El día que cayó el Chapo Guzmán: ascenso, mitos y ocaso del narco que construyó imperios subterráneos y huyó dos veces de prisión

A diez años de la última detención del narco más temido y poderoso que terminó en los túneles que él mismo construía y con los que también penetraba con toneladas de cocaína la frontera con los Estados Unidos. Hacia ese país fue extraditado, sentenciado a cadena perpetua y preso en una cárcel a la que llaman El Alcatraz de las Rocosas y donde están alojados los criminales más violentos y peligrosos del mundo

Joaquín el Chapo Guzmán es conducido el viernes 8 de enero de 2016, a un helicóptero de la Marina Armada de México, en la capital mexicana tras su recaptura en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa (EFE/Mario Guzmán/Archivo)
Joaquín el Chapo Guzmán es conducido el viernes 8 de enero de 2016, a un helicóptero de la Marina Armada de México, en la capital mexicana tras su recaptura en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa (EFE/Mario Guzmán/Archivo)
Guardar

La madrugada de Los Mochis todavía huele a pólvora y humedad en la memoria colectiva de Sinaloa. Era 8 de enero de 2016 cuando el cerco se cerró sobre Joaquín Archivaldo Guzmán Loera en su propia tierra. La noticia recorrió México y el mundo con la velocidad de una descarga eléctrica: el hombre que durante décadas había desafiado al Estado, escapado de prisiones consideradas inexpugnables, y que convertido su nombre en una marca global del crimen organizado, volvía a caer.

Esta vez en una operación llamada “Cisne Negro”, que combinó paciencia, inteligencia y una tensión que se palpó en cada esquina de aquella ciudad del noroeste del país, ubicada en el estado de Sinaloa y cabecera del municipio de Ahome, por parte de las Fuerzas Especiales de la Armada de México, que terminó con la tercera captura de Joaquín Guzmán.

PUBLICIDAD

Hubo disparos, corridas, calles cortadas por el miedo y muertos. También el eco de una persecución que acabó en las entrañas de la urbe, en el subsuelo húmedo de las alcantarillas donde El Chapo intentó una última huida. No lo logró. Lo sacaron a la superficie con las manos esposadas, rodeado de uniformes, mientras el mundo volvía a preguntarse cómo había llegado tan lejos y cuánto de su historia estaba hecho de mito y cuánto de realidad.

Varios de sus secuaces cayeron en el ataque. Él salvó su vida de milagro. Esta vez los túneles que diseñaba para huir de las prisiones y penetrar como un topo en los Estados Unidos no fueron suficientes ni dieron el resultado esperado. Como todo narco, éste último lo había construido desde su propia vivienda ante una requisa inesperada, pero en este caso lo llevó rumbo a la extradición al país del norte en enero de 2017.

PUBLICIDAD

La captura de el Chapo Guzmán en Los Mochis en 2016 marcó el fin de su carrera criminal y el impacto global de la noticia (REUTERS/Edgard Garrido/Archivo)
La captura de el Chapo Guzmán en Los Mochis en 2016 marcó el fin de su carrera criminal y el impacto global de la noticia (REUTERS/Edgard Garrido/Archivo)

Esa captura no fue solo una escena de impacto mediático: fue el punto de condensación de una biografía atravesada por violencia, poder, lealtades rotas, amores, traiciones y una capacidad extraordinaria para sobrevivir. Para entender el peso de aquel amanecer en Los Mochis hay que retroceder a las montañas y los polvorosos caminos de La Tuna, el pequeño poblado del municipio de Badiraguato donde nació el 4 de abril de 1957. Hijo de una familia dedicada al cultivo de marihuana y amapola, fuente del opio, Guzmán creció en un entorno donde la economía rural convivía desde hacía décadas con los circuitos clandestinos del narcotráfico. De adolescente trabajó la tierra; de joven empezó a moverse como operador menor en una red que iba tejiendo rutas, contactos y jerarquías. Aprendió rápido: entendió que el negocio no estaba solo en producir, sino en controlar el paso, la logística, las alianzas.

