La insólita captura del “destripador de Yorkshire”, el sepulturero al que la “voz de Dios” le ordenaba matar prostitutas

Peter Sutcliffe tenía 29 años y trabajaba cavando tumbas cuando una tarde de 1975 escuchó una voz que le encargó una misión divina. Durante los siguientes cinco años mató a 13 mujeres en el Reino Unido y posiblemente a dos más en Suecia sin que la policía atinara a dar con él. La curiosa forma en salieron a la luz sus crímenes atroces

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Peter Sutcliffe, conocido como el
Peter Sutcliffe, conocido como el “destripador de Yorkshire”, fue detenido por casualidad en 1981 tras años de una de las cacerías policiales más extensas del Reino Unido

Con el paso de los años, el sargento Bob Ring contaría la historia como si se tratara de la escena de una comedia donde él y el agente Robert Hides capturaban al asesino más buscado del Reino Unido sin saber quién era. Porque a Peter Sutcliffe lo llevaron a la comisaría por una simple infracción. Ocurrió la noche del 2 de enero de 1981, cuando los dos policías vieron un camión detenido en la entrada de un camino privado, cerca de una zona roja del condado, a unos 250 kilómetros de Londres. En el interior del vehículo, encontraron a un hombre con una mujer sentada en el asiento del acompañante. La situación no era extraña ese lugar y la estaban por dejar pasar de largo diciéndole a Sutcliffe que buscara un lugar que no obstruyera el camino privado cuando uno de los agentes se percató de que las patentes del camión estaban mal colocadas, tapando a otras. Lo que ninguno vio es que, mientras revisaban la parte delantera del vehículo, el conductor arrojaba un martillo y un destornillador por la ventanilla hacia una pila de hojas secas. Los dos policías dejaron ir a la mujer, pero llevaron al conductor a la comisaría, como sospechoso del robo de un camión. Un caso más, un simple robo automotor, para procesar.

La captura del asesino serial
La captura del asesino serial más buscado de Inglaterra no fue el resultado de una investigación exitosa, sino de una infracción de tránsito menor (Photo by Express Newspapers)

La situación cambió de manera radical cuando entraron a la seccional. Como si se tratara de una película cómica, los dos agentes movieron sus cabezas – en realidad dirigieron sus miradas – una y otra vez desde la cara de Sutcliffe hacia un retrato robot pegado en la pared. Ida y vuelta, una y otra vez, mientras sus bocas se iban abriendo de sorpresa. La cara del presunto ladrón de un camión al que acababan de detener era parecida, muy parecida, al rostro del retrato elaborado en base a las descripciones de algunas sobrevivientes de los ataques del hombre que aterrorizaba la zona, el temible “destripador de Yorkshire”. Los agentes Ring y Hides se olvidaron del camión y empezaron a interrogar al hombre sobre los crímenes del “destripador”. El detenido primero negó todo hasta que, de pronto y sin ninguna razón en particular, empezó a reconocer uno tras otro los crímenes y les habló a los policías de su misión, la que le había encomendado “la voz de Dios”. Porque para Peter Sutclife matar era una tarea divina encargada por en persona por el Señor.

Durante más de cinco años,
Durante más de cinco años, el “destripador de Yorkshire” asesinó y atacó mujeres en distintas ciudades del norte de Inglaterra sin ser identificado (Reuters)

Si la captura del criminal que aterrorizaba a Inglaterra fue casual, la confesión que le siguió resultó casi un delirio. Peter Sutcliffe les contó que llevaba años cavando tumbas en el cementerio de Bingley, un pueblito rural a 250 kilómetros al norte de Londres, cuando escuchó por primera vez “la voz de Dios”. En ese momento no la llamó así, pero fue el principio. Dejó caer la pala en el pozo que estaba preparando para recibir un ataúd y prestó atención. La voz estaba ahí y le hablaba suavemente, lo llamaba desde algún lugar que no podía precisar.

