
Dennis Hope tiene un trabajo bastante normal. Es agente inmobiliario. Lo diferente es el material con el que trabaja: son los terrenos que vende. Hace más de cuarenta años que está en el negocio y le va bien, logró montar una gran empresa. Ninguna de sus operaciones tuvo como objeto una propiedad en nuestro planeta. Lo que él tiene para ofrecer son terrenos en la Luna y en Marte, Mercurio, Venus, Júpiter y sus respectivos planetas. Es un agente inmobiliario galáctico. Vendedor cósmico.
¿Cómo hizo para llegar a hacer una fortuna vendiendo terrenos en la Luna y otros planetas? Con desparpajo, ingenio y una excelente estrategia de negocios.
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Todo nació de la desesperación. Dennis Hope había tenido muchos trabajos, quería ser actor y no quedaba en ningún casting e intentaba ganarse la vida como ventrílocuo en descascarados shows de variedades que recorrían pueblitos norteamericanos. En 1980 se divorció de su esposa y perdió lo poco que tenía. Una noche, mientras manejaba sin rumbo, vio carteles de venta y alquiler en varias propiedades. Se dijo a sí mismo que si tuviera algunas propiedades para vender o al menos para hipotecar sus problemas se arreglarían por un buen tiempo. Metido en sus pensamientos vio en el cielo cómo se recortaba una radiante luna llena. Se empezó a reír solo. Le pareció una idea tan buena que la tuvo que decir en voz, tuvo que escucharse a sí mismo: en la Luna había muchísimos terrenos para vender. Y él se encargaría de hacerlo.
Antes de lanzar su plan, consultó el Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, al que se conoce usualmente como Tratado del Espacio elaborado por la ONU. El artículo 2 establece: “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”. Habla de naciones, de países, que no pueden apropiarse de la Luna. Hope se dio cuenta de que no menciona a los particulares. Así que lo interpretó como una laguna y se lanzó a vender. Tomó otro recaudo. Envió cartas oficiales a la ONU y a los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Soviética. Ninguno se molestó en responder, nadie se tomó en serio a este –valga la redundancia- lunático. Ese silencio, esa omisión, la falta de prohibición al respecto, hizo que Dennis Hope se sintiera habilitado para lanzar su negocio. Muchos –millones de personas- sintieron lo mismo que él y le compraron parcelas lunares a lo largo de estas cuatro décadas.
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Entre ellas tres expresidentes de Estados Unidos como James Carter, Ronald Reagan y George Bush. Celebridades de Hollywood como Clint Eastwood, Tom Hanks, George Lucas, Tom Cruise, John Travolta y otras más módicas y locales como el Tirri, el ex integrante de los Fabulosos Cadillacs y primo de Marcelo Tinelli, que en un almuerzo con Mirtha Legrand confesó que había adquirido cuatro parcelas.
Una de las claves del negocio es el valor de los terrenos. A Dennis se lo puede acusar de muchas cosas pero no de que su ambición lo ciega. 24 dólares más impuestos. Accesible para cualquiera. Una cifra por la que vale la pena arriesgarse, hacer una broma o un regalo muy original. Si hubiera querido sacar más dinero por cada lote, el negocio hubiera fracasado. Así logró vender muchos de poco valor. Y se convirtió en millonario. Con esta idea estrambótica recaudó más de 11 millones de dólares. Según él tuvo alrededor de seis millones de clientes de 193 países. Negoció con casi 2.000 empresas: “Vendimos 611 millones de acres de tierra de la Luna, 325 millones de acres en Marte, y entre Venus y Mercurio, unos 125 millones de acres”, dijo una década atrás.
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También según él, única fuente de esta historia, sólo 6 clientes le reclamaron la devolución del dinero.
La compra incluye el título de propiedad, un mapa de su ubicación en la superficie lunar y un ejemplar de la Constitución Galáctica.
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Cada tanto, aprovechando efemérides varias de la Conquista del Espacio, saca promociones y hace 2x1 u ofrece el segundo lote a la mitad del valor.
Todos estos negocios los hizo a través de Lunar Embassy la empresa que fundó y de la que sigue siendo propietario hasta el día de hoy.
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Otra muestra de su falta de ambición (desmesurada): sólo comercia con terrenos situados en la Luna y en algunos planetas del Sistema Solar, no se mete con el resto del universo.

La rivalidad con el “dueño” del Sol
El Sol, en algún momento, fue un problema. Hubo varias personas que se autoproclamaron dueñas del sol, entre ellas una mujer en Galicia. Pero el más obstinado opositor relacionado con el Sol fue un científico rumano de apellido Pop que intentando demostrar el fraude de Hope se declaró dueño del sol y le exigió a Hope y a Lunar Embassy que le pagara por la luz que le brindaba: le envió una factura por 30 millones de dólares por la energía suministrada durante tantos años. La respuesta de Hope fue contundente y veloz: “Disculpe, señor Pop, luego de discutir con los propietarios lunares, hemos decidido que no queremos su energía. Por favor, apáguela”.
