Sally McNeil, fisicoculturista estadounidense, se convirtió en el centro de uno de los casos más notorios de la crónica judicial de los años 90 al asesinar a su esposo, Ray McNeil, el 14 de febrero de 1995.
Su crimen obtuvo nueva relevancia tras el estreno en Netflix del documental Killer Sally, que recuperó el debate sobre la violencia doméstica, la autodefensa y el cuestionamiento a la justicia penal. Tras 24 años en prisión, McNeil fue liberada en 2020 y hoy intenta reconstruir sus relaciones familiares en Georgia, según detalla People.
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Violencia, juicio y condena
El crimen y la condena de Sally McNeil marcaron un giro en la discusión sobre la violencia de género en Estados Unidos. Durante la noche de San Valentín de 1995, McNeil disparó dos veces contra su esposo en su hogar de Oceanside, California, tras años de presunto abuso físico y psicológico.
Su defensa alegó legítima defensa, mientras que la fiscalía planteó la premeditación y presentó los antecedentes violentos de la acusada como prueba. Finalmente, en marzo de 1996, fue declarada culpable de asesinato en segundo grado y sentenciada a entre 19 años y cadena perpetua.

Aunque logró una anulación temporal de la condena en 2003, el Tribunal Supremo de Estados Unidos la restableció en 2005, prolongando su permanencia en prisión hasta obtener la libertad condicional en mayo de 2020.
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Orígenes y vida antes del crimen
La historia de Sally McNeil comienza en Allentown, Pensilvania, donde nació en septiembre de 1960. Se alistó en los Marines (Cuerpo de Marines de Estados Unidos, una rama militar entrenada para operar por tierra y mar en misiones rápidas) en los años 80 y fue destinada a Camp Pendleton, cerca de San Diego. Allí comenzó a practicar fisicoculturismo y rápidamente ganó notoriedad, obteniendo el apodo de “Killer Sally” antes del homicidio.
Después de dejar los Marines en 1993, se dedicó profesionalmente a las competencias y a la lucha, aunque su carrera se vio afectada por incidentes violentos como una suspensión en 1990 por golpear a una competidora y un altercado en un bar en 1993. Tuvo dos hijos, Shantina y John, de su primer matrimonio con Anthony Lowden.
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Ray McNeil, también exmarine y fisicoculturista, conoció a Sally en un gimnasio en junio de 1987 y contrajeron matrimonio dos meses después. Según el testimonio de Sally en el documental de Netflix, la violencia comenzó tres días después del casamiento y se mantuvo a lo largo de los años.
La pareja fue reconocida como la primera en obtener juntos el campeonato de fisicoculturismo de las Fuerzas Armadas, pero su relación se deterioró por el consumo de esteroides de Ray y las constantes dificultades económicas.
Para solventar gastos, Sally recurrió a la “muscle prostitution”, luchas pagadas con hombres. “Él decía que yo era inferior y que todo debía ir para él”, recordó McNeil. “Desde el principio, nunca fui suficiente. Ray sentía que era la persona más importante de la familia y quería que yo renunciara a mis sueños para apoyarlo“.
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La noche de San Valentín que cambió todo
El 14 de febrero de 1995, Ray McNeil llegó tarde a casa tras una celebración y, luego de una discusión, agredió físicamente a Sally según su declaración. Aterrada, Sally se refugió en su dormitorio, tomó una escopeta recortada y disparó dos veces a su esposo. “Debí haberme ido, pero estaba tan rota que no sabía que lo estaba”, confesó McNeil en el documental. En la llamada al 911 reproducida en la serie, se la escucha decir: “Acabo de disparar a mi esposo porque me golpeó”.
Durante el juicio, la fiscalía insistió en que fue un homicidio premeditado y utilizó como prueba la presencia de un cartucho en el dormitorio, sugiriendo que intentó recargar el arma. Además, los antecedentes agresivos de Sally fueron utilizados en su contra, describiéndola como “demasiado fuerte para ser maltratada”. Pese a las apelaciones, McNeil cumplió 24 años de prisión antes de recuperar la libertad.
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Desde su liberación en 2020, Sally McNeil reside en Hephzibah, Georgia, y ha tratado de rehacer su vida. Se casó con Norfleet Stewart, a quien conoció en un grupo de apoyo para veteranos, y mantiene relación con sus hijos. La directora del documental, Nanette Burstein, explicó a People que McNeil “está fuera, tiene un trabajo, está casada con un buen hombre, mantiene relación con sus hijos y busca nuevos caminos”.
A pesar de la notoriedad y los años transcurridos, Sally McNeil afirma que, aunque no comparte la severidad de su condena, su prioridad es aprovechar la libertad y avanzar con su vida.
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