Phil Kaufman, preso en Los Angeles por contrabando de drogas. Y en los '90, ya como famoso road manager de estrellas de rock
Phil Kaufman, preso en Los Angeles por contrabando de drogas. Y en los '90, ya como famoso road manager de estrellas de rock

Phil Kaufman tuvo la extraña habilidad de meterse en problemas. Por lo menos, eso hizo durante buena parte de su vida. Y son, precisamente, los años que vamos a contar aquí.

Hijo neoyorquino de un matrimonio infeliz (“mi padre quiso matar a mi madre, ella lo quiso matar a él, él se quiso matar a sí mismo y yo los quise matar a los dos”, confiesa en su autobiografía, Road Mangler Deluxe), cuando se mudaron a Long Island, siendo adolescente, comenzó a caminar la noche junto a una pandilla apodada Dirty Boys (Chicos sucios). Los contratiempos empezaron temprano, cuando debió cambiar a un colegio cerca de la casa de su padre, en un vecindario llamado Great Neck. “Me hacían pasar malos momentos, así que mis amigos vinieron y disparamos a la escuela. Era la primera vez que tenían un tiroteo en esa escuela y se desató un infierno. No hace falta decir que fui arrestado”, recordó.

A cambio de su libertad, debió enrolarse en la Fuerza Aérea. Era 1952, Kaufman tenía 17 años y fue enviado a Corea, donde combatió sobre un bombardero B-25. “Fue uno de los mejores trabajos que tuve. Me gusta volar”.

Regresó de aquella contienda cuatro años después, y se mudó a Los Angeles junto a su padre. Éste le consiguió un trabajo como soldador. “Duré lo que lleva beber un six pack de cervezas”, en sus palabras. No demoró en verse envuelto en un asunto con drogas. A través de un amigo farmacéutico conseguía pastillas, que a su vez le daba a un ex jugador de fútbol americano que trabajaba como doble de riesgo.

Mugshot de Phil Kaufman en Terminal Island, prisión californiana que conoció por contrabando de marihuana (Libro Road Mangler Deluxe)
Mugshot de Phil Kaufman en Terminal Island, prisión californiana que conoció por contrabando de marihuana (Libro Road Mangler Deluxe)

De a poco se fue metiendo en el mundo del cine. Primero fue extra y luego obtuvo pequeños papeles, como en Pork CHop Hill (aquí conocida como La gloria se escribe con sangre), con Gregory Peck como protagonista, o el de un gladiador más en Spartacus, con Kirk Douglas.

Con la década del ‘60 llegó el hippismo, el amor libre, el rock y... las drogas. En los ‘60 en los Estados Unidos se alargaba una creencia instalada en la década del 30 llamada “reefer madness”, una especie de enfermedad mental debida al consumo de marihuana. Por lo tanto, el gobierno de los Estados Unidos encarcelaba a quien tuviera aún un poco de esa sustancia junto a asesinos, violadores o delincuentes de toda laya. Por supuesto, Kaufman fumaba marihuana. Y no sólo eso: tuvo la mala idea de contrabandearla desde México. “En esa época -cuenta- costaba 12 dólares el kilo si comprabas 20. Menos de esa cantidad, se pagaban 20 dólares por kilo… Conocía a un guardia en la frontera con Arizona, en Sonoita. Un día, un policía novato se acercó a mi auto mientras hablaba con mi amigo, y descubrió una semilla en el piso del coche. Por supuesto, lo revisó y halló la marihuana”.

Después de firmar una confesión, pagar 5 mil dólares que le envió su madre como fianza y quedar en libertad condicional hasta el juicio, llegó a a Los Ángeles. Cuando enfrentara al tribunal, sabía, lo esperaban de 5 a 20 años tras las rejas. Le pidió un certificado de nacimiento a un viejo “cliente” de la Universidad de California llamado Harold True, contactó a un falsificador y se hizo hacer un pasaporte con ese nombre y su fotografía. Y se marchó a Europa.

Arrancó por París, estuvo en las protestas del Mayo Francés casi como espectador, asistió a corridas de toros en Madrid y conoció Marruecos. Y entonces, como un perro que sólo conoce el camino a su casa, volvió a las andadas: consiguió hachís barato, regresó a Europa y lo comenzó a vender: lo hizo en España, Francia, Alemania, Dinamarca y Suecia. El periplo no fue casual: quería ir a ver un festival de jazz en Estocolmo. Allí, otra vez, lo detuvieron. “Si hubiera sabido que los policías suecos no portaban armas, todavía estaría corriendo de ellos”, asegura. Los cargos fueron contrabando y tráfico de drogas.

Puesto en alerta el FBI, pronto le sacaron el antifaz: Harold True era Phil Kaufman. Y lo reclamaban en su país. En corto tiempo, cruzaba el Atlántico en avión, extraditado. Lo esperaba la cárcel. Pasó por Tucson, Arizona, y de ahí a la prisión de Springfield, en Missouri. Allí, cuenta: “Allí, todo el mundo pensaba que podía drogarse fumando cáscaras de banana tostadas. Lo único que conseguí fue hiperventilarme de tanto que succionaba el cigarrillo…”.

