
En marzo de 2024, el explorador británico Chris Brown y su hijo Mika se convirtieron en las primeras personas en navegar hasta el misterioso punto Nemo, el lugar más aislado del planeta. Esta hazaña, realizada a bordo del barco Hanse Explorer junto a una tripulación experta, marcó un antes y un después en la exploración marítima y en la historia de los polos de inaccesibilidad, puntos geográficos que desafían los límites de la aventura humana.
El punto Nemo se encuentra en el océano Pacífico Sur, entre Nueva Zelanda y Chile, a unos 2.688 km de la costa más cercana. Este enclave, conocido como el “polo oceánico de inaccesibilidad”, es tan remoto que, por momentos, los ocupantes de la Estación Espacial Internacional están más cerca que cualquier otra persona en tierra firme.

Una expedición sin precedentes al corazón del Pacífico
La travesía comenzó el 12 de marzo en Puerto Montt, Chile. Chris Brown, de 62 años, gerente de marketing digital de Yorkshire del Norte, explicó la magnitud del reto: “Estás tan lejos de todo que, si tuviéramos algún problema, pasarían días antes de que alguien pudiera ayudarnos”, relató en diálogo con BBC News. El viaje estuvo plagado de desafíos: olas comparables al tamaño de una casa británica independiente, mal de mar y la amenaza latente de un huracán. Sin embargo, el mayor peligro no fue el clima ni el mar, sino la soledad extrema en la que se encontraban.
Pese a las adversidades, el padre y el hijo mantuvieron la determinación. Chris admitió no tener “piernas de marinero” y reconoció ser un amante de la tierra, lo que subraya el coraje necesario para lanzarse a semejante aventura. Durante la expedición, la distancia abrumadora de cualquier ayuda y la existencia de rutas sin respaldo de radares ni comunicación por radio acentuaron la importancia de cada decisión a bordo.

Un lugar inhóspito, escenario de una experiencia única
El 20 de marzo, el Hanse Explorer arribó al destino soñado. Allí, Chris y Mika decidieron nadar en aguas con una temperatura promedio de 7℃, una proeza jamás documentada en el punto Nemo. Además, experimentaron un incidente tan insólito como memorable: un albatros, con una impresionante envergadura de 3,4 metros, descendió para atacar inesperadamente al encargado de filmar la expedición. “Un albatros es un pájaro gigantesco, más del doble de mi altura”, recordó Chris Brown.

La presencia de vida fue toda una revelación. “Se supone que el punto Nemo tiene una biodiversidad muy baja. Pero no estaba solo el albatros, había unos 20 pájaros más”, señaló el explorador británico. El episodio refuerza que incluso los lugares más inhóspitos pueden ofrecer sorpresas inesperadas y desafíos únicos.

El sueño de explorar los polos de inaccesibilidad
La idea de conquistar los polos de inaccesibilidad nació para Chris Brown en 2016, durante una visita a la Antártida, en un viaje donde coincidió con el astronauta Buzz Aldrin. En 2018, mientras asistía a la “cena más alta del mundo” en el Everest, eventos ambos destinados a recaudar fondos para organizaciones benéficas, se inspiró al ver escaladores intentando coronar los picos más altos de cada continente.
Así surgió el reto personal: “¿Por qué no intentar llegar a los polos de inaccesibilidad de cada continente en vez de solo escalar montañas?”, se preguntó Brown. Ocho años después, completó seis polos y, tras su regreso del punto Nemo, selló la aventura con una pinta bien merecida en Tahití antes de volver a Yorkshire. “Cuando llego a uno de esos polos, siempre me preguntan ‘¿qué sigue?’ en vez de ‘¿necesitas un descanso?’”, confesó a CNN.
Al recibir la ansiada pregunta sobre qué haría primero al pisar tierra firme, su respuesta fue contundente: “Pisarla”. Así, la aventura entre padre e hijo logró quedar registrada como una de las grandes epopeyas de la exploración moderna.
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