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Hubo un antecesor a Hope, un chileno llamado Jenaro Gajardo, un abogado chileno que autoproclamó dueño de la Luna alrededor de la década del cuarenta. Lo siguió sosteniendo durante años, hasta su muerte en 1987. En 1954 fue ante un escribano y labró un acta en la que decía ser el único propietario de la Luna. Dicen que el motivo fue porque deseaba ingresar a un club social en Talca, su ciudad, y que el requisito para ser socio era demostrar que se poseía al menos una propiedad a través de una escritura pública. Gajardo se presentaba en los medios y contaba de sus planes. Se le complicó la historia cuando el Apolo 11 llegó finalmente en 1969. Gajardo, salió con elegancia del brete. Dijo que Richard Nixon le había enviado una carta solicitando autorización para el alunizaje y que él la brindó sin inconvenientes. Ningún investigador pudo ver nunca esa carta.
Hope no puso en venta toda la superficie de la Luna. Dice que los monumentos (así llama a los lugares en los que estuvieron los astronautas o hay marcas del paso del hombre), las reservas naturales y las áreas de investigación no son pasibles de ser negociadas.
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Empezó a vender los terrenos en la Navidad de 1980. Iba a centros comerciales e improvisaba un stand. Después era mérito de su poder de convicción, de su capacidad de seducción, de sus dotes de vendedor. Muchos quedaron seducidos e intrigados y compraron ese regalo excéntrico para el arbolito de Navidad. Hizo alrededor de 600 ventas. Eso lo engañó, pensó que todo iba a ser fácil. Pero en los siguientes 15 años sólo logró ubicar, en promedio, 100 títulos cada doce meses. No podía subsistir con eso. Todo cambió cuando llegó Internet. Sus ventas se dispararon. A partir de 1995 se dedicó exclusivamente a su trabajo lunar.
Cuando le empezó a ir muy bien, surgió otro problema: la competencia. Muchos quisieron copiar su modelo de negocios. Y vender lo mismo que él. Por un lado descubrieron que no era tan sencillo cómo Dennis lo hacía ver. Por el otro, los que consiguieron aceitar su negocio, le sacaron clientes a Hope. Él, entonces, trató de mejorar la oferta, de hacer más atractivo su negocio. Aumentó sus campañas digitales, modificó el diseño de los títulos de propiedad y ofrece nuevos servicios.
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Muchos de los que copiaron su modelo habían sido antes empleados de él, habían manejado algunas de las agencias que Lunar Embassy tiene en distintos puntos de Estados Unidos y en más de veinte países. Hope, enojado, llamó estafadores a estas personas que se fueron de su lado para montar su propio negocio.
En 2004 dio a conocer la Constitución Lunar, la carta magna del satélite de nuestro planeta. Presentó una nueva solicitud a la ONU, esta vez con el fin de ser reconocido como nación. No esperó la respuesta y comenzó a emitir pasaportes lunares, documentos que acreditan que alguien es ciudadano lunar. Las condiciones para convertirse en uno son sencillos: hay que ser propietario de un terreno vendido por Hope y luego hay que comprar el pasaporte por otros 21 dólares. Envió también una solicitud para ingresar al FMI. El organismo fue el único ente oficial que alguna vez le respondió una misiva. Escuetamente rechazó el ingreso por no cumplir con las condiciones necesarias.

Dennis tiene 76 años. Juega al golf, le gusta andar a caballo y es el presidente de la Nación Galáctica, aunque nunca ha logrado que lo reciba ningún primer mandatario. Las sucursales alrededor del mundo que venden terrenos son sus embajadas. Dice que está en contacto con otros líderes de distintos sitios del universo aunque en la Tierra lo ignoren, pero que por cuestiones de prudencia no puede revelar mucho más.
Hace un tiempo largo que Dennis no da entrevistas. Corrección: lo que no da son entrevistas gratuitas. Si alguien quiere el relato de primera mano debe pagar, algo bastante coherente con su modus operandi. El que sí habló en 2019 con Emilse Pizarro para una nota que publicó Infobae, fue el Ceo de Lunar Embassy, Christopher Lammar. Lo que Emilse descubrió es que a pesar del apellido diferente –posiblemente el padre utilice un seudónimo- Lammar es hijo de Dennis Hope, todo queda en familia.
Lunar Embassy sigue hasta el día de hoy, 44 años después de su creación, vendiendo parcelas en la Luna.
“Me llamaron, corrupto, estafador, que había urdido un fraude. Se equivocan. Sólo tuve una idea y la seguí, trabajé para que se hiciera realidad. Ah, además supe tratar a mis clientes” dice Dennis Hope. Y algo de razón tiene.
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