
La Segunda Guerra Mundial marca profundamente cada página de El león, la bruja y el armario, la célebre novela de C. S. Lewis publicada en 1950. Tras la puerta del armario que lleva a Narnia, se esconde la huella de un episodio histórico que impactó a toda una generación: la evacuación masiva de niños británicos durante el Blitz.
Esta experiencia, que Lewis vivió de cerca al acoger jóvenes desplazados en su casa de Oxford, constituyó el punto de partida y la esencia de la saga que, siete décadas después, mantiene su poder de atracción sobre millones de lectores, según Smithsonian Magazine.
El mayor éxodo infantil británico: la Operación Pied Piper
En septiembre de 1939, dos días antes de que el Reino Unido declarara la guerra a la Alemania nazi, el gobierno británico activó la Operación Pied Piper. En apenas tres días, cerca de 1,5 millones de personas —entre ellas 800.000 niños— abandonaron ciudades como Londres, Manchester y Birmingham para refugiarse en zonas rurales.
A lo largo del conflicto, unos cuatro millones de británicos se desplazaron para escapar del peligro en lo que el Imperial War Museum describe como el mayor movimiento masivo de personas de la historia británica.
Los niños, a menudo separados de sus familias, enfrentaron destinos diversos: algunos hallaron en el campo una aventura irrepetible, mientras que otros padecieron la indiferencia o el maltrato de sus anfitriones. Esta realidad, que sobrecargó los servicios educativos y sanitarios, se refleja en la novela a través de los hermanos Pevensie —Peter, Susan, Edmund y Lucy— enviados lejos de Londres para protegerse de los bombardeos, recuerda Smithsonian Magazine.

La experiencia personal de C. S. Lewis
El propio C. S. Lewis fue testigo directo de la evacuación, hecho decisivo en el nacimiento de Narnia. En su residencia de Oxford, conocida como the Kilns, recibió a varios grupos de niños desplazados.
El primer grupo llegó en el otoño de 1939 y, con el tiempo, otros jóvenes también encontraron cobijo en la casa, entre ellos Patricia Heidelberger, quien evocó su llegada como “salir de las sombras hacia la luz del sol”.
La vida cotidiana en the Kilns no resultaba sencilla: la responsabilidad doméstica recaía en Janie Moore, una mujer mayor y enferma, y los menores colaboraban en las tareas del hogar y el cuidado de los animales. Destacó el caso de June Flewett, posteriormente conocida como June Freud, quien residió allí entre 1943 y 1945. Con 16 años, asumió numerosas tareas y dejó una marcada impresión en los hermanos Lewis.
Décadas después, Douglas Gresham, hijastro de Lewis, le confesó que ella había inspirado el personaje de Lucy, la intrépida niña que descubre Narnia. “No lo supe hasta entonces. Me sentí absolutamente emocionada”, relató Freud, según Smithsonian Magazine.
La guerra y su reflejo en Narnia
En El león, la bruja y el armario, el conflicto bélico trasciende la simple ambientación. La figura de la Bruja Blanca, que mantiene a Narnia bajo un invierno perpetuo y gobierna con autoridad absoluta, representa la amenaza y la resistencia.
El historiador Owen Dudley Edwards, citado por Smithsonian Magazine, afirmó: “El origen evidente de la Bruja Blanca es Hitler”, aludiendo a la atmósfera de estado policial y terror totalitario que impregna el reino ficticio. Sin embargo, otros especialistas como Devin Brown señalan que estos elementos pueden asociarse a cualquier tiranía histórica, desde Mussolini hasta Napoleón.

La narrativa de Lewis incorpora escenas y discursos propios de la propaganda bélica: la representación del lobo Maugrim, jefe de la policía secreta de la Bruja, y el enfrentamiento en el que Peter Pevensie lo derrota ilustran el miedo y el dolor de manera directa, recordando las vivencias de Lewis como soldado en la Primera Guerra Mundial, donde fue herido en la batalla de Arras.
El paralelismo entre Narnia y la Europa en guerra se advierte también en la estructura de la resistencia y la colaboración. La novela presenta su versión de la Gestapo y de campos de concentración —simbolizados por las estatuas congeladas—, así como traidores encarnados en el personaje de Edmund. Brown sostiene que, para Lewis, la literatura fantástica es un espacio donde los niños enfrentan los horrores reales a través de la imaginación.
“Narnia tiene su propio tirano, su propia policía secreta, sus colaboradores y su resistencia, pero en clave narniana”, explica, en declaraciones recogidas por Smithsonian Magazine.

Literatura como refugio y enseñanza de Narnia
Las palabras del propio Lewis resumen su visión sobre el poder de la fantasía: “Dado que es tan probable que se encuentren con enemigos crueles, al menos que hayan oído hablar de valientes caballeros y del coraje heroico”.
Para él, las historias de fantasía otorgan a los niños recursos imaginativos para afrontar la adversidad, en lugar de dejarles únicamente el peso de un realismo asfixiante. En Narnia, los hermanos Pevensie pasan de ser simples espectadores del conflicto a convertirse en reyes, guerreros y sanadores, capaces de transformar su entorno y de resistir el mal.
La modestia de Lewis le llevó a pensar que sus libros serían olvidados tras su muerte. No obstante, Las Crónicas de Narnia mantienen su vigencia y popularidad. La saga ha vendido más de 115 millones de ejemplares, cuenta con traducciones a unos 60 idiomas y ha inspirado adaptaciones cinematográficas y televisivas, según Smithsonian Magazine.
Forjada en el crisol de la guerra, la saga invita a comprender que, luego de atravesar aventuras extraordinarias, la mirada y las palabras de quienes han cruzado el umbral de lo imaginario nunca regresan iguales. El secreto compartido en la fantasía deja una marca inconfundible en quienes, aunque sea por un instante, habitaron ese otro mundo.
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