
En el aniversario de la muerte de Henrietta Swan Leavitt, la comunidad científica recuerda que la autora de una de las leyes más determinantes para medir el universo falleció el 12 de diciembre de 1921 en un anonimato absoluto. Su aporte –la relación entre el brillo y el período de las estrellas variables– abrió la puerta a la medición de distancias galácticas y modificó para siempre la forma en que la astronomía concibe la escala del cosmos. Sin embargo, Leavitt jamás recibió un reconocimiento en vida.
Henrietta Swan Leavitt fue una mujer que, desde un puesto menor e incluso bajo condiciones laborales precarias, desentrañó la magnitud del universo mientras permanecía relegada a la sombra. Incluso la propuesta póstuma para nominarla al premio Nobel se frustró porque el reglamento impide distinguir a personas fallecidas.
PUBLICIDAD
En los años previos a la informática moderna, el término “computadora” no se aplicaba a las máquinas, sino a personas –mayoritariamente mujeres– encargadas de realizar cálculos matemáticos. Esa estructura laboral surgió a fines del siglo XIX, cuando los grandes observatorios astronómicos de Estados Unidos, como el de Harvard, comenzaron a contratar equipos femeninos para analizar datos. Se trataba de tareas fundamentales, pero consideradas rutinarias, repetitivas y peor remuneradas.
El grupo conocido como las Harvard Computers, integrado por casi un centenar de mujeres, fue pionero en la catalogación sistemática del cielo. Durante décadas examinaron miles de placas fotográficas. Al asumir la dirección del observatorio en 1877, Edward Pickering reconoció que las mujeres no podían usar telescopios –por normas de la época– pero les delegó el análisis de datos. Esa desigualdad dio lugar a comentarios peyorativos, como el apodo de “el harén de Pickering”.
PUBLICIDAD

Pese a todo, el equipo redefinió la metodología astronómica. Su trabajo fue clave para la elaboración del Catálogo Henry Draper, el primero global, a partir del análisis de más de medio millón de imágenes astronómicas y casi tres mil cuadernos manuscritos que todavía se conservan. Los registros de la época dan cuenta de la precariedad: “solo ganan 25 centavos por hora”, señalaba un informe, y el acceso al crédito académico o a ascensos dependía únicamente de la buena voluntad de la dirección.
Nacida en Massachusetts el 4 de julio de 1868, Henrietta Swan Leavitt estudió en Oberlin y Radcliffe –la sección femenina de Harvard– antes de ingresar al Observatorio en 1893. Sufrió problemas de salud que derivaron en sordera y la obligaron a interrumpir sus tareas, pero retomó sus investigaciones sobre estrellas variables cefeidas -que cambian de brillo de forma regular y predecible-, tomando como base imágenes obtenidas en Arequipa, Perú. Ese análisis resultó clave para demostrar que la Vía Láctea no era la única galaxia existente.
PUBLICIDAD

En 1908 publicó la detección de 152 estrellas variables en la Gran Nube de Magallanes y, cuatro años más tarde, formuló la célebre relación período-luminosidad, luego bautizada como Ley de Leavitt. A partir de esa relación fue posible medir por primera vez distancias astronómicas a escala galáctica.
La Ley de Leavitt permitió convertir a las cefeidas en ‘candelas estándar’, es decir, objetos cuya distancia puede calcularse con precisión a partir de su brillo aparente. Esto transformó la astronomía de una ciencia descriptiva a una ciencia cuantitativa del universo profundo.
Su aporte hizo que científicos como Ejnar Hertzsprung y Edwin Hubble pudieran determinar la magnitud del universo conocido y comprobar la existencia de otras galaxias.
PUBLICIDAD
Gracias a la Ley de Leavitt, Edwin Hubble pudo demostrar en 1924 que la nebulosa de Andrómeda era una galaxia fuera de la Vía Láctea, ampliando exponencialmente el tamaño del universo conocido. Aunque las comunicaciones académicas reconocerían su participación, las publicaciones oficiales continuaron firmadas por Pickering, y recién poco antes de su muerte Leavitt obtuvo la jefatura del departamento de fotometría.
El trabajo del equipo femenino fue colectivo. Además de Leavitt, Annie Jump Cannon creó un sistema de clasificación estelar y descubrió unas 300 estrellas variables; Williamina Fleming propuso el modelo de clasificación aún vigente; Antonia Maury catalogó más de 10.000 estrellas; y Cecilia Payne-Gaposchkin demostró que las estrellas están compuestas sobre todo por hidrógeno y helio, enfrentando el escepticismo inicial de la comunidad. La contribución de las llamadas “Computadoras de Harvard”, a menudo opacada en la memoria histórica, resulta imprescindible para entender el desarrollo de la astronomía moderna.
PUBLICIDAD

“Henrietta Leavitt ha hecho más por la astronomía que la mayoría de nosotros”, escribió Harlow Shapley, director del Observatorio de Harvard tras la muerte de Leavitt el 12 de diciembre de 1921. Murió de cáncer a los 53 años sin ver el impacto total de su gran descubrimiento.
Ese legado, lejos de haberse archivado, recupera visibilidad a través de programas de preservación y digitalización impulsados por la Universidad de Harvard. Según informa BBC Mundo, proyectos como PHaEDRA (Preserving Harvard’s Early Data and Research in Astronomy) llevan adelante la transcripción, catalogación y digitalización de los cuadernos manuscritos y más de 650.000 placas fotográficas tomadas desde 1847 hasta fines del siglo XX. Todo ese acervo está siendo integrado a bases públicas, como el sistema ADS de la NASA, lo que permite que investigadores y público general accedan a más de cien años de observaciones astronómicas y asegura que el aporte de las Harvard Computers siga iluminando la ciencia futura.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
A los 18 años quedó paralizado, pero una visita al centro de rehabilitación lo llevó a cambiar la historia del tenis
Brad Parks conoció allí a Jeff Minnebraker y juntos adaptaron una regla que permitió desarrollar la disciplina. Décadas después, la modalidad integra los principales torneos y los Juegos Paralímpicos

El Papa que murió 33 días después de haber asumido, las monjas que hallaron su cuerpo y el secreto que el Vaticano guardó cuarenta años
Albino Luciani amaneció muerto el 29 de septiembre de 1978, pero la historia que se contó al mundo no fue la real. Detrás del encubrimiento había una razón incómoda para la Santa Sede, y su revelación reabrió décadas de sospechas sobre su muerte

El linchamiento de Will Brown durante el “Verano Rojo” de 1919: el brutal crimen que la historia estadounidense intentó borrar
El 28 de septiembre de 1919, una turba de miles de supremacistas blancos atacó los tribunales de Omaha y se llevó a un trabajador afroamericano falsamente acusado de atacar a una mujer blanca. Lo golpearon, lo colgaron de una soga y le dispararon decenas de veces al cuerpo, para después quemar su cadáver. Fue el caso emblemático de la ola de violencia racial que sacudió a Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial. El horrorizado recuerdo Henry Fonda, testigo directo del asesinato

La misión secreta que cambió la historia argentina: un avión secuestrado y siete banderas plantadas en las Islas Malvinas
Hace exactamente 60 años, un grupo de 18 militantes del peronismo nacionalista desvió un vuelo. Buscaban “un gesto patriótico” de gran repercusión global

El calvario del hombre que estuvo trece años preso por matar a su familia y una absolución que sus suegros nunca aceptaron
El 28 de septiembre de 2000, David encontró asesinados a su esposa Kim y a sus hijos Brad y Jill en su casa de Indiana. Quedó bajo sospecha desde el comienzo y luego fue condenado dos veces y finalmente declarado no culpable


