
En el verano de 1850, con apenas 19 años, Emily Dickinson conoció a Susan Gilbert en Amherst, Massachusetts. Aquel encuentro, ocurrido poco antes de que ambas cumplieran 20, fue recordado por la poeta como el origen de un amor nacido bajo los árboles de hoja perenne, frente a la puerta de su casa. Ese vínculo, que se prolongó durante décadas, dejó una marca profunda y persistente en su obra poética.
Susan Gilbert, huérfana y matemática en formación, se instaló en Amherst tras graduarse en la Academia Femenina de Utica. Llegó para acompañar a su hermana, quien acababa de perder la vida tras dar a luz. Su presencia atrajo tanto a Emily como a su hermano, Austin Dickinson; ambos se sintieron cautivados por su erudición y personalidad.
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Una relación íntima y creativa
Según archivos de la Universidad de Harvard, las jóvenes compartieron paseos por el bosque, intercambiaron libros y poemas, y comenzaron una intensa correspondencia. Dickinson consideró a Susan su musa, mentora y editora. La poeta escribió: “Somos las únicas poetas, y todos los demás son prosa”.
En 1851, Susan aceptó un puesto de profesora de matemáticas en Baltimore, lo que separó a las amigas durante diez meses.

Según testimonios publicados por Amherst College, Emily Dickinson atravesó una profunda tristeza marcada por la distancia. Canalizó esas emociones en cartas cargadas de pasión e introspección; en una de ellas le escribió a Susan: “Cuando vuelvas a casa, querida, no tendré tus cartas, pero te tendré a ti, que es más”. Aun así, mantuvo viva la esperanza de un reencuentro cercano.
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Durante la ausencia de Susan, la poeta recurrió a la correspondencia para mantener el vínculo. Manifestó en repetidas ocasiones la necesidad de la presencia de su amiga y la intensidad de su deseo. Las cartas muestran la electricidad emocional que caracterizó la relación.
El regreso de Susan y el cambio en la dinámica
Según indicó The Marginalian, en 1852, Susan regresó de Baltimore. De acuerdo a especialistas, la relación atravesó una transformación. Las cartas de Dickinson aumentaron en intensidad, pero la respuesta de Susan se volvió más distante. La poeta percibió un cambio en los sentimientos de su amiga y temió que la simetría emocional se hubiera roto.
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De acuerdo a estudios publicados en la Biblioteca Houghton, Dickinson expresó dudas sobre la reciprocidad de sus sentimientos. Preguntó a Susan si su corazón tendría lugar para ella o si debía retirarse.
La correspondencia revela la vulnerabilidad de Dickinson y su temor al rechazo. Cinco meses antes del regreso de Susan, la poeta escribió: “Me acurrucaría cerca de tu cálido corazón… ¿Hay lugar allí para mí, o debería alejarme sin hogar y sola?”.
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Ese mismo año, Susan contrajo matrimonio con Austin Dickinson, lo que le permitió permanecer cerca de Emily, ya que ambas vivían en casas vecinas en Amherst. A pesar del nuevo vínculo formal, sostuvieron su relación a través de cartas y encuentros casi diarios.
La influencia de Susan en la obra de Emily Dickinson
La correspondencia entre ambas mujeres alcanzó una cifra estimada de 276 poemas enviados por Dickinson a Susan. Según expertos en literatura estadounidense, la poeta dedicó a Susan sus textos más apasionados y sus versos más innovadores. La relación se mantuvo en secreto para el entorno social de la época, pero dejó rastros claros en la producción literaria.
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Dickinson recurrió a estrategias para ocultar la naturaleza de sus sentimientos: modificó pronombres y referencias de género en sus poemas, adaptándolos a las normas sociales del siglo XIX. Algunos textos aparecen en dos versiones: una dirigida a una mujer amada, otra a un hombre. La poeta también firmó cartas con nombres masculinos y utilizó el masculino para referirse a sí misma en ciertos escritos.

La influencia de Susan Gilbert no solo impulsó la creatividad de Dickinson, sino que también modeló su visión sobre el amor y la identidad. La poeta desafió los límites impuestos por las convenciones y reflejó en sus cartas una búsqueda de autenticidad emocional.
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El impacto en la historia de la literatura
El vínculo entre Emily Dickinson y Susan Gilbert trascendió su época y desafió las normas sociales y culturales del siglo XIX. La correspondencia entre ambas constituyó una fuente constante de inspiración y creatividad para la poeta. Los especialistas coinciden en que muchas de las obras más emblemáticas de Dickinson surgieron en el contexto de esta relación.
La historia de ambas mujeres destaca la importancia de los lazos afectivos en la construcción de la identidad y el legado artístico. Las cartas de amor eléctricas que Dickinson dirigió a Susan Gilbert siguen revelando aspectos inéditos de la vida y obra de la autora.
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El estudio de este vínculo permite comprender mejor la relevancia de Dickinson en la literatura universal y el papel fundamental de Susan en su desarrollo personal y profesional.
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