Los secretos de Lost, la serie que cambió la forma de ver tv: de un casting con gritos a un final que nadie esperaba

El 23 de mayo de 2010, hace exactos doce años y después de 120 episodios, se emitía el último capítulo de Lost. Su génesis. El creador que fue echado antes de su estreno. Los actores que consiguieron un papel casi de casualidad. Y la expectativa -y el desencanto- por su final. Los motivos por los cuáles fue una serie adelantada a sus tiempos

Hace doce años se emitía el última capítulo de Lost, la serie que cambió el modo de hacer y ver televisión
Hace doce años se emitía el última capítulo de Lost, la serie que cambió el modo de hacer y ver televisión

El vuelo Oceanic 815 que desde Sidney se dirigía a Los Ángeles se estrella y sus sobrevivientes terminan en una isla lejana y desconocida. Allí suceden cosas extrañas, inexplicables. Quieren volver pero parece que sus vidas estaban perdidas antes del accidente. Humo negro, Los Otros, saltos temporales, una serie de números sin explicación. Durante 6 temporadas y 121 episodios Lost mantuvo en vilo a audiencias de todo el mundo. Su costoso piloto se estrenó el 22 de septiembre de 2004. El último episodio se emitió hace doce años, el 23 de mayo de 2010.

¿Cuál es el género de Lost? Es una serie híbrida. De naufragio, de aventuras, de misterio, de suspenso, por momentos de terror, un drama, definitivamente de ciencia ficción.

¿Por qué se convirtió en un boom? ¿Cuáles fueron las causas del fenómeno? Una historia laberíntica con elementos fantásticos, con mayores interrogantes que respuestas convincentes, que sintonizó como ningún otro producto televisivo antes con su tiempo. La historia de su realización está llena de accidentes, de hallazgos casuales, de golpes de fortuna y hasta de grandes injusticias.

Lloyd Braun era la máxima autoridad de ABC. En unas vacaciones en Hawaii imaginó una serie que tuviera algo de Náufrago, la película en la que Tom Hanks terminaba solo en una isla hablando con una pelota de voley. A la idea original le fue agregando variaciones; todas sacadas de la cultura popular, materiales que estaban a mano de cualquiera. Una especie de cóctel de historias de naufragios. Lo que le parecía novedoso era la posible combinación de ellos. Metía en una coctelera materiales más evidentes como Náufrago o la Isla de Gilligan y los combinaba con todo aquella otra creación que hablar de gente perdida y aislada en una isla. Tal vez la única referencia obvia ausente fuera Robinson Crusoe. Pero estaban realities como Survivor o Expedición Robinson y clásicos de la literatura como El Señor de las Moscas del Premio Nobel británico William Goldwing.

Muy pronto la versión televisiva y dividida en capítulos de Náufrago quedó atrás. El proyecto fue tomando complejidad cuando Braun le encomendó la tarea de desarrollarlo a los guionistas Jeffrey Lieber y J.J. Abrams. A los que al poco tiempo se les sumó, por pedido de otros ejecutivos de ABC, Damon Lindelof. En ese parte del proceso, el futuro programa se llamaba Nowhere.

Los guionistas crearon decenas de personajes y fueron incorporando meandros a la historia. J.J. Abrams venía de escribir Alias y desarrollaba otros proyectos (estaba, también, a punto de saltar hacia el cine). La cadena televisiva le exigió que los misterios de la serie, a diferencia de Alias, se definieran semana a semana, porque si los capítulos no eran auto conclusivos el público no se terminaba enganchando: cuando se resolvía a la semana siguiente el conflicto muchos ya se habían olvidado de qué se trataba. Los creadores escribieron una biblia del programa e imaginaron un desarrollo de la historia para tres o cuatro temporadas, en caso de que fuera exitosa. Y la presentación se cerraba con la afirmación, casi un juramento: habrá una gran historia que atravesará toda la temporada pero en cada capítulo habrá conflictos que se iniciarán y concluirán. Ellos sabían que estaban mintiendo. En esa transgresión, en esa mentira (piadosa) residió el éxito inusual de la serie.

 Josh Holloway tuvo un accidentado casting. Cometió algunos furcios y luego olvidó la letra. La frustración lo hizo gritar, insultar y hasta patear una silla. Ese enojo, esa furia desatada hizo que obtuviera el papel (Frederick M. Brown/Getty Images)
Josh Holloway tuvo un accidentado casting. Cometió algunos furcios y luego olvidó la letra. La frustración lo hizo gritar, insultar y hasta patear una silla. Ese enojo, esa furia desatada hizo que obtuviera el papel (Frederick M. Brown/Getty Images)

Los guiones fueron cambiando a medida que se hacían los castings. Fueron incorporando varios personajes para que los interpretaran actores que encontraban en las pruebas. La gran variedad de náufragos les daba posibilidades narrativas casi infinitas.

