La desaparición del “niño pintor” de Málaga, un misterio que 35 años después sigue desconcertando a Interpol

David Guerrero Guevara salió de su casa una tarde de abril de 1987 para ir a una galería donde exponía una de sus obras. Tenía 13 años y se lo consideraba una de las mayores promesas de la pintura española. Nunca más se lo vio. Las sospechas que van desde un turista suizo, pasan por un hombre enigmático a quien nadie logra identificar y llegan a una supuesta red de trata infantil

David Guerrero Guevara, el niño pintor de Málaga
"El Niño Pintor" hoy tendría 48 años. Su familia aún no resigna esperanza y sueña con, algún día, poder encontrarlo
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Para Interpol es “uno de los casos de desaparición más desconcertantes” de la historia. Casi 35 años después -se cumplirán en abril- la familia de David Guerrero Guevara, “El Niño Pintor de Málaga”, sigue buscándolo y la policía, con intermitencias, también.

La investigación volvió a abrirse, por tercera vez, en 2020 a raíz de la aparición misteriosa de una nueva pista, un dibujo que debía estar en los archivos policiales y que de manera inexplicable fue a parar al buzón de la casa de una amiga de la infancia de David. Se lo tomó como un mensaje.

A pesar del paso del tiempo, e incluso de la declaración de la “muerte legal” de David Guerrero Guevara, el interés por su incierto destino -el enigma de su paradero si es que está vivo- resurge de entre las sombras del olvido para volver a instalarse en el interés del público con nuevos indicios, libros y documentales.

Hay algo de paradoja en el caso: a los 13 años, el “Niño Pintor” estaba destinado a ser famoso por su deslumbrante talento con el pincel, 35 años después su fama se sostiene por un misterio.

La desaparición de David

El 6 de abril de 1987 a las siete menos veinte de la tarde, David se despidió de su madre, Antonia, en la puerta de la casa familiar en el barrio malagueño de Huelín. Desde allí debía caminar unos 250 metros hasta la parada del colectivo que lo llevaría a la galería de arte La Maison, en la calle Duquesa de Parcent, en el centro de la ciudad, donde lo esperaba el periodista Paco Fadón, de Radio Popular, para entrevistarlo.

Porque para ese momento “El Niño Pintor” ya había llamado la atención, era noticia. La pintura que exponía en La Maison, titulada “El Cristo de la Buena Madre”, lo instalaba como una de las mayores promesas de las artes plásticas de España. Las críticas lo llamaban “pequeño genio”, “joven pintor de rara sensibilidad” entre muchos otros elogios.

Después de la entrevista debía ir a la peña El Cenachero, donde desde hacía un par de años participaba del taller de pintura de su tío -primo de su madre-, el pintor José Guevara Castro. Una vez terminaba la clase, volvería a su casa.

El periodista Fadón lo esperó infructuosamente en la galería de arte, incluso se enojó por lo que pensó que era la irresponsabilidad de un chico que no cumplía con sus compromisos. David tampoco asistió a la clase, que ese día estaba a cargo de otro pintor, Rafael Jaime Calderón, porque el tío Guevara había viajado a Madrid.

Esa noche en la casa familiar, su padre y sus hermanos cenaron molestos, pero todavía sin preocuparse realmente por su ausencia. Su madre decidió esperarlo para comer con él, pero los dos platos se enfriaron sobre la mesa de la cocina. David no llegó.

Antonia no durmió y con las primeras luces del día, ella y su marido denunciaron la desaparición del niño en la comisaría más cercana.

Cuando se reconstruyeron sus movimientos por primera vez, los policías llegaron a la conclusión de que había desaparecido en el trayecto de 250 metros que separaba la casa de la parada de colectivos.

David Guerrero Guevara, el niño pintor de Málaga
El 6 de abril de 1987 a las siete menos veinte de la tarde se fue de su casa en el barrio malagueño de Huelín. Tenía 13 años y debía ir a dar una entrevista

Sin pistas del “Niño Pintor”

La hipótesis de un secuestro para pedir rescate fue descartada rápidamente. Nadie se comunicó para plantear exigencias y, por otra parte, la familia de David vivía con lo justo que aportaba el salario de Jorge, el padre del niño, como empleado en una empresa de confecciones textiles.

