“Un goloso de alma con un paladar sofisticado”, así se definía Francisco Bellotti, un ingeniero químico de 94 años que falleció la semana pasada y será recordado por siempre como el creador de las golosinas más famosas de la década del 80.
Las obleas Tubby 3, Tubby 4 y Graffiti, las galletitas Sonrisas, las rellenas Tentaciones y el alfajor Blanco y Negro son tan solo algunas de sus creaciones emblemáticas, de un listado que sobrepasa los 50 productos para Bagley.
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En homenaje a su extensa trayectoria, la cuenta de Twitter Marcas Argentinas volvió a compartir una entrevista realizada a Bellotti. Allí recuerda anécdotas de su trabajo en otras empresas alimenticias reconocidas como Bonafide, Fanacoa, Stani y Havanna.
En el reportaje también admitió que nunca llegó a tomar conciencia del furor que causaron el Tubby 3 y el Tubby 4 en toda una generación de jóvenes, que hasta contaba el jingle publicitario cada vez que escuchaba la propaganda de las obleas.
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“En ese entonces estaba buscando trabajo. Me llaman de Bagley y me dicen: ‘Tenemos una oblea llamada Ópera, que es la mejor, y queremos vestirla’. Empecé a hacer pruebas con caramelo, con maní, con varias cosas”, recordó Bellotti.
Y agregó en tono de humorada: “Había un caramelo líquido que había comprado en Alemania y no sabían cómo usarlo. Yo tampoco, pero aprendí ahí. Entonces agarré los blocks de Ópera y los pasamos por la bañadora, que hacía hasta siete capas de chocolate. Yo le hice cuatro capas y salió el Tubby 4 con una crema de maní riquísima”.
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Esta línea de obleas rellenas, lanzada en 1984 y producida en la planta de Villa Mercedes, en San Luis, se caracterizaba por estar bañada en chocolate semiamargo. La cantidad de capas que poseían indicaba su nombre: el Tubby 3 tenía avellanas y el Tubby 4 caramelo de maní. Debido al éxito de ventas, posteriormente se lanzó el Tubby 5, que incluía arroz crocante; y el Tubby 6.
Bagley contaba con un horno rotativo con 56 moldes, de donde salía un bloque de obleas que luego pasaba por un enfriador y posteriormente otra máquina la rellenaba con la crema de maní. La fábrica llegó a elaborar hasta 2.500 kilos por día de Tubbys, lo que implicaba tener una línea de producción del producto que medía 300 metros de largo.
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La empresa invirtió cerca de 400 mil dólares, no solo en la producción de las populares golosinas sino también en la campaña publicitaria que estuvo a cargo de la agencia Hermida. El spot “Ciudad soleada de Tubby” llegó a ganar un premio en el Festival de Nueva York y hasta el día de hoy sigue siendo recordado.
“Yo soy un Tubby, que andaba solo en una ciudad pesada. Hasta que un día encontré a una Tubby y quiso que la acompañara”, decía la canción, compuesta por Juan “Pollo” Raffo (música) y Lucho González (letra) e interpretada por Rubén Goldin y Claudia Brant.
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Seis años después, en los 90′, salieron a la venta el Tubby 5 y Tubby 6, con unos renovados anuncios que fueron protagonizados por Diego Capusotto.
Finalmente, en 1994, Bagley fue adquirida por la empresa francesa Danone; quien decidió frenar la producción de las obleas. Hoy, a 30 años de su salida del mercado, la repercusiones de esa golosina siguen vigentes: hay grupos de Facebook reclamando por su vuelta a los kioscos, videos de esos comerciales en Youtube y hasta una mención en Wikipedia.
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Más de 60 años de profesión
Tras graduarse como técnico químico en la Escuela Técnica Otto Krause, Bellotti comenzó a trabajar a los 20 años en un laboratorio farmacéutico cerca de su casa, en el barrio bonaerense de Olivos.
“Era un laboratorio medicinal, que no está más ahora. Después me fui a trabajar a Fanacoa, que tampoco está más, donde hacíamos condimentos: mayonesa y mostaza. Después me fui a trabajar a Stani, donde hacíamos el chicle Bazooka, caramelos duros y blandos. Después me fui a Bagley”, sintetizó en pocas líneas sobre su recorrido por las alimenticias más reconocidas de Argentinas.
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En su primer empleo conoció a su esposa, que falleció en 2021. Con ella tuvo tres hijos (María Fernanda, Claudia y Gustavo), que por estas horas son testigos del reconocimiento que le siguen haciendo a su difunto padre.
Los documentos que certifican sus creaciones, Bellotti siempre los mantuvo guardados en su casa y los exhibía con orgullo. Aprendió muchas de sus recetas viajando. Estuvo en Suiza, donde visitó la fábrica de chocolates Lindt y volvió con ideas innovadoras.
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Bellotti trabajó 15 años en Bagley, donde se la pasaba viajando todas las semanas a la fábrica de San Luis para supervisar la producción, que también abarcaba a los alfajores.
Esta última experiencia le abrió las puertas de Havanna, donde se desempeñó durante cinco años en la conservación de los alfajores y la supervisión de los envíos a Europa y otros países; y de Bimbo, donde creó el primer alfajor de la marca.

Luego de firmar su jubilación en Bagley, siguió dentro de la empresa durante varios años más, hasta que la planta fue comprada por Danone. El cambio de firma lo incomodó bastante ya que no estaba de acuerdo con los cambios implementados en los productos para abaratar los costos.
Al alfajor Blanco y Negro, por ejemplo, le reemplazaron las almendras molidas que llevaba por encima de su cobertura de chocolate por maní picado porque era más barato. Belotti se negó a bajar la calidad de las golosinas y prefirió dar un paso al costado. Fue así que se dedicó a la asesoría de recetas para otras marcas de menor renombre, de manera independiente.
Sus últimos días
Ya retirado, Belotti le dedicó más tiempo a su hobby: escuchar jazz y compartir sus conocimientos con otros fanáticos en un programa radial llamado The Mood, que se emitía los domingo por Radio Simphony hasta antes de la pandemia. Dueño de más de 19 mil discos, su pasión estaba centrada en las composiciones de las décadas de 1940 y 1950.
Siempre rodeado por el amor de sus hijos y sus seis nietos (Miranda, Francisco, Franco, Federico, Victoria y Carolina), a Belotti se le hicieron cuesta arriba los últimos dos años tras enviudar.
Sus últimos días lo encontraron postrado en una silla de ruedas y al cuidado de una enfermera, en la casa donde vivió toda la vida.

“Me emociona y enorgullece que después de tantos años haya grupos de Facebook e instagram de seguidores del Tubby. Evidentemente cada cosa que hizo mi papá deja huella”, se enorgulleció María Fernanda, una de sus hijas, que lo acompañó durante la nota que le hizo Marcas Argentinas.
Sin embargo, la modestia de Bellotti siempre fue más fuerte más allá de los méritos que hizo para ser reconocido en el mercado de las golosinas. En medio del reportaje, mientras ella le leía los mensajes que los consumidores del Tubby le dejaban en las redes, hubo una pregunta que le llamó la atención: “¿Para cuándo la avenida Bellotti?”,
Al escuchar esa petición, Bellotti concluyó con una pícara sonrisa: “¡No es para tanto! Es una golosina al fin, ¿no?”.
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