La encrucijada judicial detrás de la muerte de Iara Nardelli: de la desaparición del expediente a la reapertura de la causa

Tras dos años de silencio, la investigación del caso de la joven desaparecida, volvió a activarse. La familia y su nuevo abogado exigen investigar más allá de la versión oficial del suicidio. Los interrogantes se plantean sobre la supuesta escena del crimen, nuevas pericias a realizar y la duda de por qué se fue sin autorización de Aldeas Infantiles, el lugar donde estaba alojada con tratamiento médico por su estado emocional. Su madre cree que pudo haber sido secuestrada por una red de trata de personas

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"La muerte no fue autoinflingida,
"La muerte no fue autoinflingida, creo que hay una participación de terceros, y que los restos hayan aparecido en un descampado, es típico de alguien o algunos que lo descartaron allí porque no hay cámaras", considera Juan Pasquini, abogado de la familia

La última vez que alguien vio a Iara Maia Nardelli, la adolescente de 16 años que había sido institucionalizada en Aldeas Infantiles –organización internacional que trabaja por el desarrollo integral de niños, niñas, adolescentes y jóvenes- por un cuadro de vulnerabilidad emocional, ella caminaba sola por una calle de Mar del Plata. Días después, parte de su cuerpo apareció en un descampado, entre pastizales y tierra húmeda, como si la escena hubiera sido desarmada a propósito. Restos óseos dispersos, una campera, los anteojos, un cuaderno con anotaciones íntimas. Y una causa judicial que primero habló de suicidio, después de animales carroñeros, luego del “misterio imposible de reconstruir”, y finalmente terminó archivada.

Hoy, más de dos años después, el expediente vuelve a abrirse. No es solo una decisión judicial: es el regreso de las preguntas que nunca tuvieron respuesta. ¿Iara se fue sola? ¿Alguien la acompañó? ¿Qué pasó con su celular, que reapareció con otros chips? ¿Por qué hubo cabellos que no coincidían con su ADN? Y, sobre todo, ¿quién decidió que no había nada más para investigar? La historia de Iara no es solo una cronología de idas y vueltas judiciales: es el retrato de una muerte que nunca terminó de explicarse, y de una verdad que todavía se resiste a aparecer.

El hallazgo de restos óseos
El hallazgo de restos óseos y objetos personales de Iara en un descampado mantiene abierta la interrogante sobre la causa de su muerte

La desaparición que no cerró nunca

Iara había sido trasladada a Aldeas Infantiles por decisión judicial, en el marco de un proceso de protección por su estado emocional: atravesaba un cuadro depresivo, bajo seguimiento profesional y medicación psiquiátrica. El objetivo, según los informes oficiales, era garantizar supervisión, contención y tratamiento.

El 30 de junio de 2023 se fue del hogar sin autorización. No volvió. No respondió llamados. La denuncia por averiguación de paradero se activó horas después. Para su familia, desde el primer día hubo señales que la investigación no terminó de tomar en cuenta: amistades nuevas, contactos fuera del hogar y el rastro de un supuesto joven con quien habría mantenido una relación afectiva incipiente. Ese chico fue ubicado, declaró y terminó desvinculado, pero su aparición reforzó una sospecha: Iara no estaba aislada ni incomunicada.

