
Lo que debía ser unas vacaciones de ensueño para la familia Bradley, de Chesterfield, Virginia, se transformó en una pesadilla. El 21 de marzo de 1998, Iva y Ron Bradley zarparon desde San Juan, Puerto Rico, a bordo del lujoso crucero Rhapsody of the Seas de Royal Caribbean, acompañados por sus hijos, Brad (21) y Amy (23).
Era el inicio de una travesía de siete días por el Caribe, con paradas previstas en Aruba, Curazao, Sint Maarten, St. Thomas y Virgin Island, regresando al punto de partida. Eran unas de las últimas vacaciones para disfrutar tiempo de calidad en familia antes de que los hijos abandonaran el nido. El ticket era un regalo del empleador de Ron. Una oportunidad imperdible.

Tras la primera escala en Aruba, el crucero navegaba rumbo a Curazao, isla del Caribe neerlandés frente a la costa de Venezuela. En algún momento entre la madrugada y el amanecer del martes 24, Amy desapareció sin dejar rastro. La familia alertó de inmediato a la tripulación. El FBI revisó cada rincón del barco con capacidad para 3000 pasajeros, pero no hallaron indicios de su paradero. Amy no desembarcó y nunca más fue vista por su familia. A más de dos décadas del hecho, sus padres mantienen una convicción, que Amy está viva.
El 16 de julio se estrena en Netflix La desaparición de Amy Bradley una docuserie de tres episodios dirigida por Ari Mark y Phil Lott (Ample Entertainment), que reconstruye tramo a tramo cómo las vacaciones de esta familia de ser grandiosas se transformaron en un infierno tras la desaparición inexplicable de Amy y la investigación posterior. El tráiler abre con una frase impactante: “Si alguna vez querés matar a alguien, llevátelo a un crucero. No te atraparán”.
Son pocas las fotos que quedaron registradas del viaje en crucero de la familia. Algunas que se difundieron muestran a Amy vestida con un elegante vestido negro y una gargantilla bien visible por su pelo corto. Y sonriente, en lo que parecía ser una noche de gala. Brad llevaba esmoquin y moño. Era una celebración formal donde los pasajeros cenaban con el capitán. Según testimonios, Amy había estado de buen humor durante la velada.

Amy Lynn Bradley, recién graduada de la universidad y jugadora destacada de básquet, además de excelente nadadora, fue vista por última vez en la discoteca del barco, sociabilizando, bailando junto a su hermano y otros pasajeros. Horas antes habían compartido esa misma fiesta, llamada Calipso -por un género musical alegre caribeño-, con sus padres, quienes se despidieron cansados y se fueron a dormir.

Su padre fue el último en verla con vida. “A eso de las 5:30 de la mañana la vi en el balcón. Un rato después me desperté nuevamente y ya no estaba”, recuerda Ron en el documental. Alarmado, recorrió el barco una búsqueda, que a medida que avanzaba, comenzaba a preocuparlo cada vez más. “Cuando no la encontré, no sabía qué pensar. Amy no era de salir sin avisar”.
La madre, con una larga cabellera blanca y los ojos cargados de lágrimas, rememora el momento en que su marido volvió a la habitación ya aterrorizado: “Me dijo: ‘Busqué a Amy por todos lados y no la encuentro’”. Horas más tarde, el capitán informó que el FBI había registrado la nave y confirmó lo peor: “Su hija no está en este barco”.

Las primeras hipótesis apuntaron a un posible accidente: que Amy hubiera caído al mar. Pero el cuerpo jamás apareció. La familia sostuvo desde el inicio que la joven no tenía razones para quitarse la vida y que era improbable que hubiera salido sin decir nada. No era su costumbre. Además, Amy había sido aceptada recientemente para comenzar un nuevo trabajo y tenía planes para mudarse. Había adoptado un perro. Todo indicaba que estaba en una etapa positiva de su vida.
En una entrevista con NBC News en 2005, su madre recordó: “Rogamos que no bajaran la rampa, que no dejaran desembarcar a nadie. Les dijimos que si Amy se hubiera ausentado más de 15 minutos, nos habría dejado una nota. Pero la bajaron igual. Hubo pasajeros que abandonaron el barco en Curazao”. Descendieron de ese gigante del mar unos 2400 pasajeros. Una multitud frente a la desesperación de los Bradley.

“Mis padres y yo hemos soportado mucha tristeza, pero lo último que le dije a Amy fue ‘Te amo’. Saber eso siempre me reconfortó”, declaró Brad en un video difundido por el FBI. La familia regresó a Estados Unidos destrozada sin Amy, con la sensación de que había ocurrido algo más grave que un accidente.
La desaparición dejó perplejos a los cientos de pasajeros. Algunos dijeron haber visto a una mujer en la cubierta superior cerca del amanecer. Otros aseguraron que Amy estaba acompañada por un miembro no identificado del personal del barco. Un camarero también dijo haber hablado con ella en la mañana, pero su testimonio no pudo ser confirmado. La tripulación del barco fue entrevistada, pero no todos sus miembros fueron sometidos a una revisión exhaustiva.

Tras zarpar nuevamente, el crucero hizo otras escalas antes de regresar a Puerto Rico el 28 de marzo. La búsqueda se amplió y el FBI inició una investigación conjunta con autoridades locales. Todos eran considerados sospechosos. A pesar de los esfuerzos, no se obtuvieron resultados concluyentes. Con el paso del tiempo, aparecieron versiones de que Amy fue vista en distintas regiones del Caribe y en Venezuela, aunque ninguna fue confirmada.
Los padres de Amy insisten en que su hija fue víctima de un crimen, e incluso manejan la posibilidad de una red de trata. En 1999, una mujer estadounidense que visitaba un prostíbulo en Curazao aseguró haber visto a una joven parecida a Amy, visiblemente asustada, que le dijo: “Me llamo Amy Bradley y necesito ayuda”. También hubo informes de posibles avistamientos en Barbados, pero nuevamente, sin evidencia suficiente para avanzar. A lo largo de los años, recibieron fotografías anónimas e incluso mensajes crípticos.
El FBI ofrece hasta 25.000 dólares por información que permita ubicar a Amy Lynn Bradley o identificar y condenar a los responsables de su desaparición. En sus comunicados, destaca características distintivas de la joven: un tatuaje del demonio de Tasmania girando una pelota de básquet en el hombro, un sol en la parte baja de la espalda, un símbolo chino en el tobillo derecho, un lagarto en el ombligo, y un piercing en esa misma zona.

El caso se mantuvo vigente en programas de televisión como America’s Most Wanted, Unsolved Mysteries y Dr. Phil. La historia de Amy generó un debate más amplio sobre los protocolos de seguridad en cruceros turísticos y la jurisdicción legal en aguas internacionales.
“Hay historias que deben contarse”, escribieron los directores Mark y Lott en un comunicado. “Y esta es una de ellas”.
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