La película “Mi pobre angelito 2”, estrenada en 1992, trascendió su éxito comercial para convertirse en un emblema del cine familiar de los años 90. Ambientada en Nueva York, la secuela muestra al joven Kevin McCallister (Macaulay Caulkin) en medio de persecuciones y situaciones cómicas por emblemáticos paisajes urbanos. Entre las escenas, surge una sutil referencia a la historia argentina: el monumento a José de San Martín en Central Park.
Este elemento, inadvertido por muchos espectadores, representa un inesperado homenaje dentro de una de las producciones más recordadas de la época.

La escena que une a Kevin McCallister y San Martín
En una secuencia emblemática, el pequeño protagonista atraviesa Central Park escapando de sus perseguidores. La cámara, elevada sobre el escenario neoyorquino, logra captar la silueta de la estatua de San Martín levantando su brazo. La imagen sugiere que el prócer argentino señala el camino al joven protagonista, generando así un sutil guiño a la cultura argentina. Solo una mirada atenta puede advertir la presencia de ese símbolo nacional en medio de una de las ciudades más famosas del mundo.
La inclusión del monumento en el plano no fue casual. El director de fotografía argentino Julio Macat, nacido en Rosario, advirtió la oportunidad durante el rodaje. Gracias a su visión, una obra que homenajea a la historia argentina ganó un lugar inesperado en una superproducción de Hollywood, fusionando su orgullo nacional con la narrativa cinematográfica.
“El chico (Culkin) salía del parque y estaba buscando algo interesante para la escena. Dio casualidad que él salía por un caminito y de repente veo la estatua de San Martín apuntando así la mano y digo: ‘Sería interesante que me pusieran al chico así, que es como que él lo está guiando a dónde tiene que ir’”, explicó Macat en una entrevista que le dio al canal de YouTube “Mirá a Quién Encontré” en el año 2018.

El monumento en Central Park: historia de una réplica
La estatua de San Martín que aparece en la película es mucho más que un decorado urbano. Se trata de una réplica de la primera imagen monumental dedicada al Libertador, cuyo original se encuentra en la Plaza San Martín, barrio de Retiro, en Buenos Aires. La Argentina donó esta copia a Nueva York en 1950, año en que se cumplió el centenario del fallecimiento de San Martín.
Desde entonces, la escultura ocupa un sitio destacado en Central Park, uno de los espacios más transitados y emblemáticos de la ciudad, brindando visibilidad internacional a la figura de San Martín. Cabe señalar que monumentos similares se encuentran también en una enorme cantidad de países, de Francia a Filipinas, de Lima a Beijing, pasando por todas las ciudades capitales de Europa y Latinoamérica y más allá.

El arte de dejar huella
Macat compartió en entrevistas los entretelones de la inclusión del monumento en la película. Relató que, durante la producción de la escena en la Sexta Avenida, aprovechó que tenía acceso a una grúa para elevar la cámara y que, al observar la estatua entre las ramas de los árboles, ideó una toma en la que Kevin se detiene justo donde el dedo de San Martín parece guiarlo. Esta elección artística permitió dar un espacio inesperado a un símbolo patrio en un filme mundialmente famoso.
Macat, quien además trabajó en otras películas de renombre en Hollywood, sostiene que cada vez que puede sumar un detalle argentino a sus proyectos lo hace con orgullo y emoción. Para él, incorporar un guiño nacional es una forma de mantener el lazo con su país de origen, especialmente en escenarios lejanos y en equipos de rodaje internacionales.

De Argentina al mundo: el legado de San Martín en la cultura global
La figura de San Martín trasciende los límites nacionales y, además de su monumento presente en las principales ciudades, sus hazañas son estudiadas en las grandes academias militares del mundo. Sin embargo, su sutil aparición en este caso representa una de las formas más originales de proyectar la historia argentina en nuevas audiencias y contextos.
La escena de Mi pobre angelito 2 donde emerge la estatua es testimonio de cómo pequeños detalles pueden resignificar una película y estrechar lazos culturales a miles de kilómetros de distancia.
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