Su primer gran maestro fue Miguel Ángel Félix Gallardo, figura central de la vieja estructura del narcotráfico mexicano. Cuando éste cayó detenido a fines de los años ochenta, el mapa criminal se fracturó y el territorio de Guzmán, el incipiente Cartel de Sinaloa, comenzó a expandirse. Su meta era conocer y traficar junto a Pablo Emilio Escobar Gaviria, rey de la cocaína en Colombia y el primero que la traficó masivamente en los Estados Unidos, y lo logró. Se estima que manejaba un cuarto del mercado de la droga yankee, lo que le representó una fortuna cercana a los quince mil millones de dólares.

A fines de esa década y comienzos de los noventa, la figura de El Chapo ya se vinculaba a los grandes corredores de cocaína hacia Estados Unidos, en un tiempo en que las rutas aéreas, marítimas y terrestres se multiplicaban y exigían creatividad. En paralelo, su reputación crecía: audaz, desconfiado, capaz de combinar brutalidad con una aparente cordialidad personal que desconcertaba a propios y ajenos.

El narcotraficante mexicano es mostrado tras su extradición en Nueva York, EEUU. 19 de enero de 2017 (Drug Enforcement Administration (DEA)/Handout via REUTERS)
El narcotraficante mexicano es mostrado tras su extradición en Nueva York, EEUU. 19 de enero de 2017 (Drug Enforcement Administration (DEA)/Handout via REUTERS)

Y por sobre todas las cosas creativo. Porque como nadie llevó su mercancía a los Estados Unidos. Cuando la mayoría de los narcos la traficaban en aviones o barcos, El Chapo construyó más de 100 túneles para pasar su producto a esas tierras. Eran carros de transporte, una especie de trencito con luces que recorría kilómetros bajo la tierra oxigenada con aire acondicionado. Además tenía su flota de taxis aéreos y camuflaba su droga en cualquier cosa, desde ajíes hasta jabones para lavar la ropa.

La primera captura importante llegó en 1993 en Chiapas, tras el escándalo desatado por el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara, un hecho rodeado de versiones cruzadas y responsabilidades que Guzmán siempre negó. Huyó hacia Guatemala, pero fue detenido en ese país en el cruce fronterizo del Talismán y extraditado a México.

Pasó casi ocho años en prisiones de alta seguridad hasta su célebre fuga de 2001, un episodio que lo catapultó definitivamente a la fama internacional y que alimentó la leyenda de un hombre capaz de escabullirse aun dentro del corazón del sistema penitenciario. Aquella evasión de la prisión de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco —de la que él mismo hablaría más tarde con un tono casi anecdótico— aceleró la consolidación de su liderazgo en el Cartel de Sinaloa y reconfiguró la relación de fuerzas con otros grupos.

A partir de ese momento, El Chapo se convirtió en una sombra esquiva. Su nombre se vinculó con la expansión de las operaciones del cartel, con una red que incluía desde cargamentos masivos hasta métodos de transporte inusuales, siempre bajo una lógica que combinaba pragmatismo y despliegue económico. Esa etapa coincidió también con una vida personal de múltiples capas. Guzmán se casó por primera vez con Alejandrina María Salazar Hernández, con quien tuvo, entre otros hijos, a César, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo. Más tarde formalizó una relación con Griselda López Pérez, madre de Ovidio, Griselda Guadalupe y Edgar Guzmán López, este último asesinado en 2008 en Culiacán en medio de una escalada de violencia que dejó marcas profundas en la familia. Años después, ya como figura pública perseguida y a la vez buscada por la prensa, se casó con Emma Coronel Aispuro, ex reina de belleza y madre de sus hijas mellizas María Joaquina y Emali Guadalupe. Varios de sus descendientes crecieron bajo la sombra del apellido, algunos vinculados luego —según investigaciones judiciales y policiales— a la estructura criminal que heredó fragmentos del antiguo cartel.

