesional entraba en una lenta agonía a causa del consumo de grandes cantidades de anfetaminas y barbitúricos, pastillas para resistir el desgaste de las giras y otras para conciliar el sueño. Ese cóctel lo arrastraba a episodios de paranoia, lagunas mentales, dificultades para hablar con claridad, conductas erráticas y un deterioro físico cada vez más visible.

Johnny Cash brindó dos shows
Johnny Cash brindó dos shows en el comedor principal del penal, bajo techo y con internos seleccionados como audiencia. El primero comenzó alrededor de las 9:40 de la mañana y el segundo se realizó cerca del mediodía

No era todo. Su imagen pública estaba envuelta en escándalos y los problemas legales. Fue arrestado por posesión de drogas: el arresto más comentado fue en Texas, donde las autoridades encontraron más de mil pastillas entre sus pertenencias. Además, protagonizó episodios de alteración del orden público, que terminaron por consolidar la percepción de un artista fuera de control.

El matrimonio con Vivian Liberto se resquebrajó en medio de infidelidades, discusiones y ausencias prolongadas. Hacia finales de 1967, muchos críticos lo consideraban una figura desgastada, sostenida apenas por su vínculo con la cantante y compositra country, June Carter, quien resultaría decisiva en su recuperación. Aun así, en medio del caos, Cash conservaba una obsesión persistente: cantar en una prisión. Ya había ofrecido conciertos en cárceles como San Quentin, pero sentía una conexión particular con los reclusos, hombres que, como él, conocían el fracaso y el peso del estigma. Su mirada no era moralista ni condescendiente; era visceral, directa y empática.

Su idea de grabar allí dentro no era bien vista. Columbia Records, su sello discográfico, rechazó en varias ocasiones la idea de grabar un álbum en vivo en una cárcel, pero él insistió hasta que el productor Bob Johnston, inclinado a desafiar las convenciones, decidió respaldar el proyecto. Así, la prisión estatal de Folsom, una de las más duras y emblemáticas de California, se convirtió en el escenario elegido.

Johnny Cash estrecha la mano
Johnny Cash estrecha la mano de Glen Sherley, el recluso que escribió “Greystone Chapel”. Cash aprendió la canción la noche anterior y la cantó, invitándolo al escenario

Tensión, control y un público impactante

Johnny Cash llegó a la prisión estatal de Folsom acompañado por su banda, la Tennessee Three, el guitarrista Carl Perkins y la cantante June Carter. Desde las primeras horas del día, la tensión era palpable: los guardias ejercían un fuerte control, mientras los presos (seleccionados por buena conducta) se acomodaban en el comedor austero que hizo de platea, bajo vigilancia armada. No había lujos, solo bancos de madera, ecos metálicos y la expectativa de presenciar algo ajeno a la rutina cotidiana.

Cash, nervioso y visiblemente desgastado, encontró en ese contexto una energía particular. Su voz, castigada por años de excesos, distaba de estar en su mejor momento, pero la autenticidad en él valía más que cualquier carencia técnica. Al subir al escenario y dar su saludo legendario, el público respondió con un aplauso enérgico y sincero. Quizás, nadie esperaba que el eterno hombre de vestir negro les mostrara simpatía y no temor desde el inicio. Sabiendo lo que hacía, Cash abrió con “Folsom Prison Blues” y la reacción fue inmediata: los internos lo celebraron, rieron y gritaron emocionados. Esas voces quedaron registradas en la grabación. Cash les cantó de igual a igual, sacó su humor negro y una honestidad poco habitual sobre un escenario. Hizo que todos se olvidaran por un instante donde estaban.

A lo largo de su carrera, Johnny ofreció al menos treinta shows en prisiones, una tradición que inició en 1957 y que alcanzó su punto culminante con las grabaciones de At Folsom Prison (1968) y At San Quentin (1969). Aunque nunca cumplió una condena prolongada, sentía una profunda empatía por los reclusos y concebía su música como una forma de denuncia y redención social. Con el tiempo, se convirtió en un defensor activo de la reforma penitenciaria en Estados Unidos. Estas actuaciones no solo revitalizaron su carrera, sino que consolidaron su imagen de “fuera de la ley” con causa, ofreciendo esperanza a los olvidados del sistema y dejando una marca indeleble en la historia cultural estadounidense.

