
Muchos recordarán El último samurái, película donde Tom Cruise personifica a un desencantado oficial norteamericano que asiste a un grupo de samuráis dispuestos a enfrentar al ejército imperial japonés en defensa de las nobles tradiciones que se perdían ante la occidentalización del Japón. La película está inspirada en la Rebelión de Satsuma, conflicto en el que efectivamente se puso fin al régimen de los samuráis.
Históricamente, durante esa rebelión en particular no actuó ningún oficial extranjero, pero sí existieron soldados occidentales que participaron en las guerras del extremo oriente. Entre ellos se encuentran los oficiales franceses Jules Brunet y su colaborador Eugène Collache; también se conoce la actuación del mercenario norteamericano Frederick Townsend Ward, de activa participación en las guerras entre señores feudales chinos, y, por último, la participación de los hermanos holandeses Edward y Henry Schnell, que también cumplieron funciones diplomáticas en el Imperio del Sol Naciente.
Es curioso cómo el cine deforma los hechos, a pesar de que muchas veces la historia real ofrece versiones mucho más interesantes que las presentadas en el film.

Jules Brunet había nacido en Belfort, Francia, en 1838. Hizo una notable carrera en la academia de Saint-Cyr, especializándose en artillería. Como subteniente fue destinado a México, donde participó en la invasión francesa organizada para ungir como Emperador a Maximiliano de Austria. Brunet peleó en el país azteca desde 1862 hasta 1864. En ese tiempo le fue concedida la Legión de Honor.
En 1867, el shōgun gobernante de la familia Tokugawa pidió apoyo a Napoleón III para modernizar su ejército. Entre los expertos enviados estaba el capitán Jules Brunet. A lo largo de un año se desempeñó como instructor de artilleros.
Eran tiempos de cambio en Japón: el shogunato había sustentado el poder reduciendo al emperador a un plano casi decorativo. Pero, durante el proceso de occidentalización, la dinastía Meiji se había fortalecido y pronto comenzaron los enfrentamientos por las diferencias entre quienes querían atarse a las tradiciones y aquellos que favorecían la modernización de Japón.
El gobierno francés decidió que este era un conflicto nacional y que sus fuerzas no debían actuar en favor de ninguna de las partes en pugna, por lo que convocó a los asesores militares de Francia.

Jules Brunet decidió renunciar al ejército francés, tomándose la molestia de escribirle una carta a Napoleón III donde explicaba sus razones para sumarse al shogunato en defensa de las viejas tradiciones. En enero de 1868, acompañó a las tropas de Tokugawa en su marcha hacia Kioto. Fue de esta forma que Jules Brunet participó de la Guerra Boshin, específicamente en la batalla de Toba-Fushimi.
Aunque el número de tropas del shogun superaba casi tres a uno al ejército imperial, estos últimos contaban con rifles de repetición, cañones y las modernas ametralladoras Gatling. Fue un choque de balas contra sables, de proyectiles contra lanzas, de un noble pasado y un futuro cruel, pero auspicioso.
La batalla duró cuatro días, y finalmente Brunet debió huir con el almirante Enomoto Takeaki hacia Edo (hoy Tokio). Esta ciudad también cayó en manos de los Meiji, por lo que continuaron viaje al norte en busca del apoyo del clan Aizu. Esta coalición del norte fue derrotada por el moderno ejército imperial.
Los rebeldes Tokugawa –entre los que se contaba Brunet y su compañero Eugène Collache– resistieron el asedio de la ciudad portuaria de Hakodate, en la isla de Hokkaidō, desde diciembre de 1868 hasta junio de 1869.

Afortunadamente, Brunet y Collache fueron rescatados por una nave de guerra francesa que los llevó a Saigón y de allí regresaron a Francia. El gobierno japonés pidió a Napoleón III que sancionara a Brunet, pero para entonces la prensa francesa lo había convertido en un héroe.
Francia pronto se vio envuelta en un conflicto con Prusia y no se podía dar el lujo de prescindir de los servicios de un hombre de la experiencia de Brunet.
En 1870, Napoleón III perdió la batalla de Sedán y fue capturado por Bismarck; Brunet estaba entre los oficiales que escoltaban al emperador. Una vez más le tocaba estar del lado de los vencidos.
Mientras tanto, en Japón, su antiguo aliado, el almirante Enomoto Takeaki, fue perdonado y ascendido a jefe de la flota imperial. No solo logró el perdón de Brunet, sino que además se le concedió la máxima condecoración del Japón: la Orden del Sol Naciente.
Jules Brunet sirvió en el ejército francés por los próximos 17 años, llegando a ser jefe del Estado Mayor, antes de su muerte en 1911.
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