Luego de recorrer varios presidios, recaló en Terminal Island, California. Y es alli cuando su vida -ya azarosa- comienza a codearse con las celebridades. Aunque en este caso, de triste fama. Charles Manson, en ese momento -relata Kaufman- estaba allí acusado por falsificación. “No fue su mejor elección, era un iletrado”, sostiene.

Mientras estaba preso, las leyes cambiaron y pudo pedir la libertad condicional por su delito. Salió de Terminal Island en 1967. “Mis amigos me hicieron una fiesta -contó-. Uno de ellos me preguntó: ’¿Pasaste mucho tiempo masturbántote en la cárcel?’. ‘No’, le respondí, ‘pasé mucho tiempo buscando un lugar para hacerlo’”.

Al salir fue a ver a Manson, que en ese momento -dice él- “era todo paz y amor”. Estaba en San Francisco, la meca del hippismo. Las mujeres que rodeaban al luego múltiple asesino y la certeza del “sexo libre” lo engancharon en ese entorno. Pero Kaufman salió a tiempo. Se dio cuenta que Manson era un manipulador. “Sos muy despierto, vos en realidad no querés estar acá”, le dijo una vez. “Me di cuenta que estaba loco”, asegura.

La carta manuscrita que el asesino Charles Manson le envió a Kaufman desde la cárcel, donde se conocieron. (Libro Road Mangler Deluxe)
La carta manuscrita que el asesino Charles Manson le envió a Kaufman desde la cárcel, donde se conocieron. (Libro Road Mangler Deluxe)

Manson y su “familia” cometieron los crímenes, entre otros, de Sharon Tate y el matrimonio de Reno y Rosemary La Bianca en 1969. Desde prisión, se comunicó con Kaufman. “No lo hice”, le prometió. Y Phil -dice- le creyó: “Para mí, no podía matar a nadie. Pero plantó las semillas para que otros hicieran el trabajo”. El fue quien arregló la entrevista de la revista Rolling Stone con Manson, y algo más: le produjo un disco. De la placa, llamada LIE (Mentira, con una tapa que copiaba la de Life sobre los asesinatos del clan) se hicieron 3.000 copias. La “familia” de Manson entró a su casa y robó la mitad. Nunca recuperó el dinero. Algunas de esas canciones fueron grabadas luego por artistas como Gun’s & Roses.

Intentó que Manson firmara con Warner Bros. Pensaba castellanizar su nombre como un juego de palabras y llamarlo “Carlos Manhijo”. Pero, como era previsible, todo quedó en la nada. Y poco después, Manson y las mujeres que cometieron los crímenes fueron sentenciados, primero a muerte, luego a prisión perpetua. Kaufman todavía guarda la copia del contrato. ¿Qué recuerdo le quedó de aquella experiencia con Manson y su clan? “Creo que soy el hombre que se acostó con más asesinas en el mundo”.

Poco tiempo antes, a la vida de Phil había llegado su “turning point”, como sucede en las películas más o menos a los 30 minutos, la escena que lo cambia todo para siempre. Un amigo, Tony Fouz, le propuso un trabajo por “100 dólares a la semana, cash”. Debía ser el chofer de Mick Jagger, que estaba con su novia de entonces, Marianne Faithfull y los Rolling Stones mezclando los temas del disco Beggars Banquet en Sunset Sound Studios, en Hollywood. “Debía llevarlo a horario al estudio, conseguirle sus medicinas, que se alimentara bien, alejarlo de los problemas y todo eso… Me compraron un par de zapatos decentes y una camisa”, rememora. Jagger lo bautizó “executive nanny”, su “niñera ejecutiva”.

La célebre fotografía de Michael Cooper con Phil Kaufman al volante de un Cadillac, Anita Pallenberg yl xx como acompañantes, y detrás, Keith Richards y Gram Parsons, en Los Ángeles.
La célebre fotografía de Michael Cooper con Phil Kaufman al volante de un Cadillac, Anita Pallenberg yl xx como acompañantes, y detrás, Keith Richards y Gram Parsons, en Los Ángeles.

El primer día de trabajo, a la hora prevista -seis de la tarde en punto-, Jagger llegaba al estudio en un Cadillac convertible del 68, que Phil había alquilado. Cuando tocaron el timbre, los técnicos no podían creer la puntualidad. “No sólo va a ser puntual hoy, sino mañana, y pasado, y los días siguientes”, prometió Kaufman.

A los pocos días se unieron Keith Richards, su novia, Anita Pallenberg, y un amigo del guitarrista de los Stones que, con el tiempo, haría de Phil Kaufman un personaje de culto: Gram Parsons, un conocido músico country. Por esos días, le enseñaba a Richards los yeites de ese estilo que tiene en Nashville su patria.

