
El 28 de julio de 1841, las autoridades encontraron el cuerpo sin vida de Mary Cecilia Rogers en las aguas del río Hudson, cerca de la cueva Sybil en Hoboken, Nueva Jersey. Tenía 20 años y trabajaba en un local de cigarros de Manhattan. Su desaparición, que había informado su madre tres días antes cuando la joven avisó que saldría a visitar a unos familiares, atrajo la atención de toda la ciudad.
La brutalidad del hecho, junto con la fama de la víctima, forjó un caso de enorme repercusión mediática y social en Estados Unidos. Años después, Edgar Allan Poe convirtió el crimen en un libro.
Conocida como la “Beautiful Cigar Girl”, Mary Rogers se había convertido en una figura popular por su trabajo detrás del mostrador del cigarro en la tienda de Liberty Street, propiedad de John Anderson. Allí, una clientela variada, compuesta por artistas, políticos y curiosos, acudía tanto por sus productos como por el carisma y la belleza de la joven. Incluso, según Smithsonian Magazine, la presencia de la joven convirtió la tienda en un punto de encuentro único para los neoyorquinos.
De acuerdo al relato del New-York Tribune, el cuerpo de Mary presentaba marcas de violencia, señales evidentes de que el crimen no había ocurrido por causas naturales. El periódico describió una “expresión peculiar de sufrimiento” en el rostro de la joven y resaltó lesiones alrededor de su cuello.
Aunque el hallazgo de una bufanda o encaje atado fue inflado con los años, la investigación inicial sostuvo que los datos sobre esa prenda partieron más de la construcción literaria y la leyenda que de pruebas materiales, como aclaró Amy Gilman Srebnick en su libro The Mysterious Death of Mary Rogers.

La confusión y la falta de avances impulsaron la aparición constante de pistas y teorías alternativas. Según precisó People, semanas después del entierro de Mary, los hijos de Frederica Loss, dueña de una taberna cercana al sitio donde apareció el cuerpo, encontraron un pañuelo con iniciales de la víctima, junto con su paraguas y trozos de su ropa.
Según Smithsonian Magazine y el libro de Srebnick, Loss también declaró ante la policía que el día de la desaparición vio a Mary acompañada de un hombre alto y de tez oscura. En su lecho de muerte, la mujer sostuvo que ese individuo era el médico local T. P. Quigley, lo que reforzó la hipótesis de una intervención médica fallida.
Este detalle alimentó una teoría popular: la de un aborto realizado por Quigley, que terminó en tragedia. La versión encontró eco no solo en la prensa, sino también en el enfoque literario que años más tarde adoptaría Edgar Allan Poe.
Mientras tanto, las autoridades recibieron una carta anónima en la que un testigo aseguraba haber visto a Mary en Hoboken con un grupo de seis hombres, el mismo día de la desaparición. Srebnick documentó que esta pista redirigió la investigación, provocando nuevas sospechas de un ataque grupal. La diversidad de evidencias y testimonios mantuvo el caso abierto y bajo el escrutinio público durante semanas.
La vida personal de Mary Rogers también se volvió objeto de especulación. El constante interés de los periódicos se centró en sus relaciones, su compromiso con Daniel Payne y los posibles vínculos con miembros del inframundo local. Según Srebnick, un año antes ya había ocurrido una desaparición breve de Mary, aunque en esa ocasión la joven regresó y explicó que estaba con conocidos. La diferencia con la última vez fue clara: esta vez no volvió.

Pocos meses después del hallazgo del cuerpo, el prometido de Mary, Daniel Payne, se suicidó cerca del lugar donde la hallaron. The New-Yorker, una publicación de la época —no relacionada con la revista actual—, recogió que él había buscado intensamente a su prometida los días previos al macabro descubrimiento, pero resultó extraño que no visitara el sitio del hallazgo.
En ese sentido, el mismo medio reveló el mensaje que Payne dejó en la escena: “Al mundo: aquí estoy, en este mismo lugar. Que Dios me perdone por mi vida malgastada”.
La historia pudo haber pasado al olvido si no fuera por el interés que le despertó a Edgar Allan Poe. Según Smithsonian Magazine, el escritor quedó fascinado tanto con la figura de Mary como con las limitaciones de la investigación policial.
En 1842, Poe comenzó a publicar de forma seriada la novela The Mystery of Marie Rogêt en la revista The Ladies’ Companion. Modificó algunos aspectos —trasladó el caso a París y convirtió a la protagonista en empleada de perfumería en vez de cigarrera— pero conservó el núcleo del misterio. A lo largo de la obra, intentó resolver el caso mediante el análisis lógico de las informaciones públicas y sumó nuevos elementos a medida que avanzaba la investigación real.
De acuerdo con la obra Poe the Detective de John Evangelist Walsh, el escritor revisó y extendió el relato con las especulaciones más recientes, aunque nunca formuló una solución definitiva para la muerte de Rogers. La novela marcó un hito para el género policial.
El impacto social del caso persistió durante años. La muerte de Mary Rogers se mencionó frecuentemente en los debates que derivaron en la sanción de la primera ley antiaborto de Nueva York en 1845 y también se usó para justificar la creación de una fuerza policial profesionalizada.
El asesinato de la “Beautiful Cigar Girl”, por sus misterios y ramificaciones sociales, transformó tanto la prensa como la ficción y dejó huellas en el desarrollo institucional de la ciudad.
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