A los atónitos policías les relató que siguiendo el sonido de la voz divina llegó hasta una tumba descuidada, cubierta de yuyos, donde descansaban los restos de un polaco vecino del pueblo que había muerto muchos años antes. En la lápida había grabada una cruz. Sutcliffe se quedó parado frente a la tumba, escuchando, y no tuvo dudas: la voz surgía de las entrañas de la Tierra, precisamente desde esa tumba. Ese día Sutcliffe, un hombre de 29 años que dividía las horas de su día entre su trabajo de sepulturero y la práctica obsesiva del fisiculturismo en el gimnasio del pueblo, no entendió qué le decía la voz, que era casi un murmullo. Sólo supo que le hablaba a él, de eso no tuvo dudas.

A decir verdad, Sutcliffe no creyó en un primer momento que era el propio Señor quien le hablaba. Esa idea se la metieron a la noche, en el pub que solía frecuentar. Para beber una pinta de cerveza después de trabajar. Estaba en eso cuando le contó a sus amigos su experiencia con la voz y uno de ellos le sugirió que podía ser “la voz de Dios”. Sutcliffe no había pensado en esa posibilidad, pero apenas escuchó el comentario estuvo seguro de que era así: esa tarde, en el cementerio, Dios le había hablado, aunque no pudo entender qué le decía. Las semanas que siguieron, la voz siguió hablándole de a ratos, siempre en el cementerio. Peter empezó a entender qué le decía. Eran cosas buenas: le decía que era un buen hombre, que por eso le hablaba, que lo había elegido.

Agente Robert John Hydes, uno
Agente Robert John Hydes, uno de los agentes que arrestó a Peter Sutcliffe en Sheffield (Reuters)

Al principio la voz le hablaba solamente cuando estaba trabajando en el camposanto, pero después la voz comenzó a acompañarlo a todas partes. Le hablaba en los momentos más inesperados, hasta que una tarde, de nuevo en el cementerio, le dijo que lo había elegido para cumplir una misión a la que no podía negarse: debía limpiar el mundo de prostitutas y tenía que hacerlo de manera terrorífica, ejemplificadora, para que las mujeres temieran caer en la tentación de cometer ese pecado. Quería que fuera un purificador.

Corría octubre de 1975 cuando Peter Sutcliffe, el destripador de Yorkshire, empezó a matar. En los seis años siguientes asesinó a 13 mujeres e hirió gravemente a otras siete. En muchos casos les mutiló los genitales, les abrió el abdomen y les extrajo los órganos. Esos fueron los casos comprobados, porque se sospecha que hubo muchos más, incluso dos fuera de Inglaterra, más precisamente en Suecia.

En honor a Jack

No se sabe si fue por sugerencia de la voz de Dios o por iniciativa propia, pero Peter Sutcliffe cambió repentinamente su carácter y su vida, algo que sorprendió de manera muy grata a sus padres y también a su esposa Sonia, con quien se había casado en 1974. Por primera vez en su vida tomó una iniciativa productiva y se propuso sacar la licencia profesional de conductor con la idea de trabajar como camionero. Hasta entonces, salvo la obsesión por cultivar su físico en el gimnasio, el bueno de Peter había demostrado ser un bueno para nada. Nunca había durado mucho en un trabajo: siempre lo echaban por su desinterés y sus ausencias reiteradas y sin justificación. Primero de un molino harinero, después de un taller mecánico, más tarde de una fábrica donde lo tomaron como obrero no calificado. El único empleo que le había durado era el de sepulturero y eso porque, mientras la tumba estuviera cavada en la tierra, nadie controlaba qué hacía Peter el resto de la jornada laboral.

Nadie en la familia imaginó que que esa sorprendente iniciativa no tenía que ver con sentar cabeza y mejorar su nivel de vida, sino que era un instrumento para cumplir con la misión que le había encomendado “la voz de Dios”. Como camionero, se podría mover con libertad para matar a las demoníacas prostitutas que poblaban las calles y las rutas de la región. Y Peter no sólo obtuvo la licencia de conducir, también consiguió un empleo como camionero.