El concierto en Folsom incluyó temas como Cocaine Blues, 25 Minutes to Go y Greystone Chapel, escrita por Glen Sherley, un recluso de la prisión a quien Cash invitó a subir al escenario. Para la industria musical, aquella apuesta resultaba riesgosa; para los hombres, fue una experiencia liberadora; para Cash, la confirmación de que su arte aún tenía sentido y de que, incluso en los márgenes más duros, la música podía abrir una grieta de humanidad.

Cash canta Folsom Prison Blues, en la prisión Folsom, CA, 13 de enero de 1968

El álbum que cambió la historia de Johnny Cash

El show en Folsom no fue solo un hito artístico sino un punto de inflexión decisivo en la carrera de Cash y en la historia de la música country. Aunque Folsom Prison Blues lo había consagrado una década antes, fue su regreso a la cárcel —esta vez en persona, frente a los propios internos— lo que inauguró una nueva etapa. La grabación de aquel recital, realizado aquel 13 de enero de 1968, derivó en el álbum At Folsom Prison, publicado en mayo de ese mismo año. El impacto fue inmediato: el disco vendió más de seis millones de copias, alcanzó el primer puesto del ranking country y se ubicó entre los quince primeros del Billboard 200.

Ese éxito revitalizó por completo la carrera de Cash. La crudeza del espectáculo, la interacción genuina con los reclusos, las bromas espontáneas, los aplausos, las risas e incluso las tensiones latentes quedaron impresas en una grabación que capturó la autenticidad del momento. Y a todo eso, la crítica lo celebró como un documento excepcional de la música popular estadounidense. La revista Rolling Stone lo incluyó entre los quinientos mejores álbumes de todos los tiempos, y la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos lo incorporó a su Registro Nacional de Grabaciones por su relevancia cultural e histórica.

Para Cash, las consecuencias fueron inmediatas. Renovó su contrato con Columbia, fue contratado para encabezar su propio programa en la televisión estadounidense, The Johnny Cash Show, en ABC, entre 1969 y 1971; y se consolidó como una figura transversal de la cultura popular, con apariciones en series emblemáticas como Columbo, La familia Ingalls y, años más tarde, pone voz a un “coyote espacial” en Los Simpsons.

Johnny Cash en la prisión
Johnny Cash en la prisión Folsom

En 1969, Cash repitió la experiencia de Folsom con un nuevo álbum grabado en vivo en la prisión de San Quentin, que incluyó el clásico A boy named Sue y obtuvo un éxito similar. En 1972, fue por más y trasladó el formato de sus shows a la prisión de Österåker, cerca de Estocolmo, Suecia. El recital se realizó el 3 de octubre de ese año y fue registrado para el álbum På Österåker (“En Österåker”, en sueco), publicado en 1973. En esa ocasión, Cash interpretó tanto clásicos de su repertorio como canciones inéditas y adaptó parte del espectáculo para conectar con el público sueco, incluyendo temas traducidos y mensajes especialmente dirigidos a los internos.

El impacto del álbum At Folsom Prison trascendió ampliamente las cifras y los reconocimientos. Johnny Cash amplió las fronteras del género country, lo conectó con nuevas generaciones y lo abrió a problemáticas sociales hasta entonces marginadas.

Su figura, antes asociada a la autodestrucción, se transformó en un símbolo de rebeldía, honestidad y compasión; y se lo consideró un artista capaz de tender un puente entre mundos aparentemente irreconciliables, el de los libres y el de quienes permanecen olvidados tras las rejas.

Para Cash, Folsom significó también un renacimiento personal y artístico. Dejó atrás sus excesos más destructivos, consolidó su vínculo con June Carter y recuperó el control de su carrera, al tiempo que asumió un compromiso activo con la defensa de la dignidad humana. Sin idealizar la prisión, se convirtió en un firme defensor de la rehabilitación y la reforma penitenciaria, utilizando su música como herramienta de denuncia y empatía.

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