Las entrevistas con compañeros de colegio no aportaron nada, salvo que esa tarde a David le dolía el estómago y no había comido el sándwich preparado por su madre. Ningún vecino lo había visto caminar hasta la parada del colectivo y los choferes de los horarios cercanos al momento de la desaparición tampoco lo recordó.

En la galería, no sólo el periodista de Radio Popular lo había esperado en vano sino que los investigadores no encontraron a nadie que lo hubiera visto allí. En la peña El Cenachero, el pintor Calderón creyó ver a David en la escalera, pero los dijo a los policías que posiblemente lo haya confundido con otro chico. No lo conocía bien.

Por esos días, otra pista movilizó a Interpol en Lisboa. Al ver la foto del “Niño Pintor”, un vecino de un barrio de los suburbios se presentó en una comisaría y explicó que creyó haberlo visto con otros dos chicos de su misma edad. También hubo llamadas telefónicas que lo identificaban, pero la búsqueda policial resultó infructuosa.

Una semana después, Interpol y la Policía Nacional de España catalogaron el caso como “desaparición extrema”, es decir, sin ninguna pista.

David Guerrero Guevara, el niño pintor de Málaga
Antonia Guevara mira algunos de los dibujos de su hijo, que, con 13 años y un talento innato para la pintura, desapareció en Málaga hace casi 35 años sin dejar rastro (EFE/Carlos Díaz)

El dibujo del suizo

El caso parecía cerrado y sin solución cuando tres años después de la desaparición del “Niño Pintor”, su amiga y compañera en el taller de pintura en la peña El Cenachero, Gema Calderón, recordó que unos días antes del 6 de abril de 1987, David le había regalado el dibujo -en realidad, una caricatura- de un hombre mayor, de nariz aguileña. “Es un suizo que conocí”, le dijo al dárselo.

Los padres de Gema acercaron el dibujo a la policía y empezó el rastreo la presencia de algún ciudadano suizo que se hubiera alojado en hoteles de Málaga para esa fecha. Así descubrieron el nombre de un turista que, según una camarera, era parecido al personaje dibujado en la caricatura. También dijo que, limpiando su habitación, tres años antes, había encontrado una servilleta de papel donde alguien había escrito: “David Guerrero. Huelin”, es decir, el nombre del chico y el barrio de su casa. La mujer dijo que había tirado la servilleta, pero que recordaba lo que decía.

Dos policías españoles, acompañados por agentes de la oficina suiza de Interpol, visitaron la casa del turista suizo -cuyo nombre siempre se mantuvo en reserva, porque era un simple sospechoso- y descubrieron que había muerto un año antes. En la casa tenía un cuarto oscuro y muchos rollos de fotografías hechas durante sus viajes. Los policías pidieron permiso para revisarlos, pero no encontraron ninguna foto de David, ni de sus pinturas ni de la galería La Maison.

Otro callejón sin salida. Pasarían dos décadas hasta que apareciera un nuevo indicio.

David Guerrero Guevara, el niño pintor de Málaga
Los hermanos de David, Jorge y Raúl, crearon una exposición con sus obras como homenaje a él y también a su padre, Jorge, fallecido en 2015 (EFE/Carlos Díaz)

La “muerte” de David

El padre de David murió en octubre de 2015 y la familia se enfrentó a un nuevo problema: para poder hacer la sucesión de bienes, David debía presentarse o, si no lo hacía, era necesario declararlo legalmente muerto.

Se presentaron ante la Justicia y lograron la declaración de muerte en septiembre de 2016. Su madre, Antonia, explicó en ese momento: “Es un simple trámite legal, para que podamos seguir adelante. No quiero decir que no sigamos esperando el regreso de David”.