 Wilma McCann, la primera
Wilma McCann, la primera víctima del asesino en serie británico Peter Sutcliffe, alias el Destripador de Yorkshire. El cuerpo de McCann, prostituta, fue encontrado a pocos metros de su casa en Leeds, Yorkshire, Reino Unido, en octubre de 1975. - CAMERA PRESS / LNS

El 30 de octubre cometió su primer crimen. Levantó con su camión a Wilma McCann, de 28 años, y la mató en los alrededores del barrio de Chapeltown en Leeds. Cuando los forenses revisaron el cadáver comprobaron que le habían amputado burdamente los genitales y que le habían abierto el abdomen con un instrumento tosco para sacarle los órganos, que quedaron esparcidos cerca del cuerpo.

Sutcliffe – no se sabe por orden de Dios u otra cosa - esperó casi tres meses para perpetrar el segundo asesinato. El 20 de enero de 1976 requirió los servicios de Emily Jackson, de 43 años, a la que mató igual que a Wilma y cuyo cadáver destripado fue encontrado también en las cercanías de Chapeltown. A partir de entonces cometería por lo menos 11 asesinatos más y siete mujeres salvarían milagrosamente su vida. Su modus operandi era casi siempre el mismo. Merodeaba las zonas rojas con su vehículo, requería los servicios de una mujer, las subía al camión y las golpeaba en la cabeza, casi siempre con un martillo, para desmayarlas. Luego las bajaba en una zona desolada, la pateaba dejando las marcas de sus botas sobre el cuerpo, la remataba partiéndoles el cráneo con el martillo y las mutilaba y destripaba. Por esa razón se lo empezó a llamar “El Destripador de Yorkshire”, evocando al nunca capturado “Jack el Destripador”, que asoló las zonas rojas de Londres en el Siglo XIX.

Helen Rytka, la octava víctima
Helen Rytka, la octava víctima del asesino en serie británico Peter Sutcliffe - CAMERA PRESS / LNS

La comparación era, sin embargo, un poco forzada. Mientras Jack utilizaba preferentemente bisturíes para destripar a sus víctimas y demostraba tener conocimientos profundos de la anatomía humana, El de Yorkshire usaba instrumentos al alcance de cualquiera, como sierras metálicas, destornilladores o cuchillos de cocina, y sus “intervenciones quirúrgicas” eran toscas. Su arma letal preferida eran los destornilladores, cuyas puntas aguzaba para blandirlas a manera de puñales. Su encarnizamiento era tan grande que en la autopsia los forenses llegaron a contar cincuenta y dos puñaladas infligidas en el cuerpo de una de las víctimas.

El destripador de Yorkshire desarrolló su raid criminal durante poco más de cinco años sin que la policía pudiera detenerlo. Durante ese tiempo, los investigadores realizaron más de 130.000 entrevistas, visitaron más de 23.000 hogares y verificaron 150.000 vehículos sin obtener ningún resultado. Muchos años después, algunos de esos detectives reconocerían que, por los prejuicios de la época, los asesinatos de prostitutas no eran tomados con total seriedad y que no habían puesto todo el esmero que requería la investigación.

Incluso, en una ocasión Sutcliffe estuvo en la mira de la policía, pero zafó con facilidad. Había evidencias de que su vehículo circulaba asiduamente por las zonas rojas de Yorkshire, pero cuando lo interrogaron les contestó que eran parte de sus recorridos laborales, lo que nadie se ocupó de comprobar. El detective retirado Bob Bridgestock, que estuvo en la investigación de los casos reconoció décadas más tarde, en una entrevista que le hicieron cuando murió Sutcliffe: “La policía no era capaz, pero (en ese entonces) la capacidad de la policía era limitada y las revisiones del caso han demostrado cuán limitada era”, dijo. Y recordó que, una vez, cuando los agentes entrevistaron a Sutcliffe como presunto sospechoso, le mostraron una foto de la huella de la bota del destripador hallada cerca de un cuerpo… y no se dieron cuenta de que ese día llevaba exactamente el mismo calzado.