Desde entonces, su madre, Mariela Quintanilla, está desesperada y exige que le den respuestas, tanto desde la institución donde estaba alojada como de parte de la justicia: “Iara había tenido un intento de suicidio y el juzgado de familia decidió que lo mejor era que estuviese contenida en Aldeas Infantiles para que tuviera una recuperación favorable. Pero el 30 de junio de 2023 desaparece. Esa mañana nos estuvimos mensajeando por WhatsApp como un día normal. Pero a las 16:37 horas me manda un audio llorando, diciéndome que me amaba mucho, que me quería mucho, que le gustaría estar conmigo y se apaga el teléfono. A partir de ahí yo intento comunicarme con la directora de Aldeas Infantiles, pero no puedo. Entonces hablo con una persona que había estado institucionalizado en ese sitio y ya se había retirado por ser mayor de edad, y me dice que me iba a averiguar qué pasaba. Luego me confirma que estaba desaparecida. Yo seguí mandándole a Iara varios mensajes, algunos los alcanzó a leer, pero después se apaga su celular. Cuando consigo hablar con la directora del lugar, ella me informa que estaba desaparecida. Yo mientras tanto pensé que podía haber tenido una crisis y ellos la estaban conteniendo. No que no estaba en la institución. Le pregunté si habían hecho la denuncia. Me respondieron que fueron a la comisaría, pero que no le quisieron tomar porque como era fin de semana dijeron que ‘el lunes iba a volver, porque como es adolescente, tienen esos comportamientos’. Entonces hice la denuncia porque empecé a investigar y se rumoreaba que mi hija podía estar en un domicilio en Miramar, donde nosotras residimos, en el que venden droga y donde han traficado chicas. Fui a juzgado de familia y quedó oficializada la búsqueda de paradero”.

"Para mí hicieron pasar como
"Para mí hicieron pasar como que Iara apareció muerta. ¿Y si en verdad la secuestró una banda que se dedica a la trata de personas?", dice Mariela, su madre

El hallazgo y las primeras hipótesis

El 10 de julio, un trabajador encontró un cráneo en un descampado del oeste marplatense delimitado por las calles Ituzaingó, Fermín Errea, Madariaga y Brandsen. En los rastrillajes posteriores aparecieron otros restos óseos, prendas, los lentes de Iara y su cuaderno. Las pericias de ADN confirmaron su identidad, pero no pudieron determinar la causa de muerte.

En la primera línea de investigación se habló de una hipótesis de suicidio, sumada a la intervención posterior de animales que habrían dispersado el cuerpo. No hubo signos concluyentes de ataque de terceros ni lesiones compatibles con homicidio, pero tampoco pruebas firmes que sostuvieran la versión contraria. En ese terreno de ambigüedad, el expediente empezó a inclinarse hacia el cierre.

Mariela especifica al respecto: “La hipótesis de suicidio se genera porque en la escena aparecieron blisters con tres tipos diferentes de medicación psiquiátrica y una carta que interpretaron como de despedida que en realidad no es eso. Alguien arrancó una hoja de un cuadernillo que mi hija siempre llevaba con ella donde escribió algo un poco melancólica y triste, pero no hablaba específicamente de que se quería quitar la vida. También había botellas de vodka, máquinas de afeitar... Con eso la justicia concluyó que se suicidó. Y también que la atacaron los perros porque unos días antes pasó algo parecido con animales abandonados que andaban en jauría. Para mí esa escena del crimen estaba preparada. Sospecho porque nunca me dejaron reconocer el cráneo y los restos óseos que encontraron. Entonces como madre me permito pensar que pueden ser de cualquier otra gente, después le sumaron su ropa y objetos personales. Para mí hicieron pasar como que Iara apareció muerta. ¿Y si en verdad la secuestró una banda que se dedica a la trata de personas? ¿Y si es así y ella está siendo explotada por delincuentes inescrupulosos? No va a ser la primera vez que sucede algo así, ¿o me equivoco?”.

Con el paso de los meses, sin imputados, sin testigos determinantes y con pericias que no aportaban una conclusión definitiva, la fiscalía resolvió archivar la causa bajo el argumento de que no quedaban medidas útiles por producir. En los fundamentos, se habló de insuficiencia probatoria, imposibilidad técnica de reconstruir el mecanismo de muerte y ausencia de indicios firmes de criminalidad.

La familia cuestionó esa decisión: señalaba que no se habían peritado algunas prendas, que existían cabellos ajenos encontrados en la escena, que el teléfono de Iara había sido activado luego con chips distintos y que varias líneas de investigación habían quedado a mitad de camino. Pero el archivo avanzó. El caso quedó quieto. Y el silencio, otra vez, pesó más que las dudas.