Para Jack habían pensado en Michael Keaton, un gran nombre cuando todavía las series no utilizaban actores que podían protagonizar en cine (o tal vez por ese tiempo se suponía que la carrera de Keaton estaba finiquitada, como ocurrió en varias oportunidades). Jack moría en el piloto. Pero los ejecutivos no quisieron que uno de los personajes en los que se centraba la trama tuviera una vida tan efímera y le pidieron a los guionistas que al menos permaneciera media temporada. Keaton no quiso firmar por un vínculo tan extenso ni comprometerse con la producción. En su lugar fue elegido Matthew Fox que se convirtió en una de las figuras del programa.

Hasta los castings el personaje de Swayer era alguien cerebral y más sosegado. Uno de los candidatos a interpretarlo era Josh Holloway. El actor sabía que era una gran oportunidad para él. Pero los nervios lo traicionaron durante la audición. Se tropezó con su parlamento y después se olvidó la letra. O podía creer lo que le estaba pasando. La furia lo dominó. Se olvidó dónde estaba. Gritó, insultó y pateó una silla. Esa reacción le consiguió un lugar en la serie y modeló a Sawyer bajo ese perfil explosivo.

El piloto fue filmado en Hawaii. El presupuesto fue monstruoso: 14 millones de dólares. Lo habitual era invertir no más de 4 millones. Pero acá había que trasladar a un nutrido equipo técnico y a un elenco gigantesco a una isla, filmar un accidente aéreo, incorporar efectos especiales. Ese presupuesto desató una gran crisis en el canal. Las máximas autoridades de Disney, dueña de parte de ABC, creyeron que se trataba de una locura. Trataron de detener el proyecto pero ya era tarde. Se había gastado demasiado dinero. Había que seguir hasta el final si no querían tirar a la basura más de 7 millones de dólares ya erogados. Pero tomaron una decisión terminante: echaron a Lloyd Braun. Este era una personalidad muy conocida en el ambiente. Abogado de artistas y creadores como Larry David, Howard Stern o David Chase, tuvo un personaje en Seinfeld inspirado en él y con su propio nombre.

Lo increíble es que Braun salvó a ABC. Fue despedido pocas semanas antes de que el último grupo de series que él había desarrollado y apoyado salieran al aire. Porque no sólo se trató de Lost. La última camada de programas aprobados por Braun y que él no llegó a ver en el aire como máxima autoridad del canal permitió que ABC tuviera una larga prosperidad. Entre ellos estaban Grey’s Anatomy, Boston Legal, Extreme Makeover y Desperate Housewives además de Lost.

Parte del enorme elenco de la serie. La gran variedad de personajes fue uno de los grandes atractivos narrativos de Lost (Albert L. Ortega)
Parte del enorme elenco de la serie. La gran variedad de personajes fue uno de los grandes atractivos narrativos de Lost (Albert L. Ortega)

Este piloto y la enorme inversión fue otro de los legados de Lost. A partir de ese momento los pilotos cuentan con mayor presupuesto, son la gran oportunidad para impactar al público ante tanta competencia.

Apenas se estrenó, Lost atrapó al público y a la crítica. Semana a semana millones de personas seguían lo que sucedía en la isla. En esa primera temporada cada capítulo también contaba la vida previa al accidente de alguno de los personajes.

El crítico televisivo Allan Sepinwall habló de que la serie “generó la tormenta perfecta”. Las redes sociales se estaban instalando, la televisión amagaba con cambiar, el público era distinto y también las formas de consumir los programas. Pero no muchos lo habían visto. Los foros de internet y los sitios creados sólo a efectos de asentar la experiencia de ver Lost, de encontrar claves secretas, de imaginar conexiones, de adivinar futuros desenlaces. Se convertía en una experiencia colectiva que excedía la charla en el recreo, en el bar o la oficina del día siguiente.

Otro aspecto más es que la audiencia se incrementaba semana a semana. Sin importar cuántos eran los puntos de rating. Lost nunca lideró la audiencia. En las primeras temporadas arañó el décimo puesto y en los otras tres sus índices bajaron hasta permanecer cerca del 30. Pero su audiencia se expandía. A través del sitio del canal que a partir de 2007 ponía el programa en la web al día siguiente de la emisión y por medio de los DVDs, experiencia que permitía el binge watching que luego instalarían las plataformas de streaming. Lost mostró que el consumo televisivo se había modificado.

Otro elemento novedoso fue que en 2007 después de la tercera temporada, Damon Lindelof y Carlton Cuse, los showrunners de la serie (una categoría que ya existía pero a la que Lindelof y Cuse le dieron enorme visibilidad), anunciaron que Lost tendría tres temporadas más y finalizaría. Lo inédito no sólo estuvo en la fecha límite, en la decisión de cortar un éxito sino el plan a largo plazo para que la historia se desarrollara.

