
El 6 de agosto de 1824, cerca de las 17.00 horas chocaron en las pampas de Junín (Perú), la caballería independentista y la caballería real (1), buscando eliminarse mutuamente de la región de Jauja.
Sin embargo, a poco de producirse el brutal choque de escuadrones (2) en el cordón montañoso del Chacamarca, todo parece estar perdido y los patriotas galopan en retirada para ponerse bajo la protección de los batallones de infantería distantes a dos leguas, casi unos 10 kilómetros.
A medida que el caos y la confusión se apoderaban del elemento patriota, los realistas producían estragos sobre los grupos de jinetes rezagados. Sin embargo, al lanzar la persecución los escuadrones españoles se fueron dispersando, perdiendo cohesión y el efecto de masa. En resumen, empezaron a desorganizarse.
El 1er Escuadrón de Húsares del Perú (160 jinetes) (3) a cargo del teniente coronel argentino Manuel Isidoro Suárez no había podido ingresar al embudo por falta de espacio y permaneció oculto al pie de la quebrada dando grupas al arroyo y al pantano.

De pronto vio pasar a los jinetes colombianos y a sus camaradas de armas, espueleando a sus caballos para no ser alcanzados por los realistas. A metros pasaron también cientos de jinetes realistas en una alocada persecución.
Suárez al ver que había quedado escondido a retaguardia, solicitó órdenes por estafeta a su comandante de división peruana, el mariscal de campo José de La Mar. El mayor José Andrés Rázuri (peruano, natural de San Pedro de Lloc), fue el estafeta seleccionado. Lo escoltaron el sargento Fermín Gutiérrez (oriental, de Salto) y el soldado húsar peruano Pedro José Ríos, nacido en Ica. (4)
Transcurren minutos que parecen horas. Al galope tendido, con los cuerpos inclinados hacia adelante, en paralelo con la tabla (el cuello de caballo), alivianan el trasero del lomo del animal. Todo es confusión y caos. Es una pesadilla que nadie imaginó hace solo unas horas cuando se distinguió al español del otro lado de la Laguna de los Reyes.
Soldados heridos, perdiendo el sentido y el equilibrio a caballo. Otros que se ponen en paralelo, para socorrerlos... caballos que galopan solos sin sus jinetes enloquecidos siguiendo la retirada patriota, otros, que han quedado verdeando cerca del pantano, junto al cadáver de su dueño esperando una señal de vida. Gritos, quejidos, nubes de tierra y calor. Toques de retirada de distintos trompa. Relinchos, miedo, desesperación y muerte van surcando a los tres jinetes.

Rázuri grita entre las compañías de granaderos colombianos y argentinos sobrevivientes, buscando al general La Mar. Sus dos escoltas galopan en silencio, observando el dantesco escenario. No han entrado en combate aún y eso los pone un poco incómodos. Sus uniformes impecables los delatan. Alguien contesta entre los caballos del frente, que se guíen por el estandarte de adelante. Los tres espolean a los animales para alcanzar al general.
La Mar escucha nuevamente el pedido de parte (permiso para hablarle) de Rázuri y toma el trote. La escolta del general se abre y pasan los tres jinetes. Éste le responde teniente coronel Suárez: “Dígale a Manuel Isidoro, que se repliegue con el escuadrón, pues todo esto ya se perdió... (5) Nos vamos a vengar cuando alcancemos al ejército”. En eso, ya combaten nuevamente con un escuadrón español de Dragones de la Unión que les dio alcance.
Rázuri debe abrirse paso a los sablazos. El húsar Ríos, recibe un corte en el brazo derecho que empieza a sangrar. Siente como el brazo se entumece. Envaina su sable y sigue galopando con la mano izquierda. No siente el tacto de su mano derecha.
Al regresar a la posición de su escuadrón y observar la situación que se estaba viviendo, Rázuri detiene su caballo que camina exhausto, resoplando frente al de Suárez. Se toma unos segundos de aire y expresa: «mi coronel, el general La Mar ordena que cargue Ud. de todos modos» Los dos escoltas se miran sin entender lo que acaban de escuchar.

