Mientras el músico francés Plumes rasga su guitarra y entona suaves y melancólicas melodías, su particular público no aplaude. En cambio, reacciona con emoción, con algunos lengüetazos en la cara, mordiditas en las cuerdas, olfateos cercanos y miradas tiernas que derriten a la audiencia.
El propietario de la cuenta @plumesofficiel lleva su música a paisajes rurales, en reservas proteccionistas, donde se rescatan y protegen animales de todo tipo. Allí ofrece pequeños conciertos y alienta a colaborar con las organizaciones que trabajan por la preservación de animales en peligro de extinción.
Plumes se sienta en una silla frente a su micrófono y comienza a tocar ante grupos de animales de todos los tamaños: desde tortugas hasta familias de elefantes, pasando por orangutanes y loros bailarines.
Ni la voz ni los dedos le tiemblan cuando alguno de esos animales, esos que suelen imponer respeto y distancia, se le acercan demasiado hasta tomar contacto. El artista, que mantiene su nombre real en el anonimato, actúa como si la música fuera un escudo protector. Al ver lo que la música genera en los animales, es imposible pensar que algo malo pueda sucederle.

En uno de sus videos, una pareja de leones escucha una dulce versión de November Rain, de Guns N’ Roses. Mientras suenan los acordes, se intercambian mimos y terminan bostezando, una señal inequívoca de que están relajados. En otro, un tigre blanco ahuyenta a un compañero que se le acerca como si quisiera evitar interrupciones durante el concierto. En un reciente posteo, un rinoceronte asoma su enorme cabeza por encima de una tranquera y acerca su cornamenta a milímetros del diapasón de la guitarra.
Una de las escenas más inquietantes ocurre frente a una manada de elefantes que avanzó en conjunto a paso acelerado y firme hasta el guitarrista, en un movimiento que cualquiera que haya visto en acción a estos grandes paquidermos de África podría sentir miedo. Son capaces de partir el tronco de árbol con la trompa cuando están furiosos. En efecto, pusieron a prueba los nervios de acero del francés. Un seguidor le preguntó qué había sentido y le respondió: ¡Impresionante y mágico! Me sentí muy agradecido y también bastante nervioso.

Cuando se refiere a ellos, Plumes asegura que “son realmente de las criaturas más maravillosas que jamás conocerás. Recuerda que hace 50 años había más de un millón de ellos en África y que hoy quedan menos de la mitad”, se lamenta. Y anima a revertir la situación.
“Si los aman tanto como yo y quieren ayudar a salvarlos, les dejo un enlace en mi biografía donde pueden donar a Fauna and Flora, una organización que apoya la vida silvestre de los elefantes y lucha contra la caza furtiva, la mayor amenaza que enfrentan”, escribe.

Cada publicación incluye datos sobre la alarmante caída de la población de distintas especies. En una de ellas, un oso panda deja de comer bambú para acercarse al músico. Plumes aprovecha la escena para concientizar y recaudar fondos: recuerda que solo quedan unos 2400 pandas gigantes en el mundo e invita a colaborar con Pandas International, dedicada a su preservación.
Las escenas más cercanas también abundan. Caballos que restriegan el hocico sobre su hombro, como si la canción despertara la necesidad de caricias. Un grupo de simpáticas suricatas sale de su escondite bajo un tronco caído y se acerca tanto que una de ellas se atreve a mordisquear el borcego del músico, arrancándole una sonrisa. “No me esperaba ese mordisco”, escribió Plumes. Un seguidor le comentó: “Gracias por brindarme siempre una sonrisa tan necesaria y un corazón cálido cada vez que veo tus videos”. El mensaje recibió cientos de “me gusta”.

El mordisco en la bota fue solo uno más. En otro video, un pequeño zorro trepa sobre el músico, que está recostado en el pasto. Primero acerca el hocico a las cuerdas de la guitarra y luego a su nariz, que muerde suavemente. Plumes continúa tocando y sonriendo. El zorro se va y se enrosca para descansar.
También aparece Aurora, una cerdita que estaba destinada a la industria cárnica hasta que fue rescatada y llevada a un santuario. Plumes la presenta como una “dulce chica” que le regala suaves mordidas en el brazo y la pierna. “¿De amor?”, se pregunta él.
<b>Un fenómeno en redes</b>
Quienes siguen la cuenta encuentran en estos videos una forma de contacto con la naturaleza, un momento de calma y también una oportunidad para aprender sobre especies menos conocidas. Plumes mostró, por ejemplo, al tapir más viejo de Europa. Con ojos pequeños y visión deficiente, el animal llevó su trompa hasta las manos del músico, guiado por la curiosidad. “No me canso de ver tus videos. No importa lo triste que me sienta, siempre me sacan una sonrisa”, le escribió otra seguidora.

Un lémur llamado Kangoo también dejó ante la cámara su particular señal de aprobación. “Tiene un modo especial de mostrar su amor: frota su trasero para dejar su aroma en todo lo que le gusta”, explicó Plumes.
<b>El origen de Plumes</b>
El músico canta en francés y en inglés. Abrió su cuenta en 2021 y su primer público animal estuvo compuesto por las vacas de la granja de su abuela. En uno de sus brazos lleva tatuada una vaca, tal vez un guiño a esos comienzos. Aún se puede ver aquel primer video, en el que interpreta el tema de la serie Friends, I’ll Be There for You.

El artista proteccionista de animales suele tocar con una guitarra rosa, a tono con los cordones de sus zapatos, y casi siempre lleva una boina. Según cuenta a sus seguidores, sus conciertos duran entre media hora y una hora, cuando los animales se muestran interesados, y suele volver a visitarlos.
Las visitas de Plumes a estos santuarios también incluye escenas graciosas. Los bloopers como un loro rosa que se le posa en la cabeza, se trepa de su visera para mirarle la cara ¡y le baja la gorra hasta taparle la cara! Todo eso mietras intenta seguir cantando. Los caballos que le vuelcan el trípode con la cámara al pasto.
Dentro del “ternurómetro” hay varios videos que compiten, como en el que toca para un alborotado grupo de cachorros de perros. O el perro negro que se cuela, entre las tortugas, sin previo aviso y le regala una mirada del amor más puro de la tierra. También, en el podio, están las jirafas, que se acercan curiosas hasta Plumes, que canta “you’re too sweet for me”.

Detrás de cada escena tierna hay un mensaje claro: muchas de estas especies están en peligro. Plumes usa la música como puente, pero también como herramienta para generar conciencia y apoyo. Sus conciertos en redes no buscan el aplauso, sino algo más difícil de conseguir: atención, empatía y compromiso con el reino animal.
En sus redes, figuran todos los enlaces para que colaboren aquellos que hacen algo más que mirar y enternecerse con los videos.
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