Una confesión voluntaria

Entre la noche del 2 y la madrugada del 3 de enero de 1981, Peter Sutcliffe habló durante horas frente a los agentes Bob Ring y Robert Hides, en una sala que poco a poco se fue llenando de jefes policiales dispuestos a llevarse su tajada de prestigio por una captura que a todas luces había sido casual. Cuando leyeron su confesión, los abogados defensores que le habían asignado intentaron que se lo declarara inimputable por “demencia”, pero el tribunal desestimó el argumento y lo condenó a cadena perpetua en mayo de 1981.

Fotos de periódico de las
Fotos de periódico de las víctimas de Peter Sutcliffe. Peter William Sutcliffe (2 de junio de 1946 - 13 de noviembre de 2020)

Fue a parar a la prisión de Parkhurst, donde estuvo encarcelado durante un año y cuatro meses, hasta que los psiquiatras penitenciarios dictaminaron que se lo trasladara a un hospital para enfermos mentales. Durante ese tiempo en la cárcel, Sutcliffe la pasó realmente mal. Por la naturaleza de sus crímenes, se transformó en el blanco preferido de las agresiones de los otros reclusos. Fue entonces derivado al asilo de Broadmoor, cercano a Londres, donde siguió recluido.

El Tribunal Supremo británico rechazó su apelación de solicitud de libertad en el año 2010 y confirmó la cadena perpetua impuesta, pero decidió que siguiera cumpliéndola en el asilo donde estaba destinado. Allí murió en noviembre de 2020 por coronavirus. Al conocer la noticia, Marcella Claxton, una de las víctimas que sobrevivieron al “Destripador” dijo que todavía sufría los efectos de su ataque 44 años después: “Tengo que vivir con mis heridas, 54 puntos en la cabeza, la espalda... además perdí un bebé, tenía cuatro meses de embarazo. Todavía tengo dolores de cabeza, mareos y desmayos. No puedo perdonarlo”, contó.

La pista sueca

Con la muerte de Peter Sutcliffe también se cerró la posibilidad de que confesara otros crímenes de cuya autoría era sospechoso por las similitudes en el modus operandi. No sólo en Gran Bretaña sino también en Suecia. En 2016, un correo electrónico enviado por un detective que había participado de la investigación de los asesinatos del “Destripador de Yorkshire” sorprendió al jefe de la policía de la región sur de Suecia, Bo Lundqvist. El mensaje decía que probablemente Sutcliffe había viajado a Suecia, un país donde en los ’70 y ’80 la prostitución era legal – aunque todavía no existían las zonas protegidas que se crearon después -, en cumplimiento de su “misión”.

El detective inglés quería saber sobre la posibilidad que Sutcliffe hubiese viajado en camión, a bordo de un ferry, a Suecia en fechas que coincidían con los asesinatos de Gertie Jensen y Teresa Thorling, particularmente esta última. Lundqvist, ya veterano policía, recordó esos dos casos sin resolver en 1980, cuando recién había ingresado a la fuerza. En uno de ellos, el cuerpo desnudo de Gertie Jensen -una joven de 31 años que se prostituía ocasionalmente para financiar su adicción a las drogas- fue encontrado en un lote en Gotemburgo, Suecia, con señales de extrema violencia sexual. Dos semanas después, en un callejón abandonado de la ciudad de Malmo, apareció el cadáver de Teresa Thorling, una rubia de 26 años con un perfil similar al de Gertie y muerta en circunstancias parecidas.

El asesino murió en 2020
El asesino murió en 2020 mientras cumplía cadena perpetua en un hospital psiquiátrico del Reino Unido

En 2020, poco después de la muerte de Sutcliffe, Netflix estrenó la serie documental El destripador de Yorkshire que reconstruye cronológicamente su raid criminal y pone en evidencia la torpeza que mostró la policía inglesa. Buena parte de esta docuserie se asienta en declaraciones de hijos, otros familiares y amigas de las víctimas, de un tono conmovedor que contrasta con las impresiones de los policías entrevistados que esbozan no sólo una falta de método para encarar una investigación importante, sino una peligrosa negligencia que permitió a Sutcliffe seguir con su siniestra “misión de Dios” hasta que fue atrapado por casualidad.

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