“Elijo morir un viernes”: el dolor y la lucha del camionero que logró la eutanasia legal para pacientes no terminales en Colombia

A los 24 años tuvo un accidente que implicó tres cirugías de columna. Luego le diagnosticaron diabetes, hipertensión, depresión y la enfermedad que terminó de limitar su vida: EPOC

Víctor Escobar tiene programa su eutanasia para este viernes 7 de enero, luego de dos años de batallas judiciales. Foto: archivo particular
En sus últimos años, Víctor Escobar Prado dependía constantemente de un tubo de oxígeno y de una enfermera. Foto: archivo particular
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Fue un viernes, y que fuera un viernes fue, como todo lo demás, una decisión pensada con tiempo por Víctor Escobar Prado. Ese hombre, un colombiano de 60 años, decidió que le practicaran la eutanasia el último día hábil de la semana por motivos familiares: “Elijo morir un viernes para que mi familia pueda despedirme sin tener que pedir permiso en ningún trabajo”, definió.

Esa fue apenas una de todas las decisiones que, después de dos años de una dura batalla legal, Víctor Escobar Prado tomó sobre su muerte. La eutanasia se practicó el 7 de enero de 2022 a las nueve y veinte de la noche colombiana, hace exactamente cuatro años. Así, Escobar Prado se convirtió en ese momento en el primer latinoamericano en acceder de manera legal a la asistencia médica para morir sin ser un paciente terminal.

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La salud castigada

Cuando tenía 24 años, Víctor ya trabajaba como camionero. Al volante, sufrió un gravísimo accidente de tránsito que implicó tres cirugías de columna extremadamente complejas. Aunque pudo seguir trabajando, las secuelas del accidente y de las operaciones se harían notar, sobre todo a través de dolores que aquejaban su cuerpo cada vez más.

En 2008, padeció dos accidentes cerebrovasculares que le desencadenaron una hemiplejía parcial del lado izquierdo de su cuerpo. Además, con el correr de los años le diagnosticaron diabetes, hipertensión, artrosis severa y depresión.

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El peor de los diagnósticos fue el de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una condición que los médicos de Escobar atribuyeron a sus años como fumador y a la exposición a asbesto que había atravesado en sus años de trabajo en una fábrica.

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Tener EPOC implicó que, con el correr de la enfermedad, Víctor pasó a depender de un suministro permanente de oxígeno y de la asistencia de una enfermera las 24 horas del día. Escobar lograba pronunciar sólo tres o cuatro palabras de corrido antes de perder el aliento.

“Esta es una existencia incompatible con la dignidad humana”, declaró Víctor en varias de las entrevistas que dio cuando ya estaba embarcado en su batalla legal para poder acceder a la eutanasia. Hablaba de los dolores, la dependencia y los espasmos que sacudían su cuerpo casi constantemente.

La batalla ante los tribunales

Víctor Escobar Prado empezó formalmente a pelear por su derecho a la asistencia médica para morir el 8 de octubre de 2020. Ese día, pidió por primera vez ante la ley acceder a la eutanasia.

Víctor Escobar y Diana Nieto
Víctor Escobar y su compañera de vida, Diana Nieto. / Archivo personal

En ese momento, la ley colombiana se basaba en una sentencia de 2015 y sólo permitía la eutanasia para pacientes que tuvieran una expectativa de vida menor a seis meses. Eso implicó que la solicitud de Víctor, que no estaba en un escenario terminal, fuera rechazada en varias ocasiones por distintos centros médicos. El argumento del rechazo era siempre el mismo: que sus condiciones eran degenerativas pero no terminales.

Pero en julio 2021 el panorama de Escobar Prado cambiaría radicalmente. La Corte Constitucional de Colombia emitió un fallo histórico en el que extendía el derecho a la asistencia médica a morir a pacientes que, sin ser terminales, padecieran “un intenso sufrimiento físico o psíquico por una enfermedad grave e incurable”.

Ante ese nuevo escenario, Víctor insistió ante los tribunales y enfrentó nuevas trabas. En noviembre de 2021, el Tribunal Superior de Cali, donde él vivía, detuvo el proceso al que Escobar Prado estaba a punto de acceder sólo por un error de notificación judicial.

En ese contexto, hizo falta una última y definitiva intervención del Juzgado 17 Civil del Circuito de Cali, que dio por válido el caso de Víctor y ordenó que se coordinara la fecha y la hora de la eutanasia a la que finalmente la Justicia de su país le daba acceso. Así fue que Víctor Escobar Prado decidió morir un viernes a la noche.

La última cena

Antes de morir, Víctor cenó con su familia. Pasó sus últimas horas junto a Diana Nieto, su esposa, y los cuatro hijos que habían tenido. Eligió que su última cena fuera una cazuela de mariscos. Grabó un video en el que se despedía de su país y de los medios de comunicación, que habían visibilizado su pelea, con una sonrisa.

Antes de que lo ingresaran a la clínica en la que iba a recibir la sustancia letal, Víctor se aseguró de formalizar la documentación para que todos sus órganos funcionales fueran donados para trasplantes. Además, se puso la camiseta del Deportivo Cali, el club de fútbol del que era hincha desde sus primeros días y por tradición familiar.

El primero en acceder a un derecho

“Se logró ganar la batalla... una batalla que abre las puertas para los demás pacientes detrás de mí”, dice Víctor en el video en el que se despide. En ese material, define el procedimiento que está a punto de recibir como “una muerte muy tranquila”.

La asistencia médica para morir implica primero una sedación profunda y luego la inyección de una sustancia legal indolora.
KIEFERPIX
La asistencia médica para morir implica primero una sedación profunda y luego la inyección de una sustancia legal indolora. KIEFERPIX

Como se hace habitualmente en la administración de eutanasia legal, Escobar Prado recibió primero una sedación y una inyección letal indolora después. Apenas unos días después, la segunda paciente no terminal en solicitar acceder a la eutanasia en Colombia, Martha Sepúlveda, también accedió al procedimiento.

El país sudamericano se inscribió así en el mismo escenario que países como Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y España, que ya daban acceso a la eutanasia a pacientes no terminales. El caso de Víctor Escobar Prado sentó un precedente inédito en su país y en la región: fue la primera persona que recibió asistencia médica para morir no por estar a punto de fallecer por una enfermedad, sino por padecer otras que hacían de su vida una existencia dolorosa e indigna.

Su caso despertó un debate público en Colombia y en la región. Por un lado, quienes defendían su petición se apoyaban en la autonomía del paciente, el derecho humano a decidir sobre su propia vida y el derecho a la dignidad. Los detractores advertían sobre el efecto “pendiente resbaladiza”, sosteniendo que a medida que se flexibilizaran los requisitos para la eutanasia legal, se daría lugar a casos cada vez menos rigurosos.

En una de las tantas entrevistas que dio para defender su pedido y su derecho, Víctor Escobar Prado fue contundente: “A Dios no le gusta que nadie sufra... no creo que me vaya a castigar por dejar de sufrir”.

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