La hipótesis de suicidio fue
La hipótesis de suicidio fue una de las primeras líneas de investigación, aunque la familia cuestiona la falta de evidencias concluyentes

El retorno del expediente: qué cambió ahora

El doctor Juan Pasquini es el actual abogado de Mariela Quintanilla, mamá de Iara, y esto le dijo a Infobae acerca del expediente judicial: “Si bien la causa es muy compleja, yo lo que veo es una deficiente investigación forense. Se hallaron restos de un cuerpo, cráneo con restos de cocaína que le podrían haber suministrado, mandíbula con piezas dentarias, algunos mechones de pelo, dos fragmentos de tibia y objetos personales en un descampado. Y no se tomaron recaudos en lo que respecta a la custodia. Por eso pedí el desarchivo y solicité doce medidas probatorias, la mayoría referidas a técnicas forenses de pruebas de genética para saber primero la causal de deceso y si la muerte de Iara fue autoinfligida o si intervino un tercero. También una pericia en las manchas hemáticas del buzo y el corpiño de Iara para obtener perfil genético, fundamental para confirmar que la sangre es efectivamente de la víctima y explorar la posibilidad de que pertenezca alguna de las muestras a un tercero. Hay una tarjeta SUBE que le pertenecía y no se rastreó su trazabilidad. Tampoco se aplicó el protocolo para la investigación obligatorio cuando ocurren muertes violentas de mujeres o femicidios. Para mí la muerte no fue autoinflingida, creo que hay una participación de terceros. Y que los restos hayan aparecido en un descampado, es típico de alguien o algunos que lo descartaron allí porque no hay cámaras. Confiamos en la resolución del caso porque la fiscal Salas está haciendo un buen trabajo”.

La presentación del doctor Pasquini provocó que hace muy poco, a fines de 2025, que la causa fuera desarchivada. La reapertura no se explica por un solo hallazgo sino por la convergencia de elementos que cuestionan el cierre anterior: los mencionados pedidos de nuevas pericias, revisión de muestras que nunca se analizaron, y el ingreso de informes independientes que contradicen la hipótesis del suicidio como única lectura posible.

La nueva fiscalía a cargo de la doctora Florencia Salas ordenó revisar actuaciones, reconstruir cronologías y volver a citar testigos. No hay imputados, no hay una hipótesis oficial nueva, pero sí algo que ahora la Justicia admite: quedaron huecos que no debieron quedar.

El expediente judicial fue desarchivado
El expediente judicial fue desarchivado tras la presentación de nuevas pruebas forenses y el pedido de revisión de medidas pendientes

Entre la versión oficial y la sospecha familiar

Mientras el expediente gira entre informes médicos, actas del hogar y dictámenes forenses, Mariela, la mamá de Iara insiste con una certeza íntima: la adolescente no murió sola. No descartan presiones, acompañamientos, situaciones previas que la investigación no exploró.

Los informes institucionales describen rutinas, controles, medicación y contención psicológica. La defensa de la familia sostiene que ese mismo contexto obliga a investigar con mayor profundidad cómo una adolescente bajo tutela estatal pudo desaparecer sin que nadie detectara señales previas.

En ese territorio intermedio —entre lo que se sabe, lo que falta y lo que nunca se miró— la causa vuelve a tomar cuerpo. La reapertura del expediente no trae todavía culpables ni certezas. Apenas vuelve a encender una investigación que alguna vez fue dada por cerrada, y que ahora deberá enfrentar sus propios silencios: pericias que no se hicieron, líneas de investigación que quedaron a mitad de camino, testigos que nunca fueron interrogados.

Mientras la familia insiste en que Iara no murió sola, lo que se sabe es acotado; lo que falta, inmenso. Entre los restos hallados en aquel descampado y las nuevas pruebas que cuestionan la versión oficial, el caso regresa al punto de partida: una adolescente que desaparece, una muerte aún sin relato definitivo y varias preguntas que vuelven a atravesarlo todo: ¿qué le pasó a Iara, y por qué tantas idas y vueltas y negligencias que lo único que hicieron fue generar más sospechas y no permitir que la verdad apareciera en escena?

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