J.J. Abrams fue uno de los creadores de la serie. Venía de escribir y diseñar Alias. Luego abandonó el proyecto para preparar sus primeros proyectos en la pantalla grande (Alberto E. Rodriguez/Getty Images)
J.J. Abrams fue uno de los creadores de la serie. Venía de escribir y diseñar Alias. Luego abandonó el proyecto para preparar sus primeros proyectos en la pantalla grande (Alberto E. Rodriguez/Getty Images)

Lost fue el primer programa que su asociación y su extraordinaria retroalimentación con internet encendió la expectativa de la audiencia. Las teorías sobre las significaciones de los sucesos sobrenaturales que ocurrían semana a semana sólo lograban avivar la pasión de los fanáticos de la serie y convocar a los otros, es decir llamar la atención de los que todavía no habían caído en las garras de los enigmas y del programa.

Como tantas otras creaciones en las que intervienen muchas voluntades, una serie de factores azarosos se confabularon para generar el fenómeno Lost. En ocasiones esos cambios imprevistos, esas decisiones arbitrarias o la mezcla de influencias (tanto artísticas como de poder) hacen que un proyecto se convierta en un golem inmanejable y que el naufragio sea inevitable. Sin embargo, a veces, muy pocas veces, esos elementos de orígenes distintos y, a priori, imposibles de combinar, producen un resultado muy superior al imaginado.

El motor narrativo de la serie eran los misterios, y la novedosa decisión de los guionistas de responder a cada misterio con una nuevo y más profundo. El otro gran anclaje son los personajes. Muchos, potentes y variados. La técnica de ir y volver en el tiempo (flashbacks, flashforwards y hasta flash sideaways) de contarnos qué era de sus vidas antes de subir a ese avión hizo que los espectadores los quisieran o los odiaran con igual intensidad. Los juegos temporales en vez de enloquecer o desorientar a los espectadores, los hipnotizaban.

Pero con Lost no se trató nada más de la trama y los personajes. La serie entró en sintonía con su época como ninguna otra antes. Causalidad, intuición o visión de futuro (probablemente un poco de cada una), Lost cambió la forma de ver series y aprovechó de manera única las posibilidades de internet.

El final de la serie concitó una gran atención. Los fanáticos se mostraron desilusionados con la resolución de los principales misterios de la serie
El final de la serie concitó una gran atención. Los fanáticos se mostraron desilusionados con la resolución de los principales misterios de la serie

La isla es otro gran personaje. Posibilita que hay acción en la playa, en las cuevas, en la jungla. Todo puede pasar ahí. Cualquier otra locación no lo hubiera permitido.

Humo negro, osos polares, una serie de números extraños, un botón que hay que apretar cada 108 minutos, Los Otros, el proyecto Dharma.

Cada fotograma era sobreinterpretado. Todo podía ser una pista. Un gesto, un fruto tirado en la playa, la ubicación en la fila en medio de una caminata, los libros leídos por los personajes.

Tanto fue el éxito del programa que por las redes circuló la biblioteca de Lost. Los libros que aparecían, se mencionaban o inspiraban una escena eran leídos con devoción por los televidentes. De La Invención de Morel de Bioy Casares a La Biblia pasando por Stephen Hawkins o Alicia en el País de las Maravillas. Había también referencias más obvias como los nombres de algunos personajes: Locke, Hume, Sawyer.

Los índices de audiencia en Estados Unidos bajaron después de las primeras temporadas. De casi 20 millones de personas descendieron hasta 10. Pero en esas cifras habría que considerar los nuevos consumos.

El 23 de mayo de 2010 se emitió el último capítulo. La expectativa era enorme. También lo fue la desilusión posterior. El dispositivo desmesurado que hizo funcionar la serie y que sedujo a millones es el que condenó a ese gusto a poco masivo tras el final. Era imposible que todas las puertas abiertas, que todos los misterios planteados tuvieron una resolución, que encontraran una respuesta acabada y razonable.

Hubo quejas amargas y enojos pero el transcurso del tiempo aplacó esas primeras reacciones. Las revisiones de los expertos (y de los fanáticos) con el tiempo se volvieron más piadosas con las decisiones autorales.

Lost sedujo a millones de espectadores en todo el mundo. Un lenguaje no tan novedoso presentado en un formato inédito, aprovechando las nuevas tecnologías, moldeando las audiencias a su gusto y con una narrativa salvaje que levantó la apuesta de manera permanente. Lost cambió la televisión para siempre. Se adelantó a su tiempo e hizo a los espectadores partícipes de su historia. La serie era lo que sucedía durante su emisión y todo lo que se discutía e interpretaba en la semana.

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