La figura de Joaquín Guzmán se consolidó como leyenda del narcotráfico tras liderar el Cartel de Sinaloa y construir más de 100 túneles para traficar drogas a Estados Unidos (U.S. officials/Handout via REUTERS)
La figura de Joaquín Guzmán se consolidó como leyenda del narcotráfico tras liderar el Cartel de Sinaloa y construir más de 100 túneles para traficar drogas a Estados Unidos (U.S. officials/Handout via REUTERS)

Sin embargo, cada capítulo de poder tuvo su contraparte en la persecución estatal. Durante los años siguientes, los operativos se sucedieron en silencio hasta que, en febrero de 2014, Guzmán volvió a caer. Fue detenido en un condominio de Mazatlán, tras un operativo conjunto de fuerzas mexicanas con apoyo estadounidense. Aquella mañana, su semblante sereno y la aparente disposición a hablar con sus captores dejarían una imagen ambigua: un hombre que, aún esposado, conservaba carisma y cierta ironía al referirse a las cifras de su fortuna o a las historias que lo rodeaban.

Lo llevaron al penal federal de El Altiplano, pero el encierro duró poco. En julio de 2015 protagonizó otra fuga que sacudió a México y reforzó la percepción de que su figura estaba siempre un paso adelante del sistema. Se volvió inhallable en el sector de duchas de la cárcel donde no había cámaras, y se escapó de la cárcel por un túnel que él construyó fiel a su estilo. El episodio reavivó las tensiones políticas y multiplicó las presiones internacionales.

Ese es el telón de fondo que conduce a Los Mochis. El 8 de enero de 2016, tras meses de seguimiento y una cadena de indicios acumulados, el operativo culminó en una vivienda donde Guzmán se encontraba con parte de su gente. La resistencia incluyó disparos y un intento de escape hacia el subsuelo urbano, una continuación de la lógica que lo había protegido durante años: correr, ocultarse, ganar tiempo. Pero esta vez el cerco fue contundente. La escena final —Guzmán capturado, exhausto, custodiado por uniformes— marcó el quiebre definitivo de su carrera. A diferencia de detenciones anteriores, ya no habría margen para eludir el proceso judicial que lo aguardaba del otro lado de la frontera.

En paralelo a su historia criminal, otro capítulo singular se desplegaba en el plano mediático. Durante su periodo como prófugo, Guzmán estableció contacto con la actriz mexicana Kate del Castillo, a quien admiraba por su personaje en una serie televisiva sobre el mundo del narco. Ese vínculo apasionado derivó en un encuentro en la clandestinidad al que asistió también el actor estadounidense Sean Penn, con el propósito de realizar una entrevista y explorar la posibilidad de un proyecto audiovisual sobre la vida del capo narco. El encuentro, que más tarde sería relatado en la revista Rolling Stone, mezcló fascinación global, polémica ética y una dosis de imprudencia que, según diversas investigaciones, habría contribuido indirectamente a la reubicación de Guzmán por parte de las autoridades.

La extradición de 'El Chapo' a Estados Unidos en 2017 selló su destino en la prisión Supermax de Colorado bajo estrictas medidas de seguridad (REUTERS/Rick Wilking/File Photo)
La extradición de 'El Chapo' a Estados Unidos en 2017 selló su destino en la prisión Supermax de Colorado bajo estrictas medidas de seguridad (REUTERS/Rick Wilking/File Photo)

Extraditado a Estados Unidos en enero de 2017, fue a parar al Centro Correccional Metropolitano (MCC) de Chicago, ubicado en Manhattan, Nueva York, donde estuvo durante la realización de su juicio. Una prisión diseñada por el arquitecto Harry Weese e inaugurada en 1975, de 28 pisos en forma triangular, donde el único espacio abierto es la terraza, lugar en el que solo algunos detenidos vip tienen permitido hacer deportes.

El futuro tras las rejas de El Chapo se definió en una corte de Nueva York. El juicio —rodeado de medidas de seguridad extraordinarias y testimonios que reconstruyeron décadas de operaciones criminales— concluyó en 2019 con una condena a cadena perpetua más años adicionales por múltiples cargos: tráfico de drogas, participación en empresa criminal, uso de armas, lavado de dinero y otros delitos federales. La sentencia selló el final de un ciclo que había comenzado en las sierras de Sinaloa y que se cerraba ahora entre los muros impenetrables de una prisión de máxima seguridad.

Del MCC lo llevaron a la cárcel llamada El Alcatraz de las Rocosas, la prisión Supermax en Colorado, la penitenciaría de máxima seguridad de Estados Unidos. Fue pensada para los criminales más peligrosos y violentos del mundo, donde los reclusos viven en régimen de aislamiento casi total, en condiciones severas que minimizan el contacto humano, incluyendo terroristas y líderes de pandillas, que permanecen hasta 23 horas al día en celdas de hormigón reforzado, con una ventana pequeña y fija, diseñadas para el aislamiento extremo y la vigilancia constante.

