Cuando José Álvaro Osorio Balvin empezó a dedicarse a la música, ni siquiera se animaba a soñar que desde su Medellín natal iba a poder imponerse como una figura a nivel mundial. De hecho, para un colombiano como él, lo más prometedor a la hora de pensar en el futuro era ir a la Universidad. Y así lo hizo. El artista cursó hasta el séptimo semestre de la carrera de Relaciones Internacionales en la EAFIT. Pero su alter ego fue más fuerte. Y persistió hasta convertirse en J Balvin, la gran estrella del reggaetón.
Llegó al mundo hace cuarenta años, el 7 de mayo de 1985, en el seno de una familia acomodada compuesta por el dueño de una compañía de distribución doctorado en Marketing internacional, Álvaro Osorio Gofar, y Alba Mery Balvin, quien había estudiado medicina aunque nunca llegó a ejercer su profesión ya que se abocó a su hogar. Sin embargo, cuando José estaba terminando el secundario, el negocio de su padre quebró. Y eso marcó un antes y un después en la vida del joven, que se sintió en la obligación de devolverle un buen pasar a los suyos.
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Después de haber perdido casa y auto, el matrimonio tuvo que mudarse a un barrio modesto junto a José y a su hermana mayor, Carolina. Y, aunque nunca tuvieron sus necesidades básicas insatisfechas, ellos sintieron que la sociedad comenzó a mirarlos con otros ojos. Y eso repercutió en el artista. “Cuando iba al barrio, la gente me veía como una persona rica, pero cuando estoy con gente rica me ven como alguien del gueto. Son todas percepciones. Me gusta moverme entre mundos. Me siento igualmente cómodo en ambos“, explicó ya de grande.
Para entones, munido de la guitarra eléctrica que le habían regalado en Navidad cuando tenía apenas 10 años, ya había comenzado a tocar en bandas de rock. Y, de alguna manera, sentía que lo suyo era estar arriba de un escenario. Cuando tenía 17 años viajó a Oklahoma para aprender inglés en un intercambio estudiantil. Y aunque no la pasó bien, ya que según contó la persona en cuya casa había vivido le había quitado su pasaporte y no le permitía comunicarse con su familia, cuando por fin pudo salir de ese lugar decidió quedarse en los Estados Unidos. Así que abandonó sus estudios y se instaló durante un par de años en la casa de una tía en Nueva York, dispuesto a comenzar su carrera como cantante.
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Claro que, mientras luchaba por lograr la gloria, de alguna manera tenía que mantenerse. Así que realizó distintas changas para poder sobrevivir. “Estuve paseando perros en Nueva York. Luego regresé a Colombia por un tiempo corto y volví a Miami, donde estaba buscando el sueño de ser artista. Ahí pintaba casas que, la verdad, las pintaba muy mal. Había trabajos que siempre fueron muy fuertes. Por ejemplo, pintar ascensores con esa pintura de aceite o pegar techos al mediodía con ese calor, es durísimo”, afirmó.
En suelo estadounidense se enamoró de Hip Hop. Pero en su patria y por consejo de su padre, que le hizo escuchar Gasolina de Daddy Yankee, formó parte del movimiento que hoy se conoce como la Universidad de la calle, y que estaba integrado por un grupo de músicos que comenzaron a mezclar el rap con el reggaetón. Fue por aquellos años que conoció a Fat Al, un artista residente en Miami, que lo rebautizó como J Balvin.
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En 2004 grabó su primera canción en Estados Unidos, Panas, pero no logró mucha repercusión. Sin embargo, con Éxtasis, en 2007 fue profeta en sus pagos y obtuvo una nominación a los Premios Nuestra Tierra. Desde entonces, simplemente, los éxitos se fueron sucediendo. Ella me cautivó fue nominada a Canción del año en 2009. En 2010, Sin compromiso no solo se convirtió en un gran éxito en Colombia, sino que también entró en la lista de los Billboard. Y siguió lanzando hits hasta 2012, cuando se consagró de manera internacional de la mano de Yo te lo dije. Finalmente, 6 AM, tema que grabó en colaboración con Farruko, lo terminó catapultando a la cima del estrellato.
Desde entonces, todo parecía encaminado en la carrera de Balvin. En 2014 triunfó con Ay Vamos, en 2015 lanzó Ginza, en 2016 editó Bobo, en 2017 descolló con Mi Gente, en 2018 grabó X con Nicky Jam, en 2019 hizo Con altura junto a Rosalía...Y ya no hubo premiación en la que no estuviera presente. De hecho, en 2020 batió el récord de nominaciones a los Grammy Latino, al obtener ni más ni menos que 13 en el mismo año. Y fue incluido entre las 100 personas más influyentes por la revista Time.
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En tanto, después de haber mantenido un par de relaciones con personalidades más o menos famosas, en 2017 conoció a la modelo argentina Valentina Ferrer, con quien el 27 de junio de 2021 se convirtió en padre de su único hijo, Rio. Desde entonces, a los ojos del público, todo parecía marchar de maravillas en su vida. Sin embargo, en lo más profundo de su intimidad, el músico tuvo que librar una dura batalla contra la depresión y la ansiedad.
Para que su padre no estuviera sin trabajo mientras él crecía profesionalmente, Balvin lo convenció de que se convirtiera en su mánager. Y el hombre cumplió esa función durante una década. Pero cuando la relación laboral empezó a interferir con la personal, el cantante optó por separar los tantos para preservar a la familia. Esta situación, sumada a la enfermedad de su madre, que padecía porfiria aguda intermitente y sufría de fuertes dolores, a las presiones laborales y a los traumas que acarreaba de su infancia, lo hizo trastabillar psicológica y emocionalmente.
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“Acepto y enfrento los aspectos que afectan mi cuerpo y mi mente, y reconozco que soy vulnerable y muy frágil ante esta y miles de situaciones más”, dijo después de haber experimentado ataques de pánico. También reconoció haber hecho tratamientos para poder sobrellevar su situación. Y dijo haber tenido varias recaídas, que logó superar gracias a la meditación y a la ayuda de profesionales. “El alma también llora y por ello es importante hablar”, escribió en una oportunidad, instando a sus seguidores a no avergonzarse por estar transitando problemas de salud mental.
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