
“Sólo cuando vuelva Eitan yo voy a salir del cautiverio”. Con esa frase, Itzik Horn, padre de uno de los argentinos secuestrados por Hamas, resume la angustia y la esperanza que lo han acompañado durante dos años de espera. A pocos días de la posible liberación de su hijo, Horn describe una mezcla de emociones intensas, marcadas por la expectativa de un acuerdo de liberación que atribuye directamente a la intervención de Donald Trump.
Horn reconoce que vive en un estado emocional fluctuante. “Me siento medio bipolar”, confiesa, aludiendo a la tensión entre la alegría contenida por la inminencia del acuerdo y la cautela que le impide celebrar antes de tiempo. “Estoy contento porque parecería ser que esta vez va a pasar, más allá de que ya estuvimos varias veces ahí y después se cayó”, explica.
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El recuerdo de las esperanzas que se truncaron anteriormente lo lleva a mantener la guardia alta: “Hasta que el referí no da la última pitada, el partido no termina. Para mí el partido va a terminar cuando vea a Eitan y al resto de los secuestrados en casa; no sólo a los vivos, a todos, a los 47 y a la secuestrada. Ahí voy a creer que efectivamente eso ocurrió”.

El secuestro de Eitan Horn, junto con el de decenas de personas más, mantuvo a las familias en una situación de incertidumbre y sufrimiento prolongado. Las imágenes difundidas por Hamas, en las que Eitan aparece visiblemente deteriorado, son durísimas para su padre. “Más siniestro que ese fue el último video que sacaron de este pobre chico. Piel y hueso, más piel que hueso, cavando su propia tumba. Para eso tenés que tener una maldad terrible”, relata Horn, evidenciando el impacto de la violencia psicológica ejercida sobre los rehenes y sus familias.
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En este contexto, la figura de Donald Trump emerge como central en la percepción de los familiares. Horn sostiene que el avance hacia la liberación de los secuestrados se debe, en gran medida, a la presión ejercida por el expresidente estadounidense. “El éxito tiene un solo padre que se llama Donald Trump. Y eso es lo nos da a mí y a todos nosotros cierta tranquilidad”, afirma. Para él y otros familiares, la intervención del mandatario republicano fue determinante: “Si no hubiera sido por Trump, que los tiene agarrado de los de ahí, esto no hubiera sido posible, o hubiera sido más tarde”.
El proceso de información y apoyo a las familias de secuestrados se articula a través de una estructura oficial en Israel. Cada familia cuenta con un oficial de contacto del ejército y otro de inteligencia, encargados de transmitir novedades y datos relevantes. Sin embargo, Horn subraya la importancia de la confirmación oficial por encima de los rumores o anuncios mediáticos: “Para mí, que en todo el mundo digan que Eitan está en la lista de los que van a salir... muy lindo, pero para mi vale la palabra oficial. No es la primera vez que aparece en una lista y después no pasa nada”.
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La cobertura mediática y la opinión pública internacional también forman parte de las reflexiones de Horn. Expresa escepticismo ante la profundidad del conocimiento de quienes se manifiestan en apoyo a la causa palestina y cuestiona la información que circula fuera de Israel. “A todos los periodistas que hablan del genocidio en Gaza, muchachos, les propongo un ejercicio: salgan y pregúntenle a la gente, no a los activistas, sino a la gente que está en cada manifestación, si saben dónde queda Gaza”, plantea, poniendo en duda la comprensión real del conflicto por parte de la opinión pública.
El desgaste emocional y físico es una constante en la vida de los Horn y de otras familias de secuestrados. El humor, incluso en sus formas más oscuras, ha sido un recurso para sobrellevar la adversidad. Horn recuerda cómo su hijo Iair, también secuestrado y luego liberado, perdió casi la mitad de su peso durante el cautiverio. “Iair fue secuestrado con 120 kilos y salió con setenta”, revela, y añade que el humor negro familiar ha sido clave para resistir: “Nosotros en la familia Horn tenemos un humor muy particular. Algunos dicen que es hasta humor negro. No es un humor nuestro. A mí y a ellos, probablemente, el humor les permitió llegar hasta acá”.
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A medida que se acerca la posible liberación de Eitan, la familia se prepara para el reencuentro. Horn imagina el momento con una mezcla de ansiedad y alivio, consciente de que la recuperación será un proceso largo tanto para su hijo como para el resto de la familia. “Quizás con el retorno de Iair empiece a acomodarse”, reflexiona, aunque reconoce que las heridas del cautiverio no sanarán de inmediato.
La espera de Itzik Horn y su familia ha sido, en sus palabras, una forma de cautiverio compartido. Solo cuando Eitan cruce la puerta de casa, sentirá que la libertad ha regresado para todos.
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