Allí Guzmán cumple su pena con contactos limitados, visitas contadas y una rutina que contrasta brutalmente con la vida de poder y movimiento que lo definió durante décadas. Mientras tanto, el mapa criminal de México y la región siguió mutando. El legado del Cartel de Sinaloa se fragmentó en liderazgos múltiples, entre ellos el de algunos de sus hijos, cuyos destinos —incluidas detenciones recientes, procesos judiciales y episodios de violencia— muestran que la historia no se detuvo con la caída del patriarca, aunque el mito que rodea a su figura haya quedado congelado en la fotografía de aquella madrugada de Los Mochis.

A diez años de esa captura, el relato de El Chapo Guzmán es también la historia de un país enfrentado a la violencia, de un Estado que alternó avances y retrocesos, y de un personaje que encarnó —con su mezcla de ferocidad, astucia y carisma— una de las grietas más profundas de la modernidad latinoamericana. La imagen final vuelve siempre al mismo punto: un hombre pequeño de estatura, rodeado de policías, atravesando túneles de su propia creación como un topo, su último refugio antes de los barrotes.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

18 muertos en 7 estados con el encanto como arma letal: la historia de Paul John Knowles, el “Asesino Casanova”

Su habilidad para seducir a algunas de sus víctimas y su destreza para evadir a la policía lo convirtieron en uno de los criminales más buscados de 1974. Murió baleado durante un traslado policial, sin llegar a enfrentar un juicio

18 muertos en 7 estados con el encanto como arma letal: la historia de Paul John Knowles, el “Asesino Casanova”

Daisy y Violet Hilton, las gemelas siamesas a las que convirtieron en figuras del espectáculo desde la infancia

Exhibidas desde bebés y obligadas a actuar durante años, recorrieron teatros de Europa y Estados Unidos antes de enfrentarse en la Justicia a quienes controlaban sus vidas y sus ingresos

Daisy y Violet Hilton, las gemelas siamesas a las que convirtieron en figuras del espectáculo desde la infancia

La foto acertijo: ¿Quién es este actor que antes de conquistar Hollywood ofreció masajes de pies en un programa de citas y fue rechazado?

A los 25 años, cuando intentaba abrirse camino en Hollywood, aceptó participar en un ciclo televisivo para ganar 250 dólares. Su “fabulosa” propuesta no convenció a la mujer que debía elegirlo. Décadas después, aquel episodio resurgió en redes y sorprendió a quienes ya lo conocían como uno de los actores más atractivos y seductores de Estados Unidos

La foto acertijo: ¿Quién es este actor que antes de conquistar Hollywood ofreció masajes de pies en un programa de citas y fue rechazado?

Del boicot de 381 días a una despedida histórica en el Capitolio: Rosa Parks, la costurera que desafió al racismo en Estados Unidos

Una noche de diciembre de 1955, en un colectivo, se negó a ceder su asiento a un pasajero blanco y cambió el rumbo del movimiento por los derechos civiles en su país. Décadas de lucha, amenazas y reconocimientos la convirtieron en un símbolo. La historia de una mujer que con un gesto simple pero potente puso límite a la segregación racial

Del boicot de 381 días a una despedida histórica en el Capitolio: Rosa Parks, la costurera que desafió al racismo en Estados Unidos

Houdini, el rey de los escapistas: la última función una semana antes de su muerte del hombre que hizo de lo imposible un espectáculo

Durante décadas logró liberarse de esposas, cadenas, cajas cerradas y tanques de agua. Pero aquella noche de octubre, en Detroit, el mago húngaro-estadounidense siguió adelante mientras una grave enfermedad lo aquejaba. Soportó su actuación final con dolores abdominales y una salud muy deteriorada. Su muerte a los 52 años, el día de Halloween, dejó un misterio que todavía acompaña a su leyenda

Houdini, el rey de los escapistas: la última función una semana antes de su muerte del hombre que hizo de lo imposible un espectáculo