La familia lo seguía buscando. Para entonces, uno de los hermanos del “Niño Pintor”, Jorge, se había asociado con el periodista Daniel Carretero. Pidieron acceso a toda la documentación del caso -cinco cajas de interrogatorios e información de todo tipo- y la revisaron. De todo lo que vieron, les llamó la atención la declaración donde el pintor Calderón -por entonces ya muerto- le dijo a la policía que creyó ver a David en la escalera de la peña El Cenachero, pero que podía haberse confundido.

El hermano Jorge y el periodista Carretero volvieron a entrevistar a los compañeros de David en el taller de pintura y también a algunos de los profesores. Estaban en eso cuando recibieron un anónimo: “Tienen que buscar a Gervasio, del Cenachero”, decía. Volvieron a preguntar, pero al tal Gervasio nadie lo recordaba.

La policía reabrió el caso.

Niño Pintor de Málaga
“Hasta que no se demuestre otra cosa, esperamos que regrese”, repite Antonia cada vez que le preguntan. La investigación sigue abierta, aunque estancada

Un dibujo en el buzón

En febrero de 2020, Gema Calderón, aquella niña cuyos padres habían entregado la caricatura del “suizo” a la policía, encontró una desconcertante sorpresa al revisar el buzón de su casa. Habían pasado treinta años desde entonces, pero reconoció de inmediato la imagen: entre las cartas estaba el dibujo del “suizo”, una prueba que debía estar en manos de los investigadores del caso. Alguien debió robarla de allí y depositarla en el buzón.

“Estuve a punto de tirarlo porque estaba entre la publicidad buzoneada y venía suelto. Es algo muy raro. Luego llamé a Jorge, hermano de David, y se lo conté. Decidimos llevarlo a la Policía. Una semana después me llamaron a declarar y me dieron a entender que el dibujo no lo tenían antes ellos y por tanto, tampoco tenían una explicación de cómo llegó a mi buzón”, explicó Gema a un medio que la consultó cuando se conoció la noticia. Y agregó: “Estoy segura de haber dado ese papel a la policía”.

Daniel Carretero, el periodista que ayudaba a Jorge en la investigación, hizo entonces una conexión que se le había escapado a la policía. El hombre del dibujo, el supuesto “suizo”, bien podía ser el misterioso “Gervasio” de la peña El Cenachero al que se refería el anónimo que habían recibido unos años antes.

“Alguien que ha tenido acceso a la investigación y a los datos del domicilio actual de Gema. El papel estaba oxidado como si el tiempo hubiese pasado por él y en papel de bloc de la época. Es obvio que alguien ha roto la cadena de custodia, el por qué, cuándo o cómo lo desconocemos. No deja de ser curioso que no pasara nada en más de 30 años y en estos últimos meses comiencen a pasar cosas”, dijo apoyando a Gema.

La última hipótesis

En abril de 2021, el hermano y el periodista recurrieron a SUR para pedir la colaboración ciudadana para descubrir la identidad de Gervasio. Tanto ellos como la policía comenzaron a trabajar con una nueva hipótesis, no planteada en el momento de la desaparición: David hubiese sido víctima de una red de trata.

Jorge Guerrero y Daniel Carretero también descubrieron dos pistas que se les habían escapado o que los investigadores no habían tenido en cuenta. Una de ellas es una nota del Gobierno Civil de Málaga, donde se indicaba que David había sido visto a las 18.45 en la parada de colectivos del mercado de Huelin; la otra era el testimonio de alguien que decía haberlo visto parado dentro de un colectivo.

Más de treinta años después de los hechos, los investigadores no supieron dilucidar por qué sus antecesores no tuvieron en cuenta esas informaciones.

Si esos datos son ciertos, David pudo haber llegado a la peña El Cenachero, donde pudo ser visto en las escaleras por el pintor Rafael Jaime Calderón. Ese es el lugar donde se sitúa al misterioso “Gervasio”, a quien el anónimo señalaba como parte de una red de trata.

Desde entonces, la investigación sigue abierta, pero estancada. Mientras tanto, la madre de David, “el Niño Pintor” que hoy tendría 48 años, no pierde las esperanzas.

“Hasta que no se demuestre otra cosa, esperamos que regrese”, repite Antonia cada vez que le preguntan.

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