Suárez obedeciendo de inmediato lo dicho por Rázuri, ordena la carga al trompa y el escuadrón al galope se lanza hacia la retaguardia y el flanco norte realista. En momentos en que el trompa de los húsares peruanos tocó: “A degüello” por orden de Suárez; el escuadrón de granaderos a caballo del comandante Alejo Bruix, con sus granaderos a caballo de Los Andes, lo escuchan y detienen la retirada sorprendidos por lo que estaba sucediendo. Levanta su brazo derecho.
Estos reconocen enseguida ese toque, porque era el utilizado por los granaderos a caballo de San Martín que se había hecho famoso en todo el Ejército de Los Andes desde el combate de San Lorenzo (Santa Fe, Argentina) en 1813.
Suárez y sus húsares logran detener a la retaguardia realista. El grueso de la caballería real se vio obligada a combatir a éstos y a abandonar la persecución de la caballería patriota. Bruix volvió grupas a retaguardia y cargó al galope, estrellándose contra los cientos de jinetes de Bedoya que se molestaban para ultimar al impertinente escuadrón peruano.
En esta segunda carga participaron el general Miller y los coroneles colombianos Carbajal, Silva y el mayor Braun que no dudaron en volver a la lucha.
Al recibir este último golpe y ver a los jinetes argentinos peleando con denuedo, por la sola acción de camaradería hacia los peruanos de Suárez, los realistas dudaron unos minutos y algunos se empezaron a retirar. A partir de allí y para sorpresa de Canterac, el combate que estaba ganado invertía su resultado. A medida que los escuadrones patriotas producían más bajas con sus sables, la caballería real empezó a retroceder y finalmente se retiró al galope, buscando la protección de la infantería del otro lado del Chacamarca.

Bolívar y su Estado Mayor, fueron interceptados por otro estafeta, enviado por Miller, informándole de la crucial victoria “… felicitó al Comandante Suárez por su brillante acción, decretando asimismo que el Escuadrón de Húsares del Perú, que acababa de ejercer una influencia tan decisiva sobre la suerte de la jornada, se denominara en adelante “Húsares de Junín”. (6)
Analizados todos los encuentros militares más trascendentes por la emancipación de Sudamérica del poder militar español, el combate de Junín es el mayor choque de caballería producido entre unidades de esta misma arma. Si bien pueden sumarse más efectivos en batalla, -como Ayacucho o Maipú-, nunca se superó un encuentro de jinetes al ocurrido el 6 de agosto de 1824.
La colaboración entre soldados argentinos y peruanos jugó un papel crucial en este proceso, demostrando un espíritu de solidaridad y un objetivo común de libertad, diseñado por el general José de San Martín. Este momento histórico sentó las bases de una amistad duradera entre ambas naciones, que persiste hasta nuestros días.

Se dice que al término del combate, el mariscal La Mar ordenó que se le presente Rázuri, a quien le dijo: «debería Ud. ser fusilado; pero a Ud. se le debe la victoria…».
(1) Nota del autor: El general Simón Bolívar se encontraba avanzando con el Ejército Unido Libertador del Perú con 9.100 hombres de infanteríay 900 de caballería. El teniente general (franco español) José de Canterac también alertado de que el ejército colombiano-peruano amenazaba su retaguardia, venía replegándose a marchas forzadas con su ejército fuerte en 7.000 hombres de infantería y 1.300 de caballería. Ambos contendientes se divisaron en las márgenes del lago Reyes, marchando en direcciones opuestas.
(2) La caballería patriota estaba a cargo del general argentino Mariano Necochea, quién a poco de iniciarse el combate, se internó bravamente en el dispositivo español y fue dado por muerto. Al final de esta acción fue hallado con vida con muchas heridas graves en todo su cuerpo.
(3) Zuviría, 1961, p. 522: El Escuadrón de Suárez estaba integrado por reclutas de Trujillo, Chiclayo y Lambayerque.
(4) Nota del autor: los escoltas son personajes ficticios.
(5) Nota del autor: Se desconocen las palabras exactas, aunque sí se sabe que la orden concreta de La Mar fue de repliegue.
(6) Anschütz, 1945, p. 402.
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