De aquel momento quedan algunos highlights: el día que sacó a Jagger de la piscina del hotel y lo llevó al banco en su moto vestido con una remera, un short de baño y ojotas para cobrar 1500 dólares que su manager les enviaba para gastos chicos. Obviamente, el cantante no tenía ningún documento encima y el gerente no lo reconocía. “Mirá sus labios, ese es su documento”, insistió Kaufman, que tuvo a algunas chicas que trabajaban en el banco para atestiguar que era. O cuando le sugirió a Richards que podía conseguirle los jeans que estaban comprando 5 dólares más baratos en un local cercano y recibió como respuesta un: “Hey, nunca le digas a un millonario que camine una cuadra más por un pantalón”. Ahí aprendió que en el rock’n’roll -por lo menos en esa época- la cuestión era gastar el dinero de la compañía, para que luego, ésta se ocupara de trabajar en la difusión de una banda tanto como para recuperar la inversión.

Así, cada cosa que los Stones querían, Kaufman se las conseguía: un buen lugar en un restaurante, una guitarra de acero para Richards, hasta la oxycodona para calmar a la novia de Jagger, en ese momento con problemas de adicciones.

Cuando Jagger y Richards marcharon de Los Ángeles, Gram Parsons llamó a Kaufman. Había armado The Flying Burrito Brothers, una banda de country rock, y lo necesitaban para que sea el road manager. Parsons y Kaufman comenzaron a verse en un hotel del Joshua Tree National Park, en medio del desierto cerca de México, adonde el guitarrista solía ir y había llevado varias veces a los Rolling Stones, especialmente a Richards.

Phil Kaufman, Gram Parsons y Emmylou Harris (Libro Road Mangler Deluxe)
Phil Kaufman, Gram Parsons y Emmylou Harris (Libro Road Mangler Deluxe)

La compañía A&M había armado una gira nacional con The Flying Burritos, y Kaufman estaría al frente de la logística de la banda. Los viajes se harían en tren. Phil había reservado todo un vagón con un camarote para cada uno. Cuando se reunió con los músicos en la estación, les dijo: “Miren, quiero ver los bolsillos secretos de sus valijas. Quiero que me den todas sus drogas. Si necesitan, me vienen a ver, pero no quiero ver seis bolsitas con drogas dando vueltas por todo el tren”. “Ellos no creían que podían ir a prisión por tener eso, yo sí porque ya había estado en una”, recordó.

Una de las primeras paradas fue en Albuquereque, Nuevo México. “Teníamos un rato y todos fueron a estirar las piernas. Volvieron con unos hongos alucinógenos. Ahí estaba yo, en mi primer semana en el trabajo, con seis locos dados vuelta en la estación del tren, comprando artesanías indígenas. No era lo que me había figurado del negocio de la música”, relató Kaufman.

Las drogas fueron minando a Parsons. Primero lo alejaron de The Flying Burritos, que se desmembraron. Luego él mismo se fue deteriorando poco a poco. Kaufman, que continuó trabajando para él, usualmente le escondía las drogas, o se las tiraba. Las cosas se habían puesto dramáticas. Las peleas entre Parsons y Gretchen, su esposa, llegaban al límite. Una noche, en Arkansas, tuvieron que irrumpir en la habitación del hotel donde paraban porque se estaban tomando a golpes. El gerente del hotel debió rociar al músico con gas pimienta.

Phil Kaufman en el sitio donde quemó el cadáver de su amigo Gram Parsons, con quien habían hecho un pacto: el que sobreviviera al otro, llevaría su cuerpo al desierto en Joshua Tree Park y lo prendería fuego. (Libro Road Mangler Deluxe)
Phil Kaufman en el sitio donde quemó el cadáver de su amigo Gram Parsons, con quien habían hecho un pacto: el que sobreviviera al otro, llevaría su cuerpo al desierto en Joshua Tree Park y lo prendería fuego. (Libro Road Mangler Deluxe)

El 14 de julio de 1973, un amigo de Parsons, el guitarrista de los Byrds Clarence White, fue atropellado por un conductor borracho y falleció. En su funeral, al que asistieron, Parsons y Kaufman hicieron un pacto por si alguno de los dos moría: “quien sobreviva al otro tomará su cuerpo y lo llevará al Joshua’s Tree, tomará unos tragos y lo quemará”

Hay que poner en contexto la situación. Parsons (cuyo verdadero nombre era Ingram Cecil Connor III) provenía de una familia rica de Nueva Orleans, pero había huido de su padrastro, Bob Parsons y no quería saber nada con él, ni siquiera que lo enterrara. Se refería a él como un “zapato de cocodrilo”

Dos meses después de hacerse mutuamente esa promesa, el 19 de septiembre de 1973,Gram Parsons murió de sobredosis en una habitación de hotel en Joshua’s Tree. La familia reclamó el cadáver. Kaufman tomó la decisión: “Voy a robar el cuerpo”.

Llamó a su amiga Dale McEnroy, que tenía un coche fúnebre. Y al hangar del aeropuerto de Los Ángeles desde donde llevarían el féretro en un vuelo comercial que iría a Nueva Orleans. Logró sacar la información que el cuerpo llegaría a las ocho de la noche. Junto al novio de su amiga, Michael Martin, llegaron al lugar. Habían bebido cerveza y bastante Jack Daniel’s. Casi en el mismo momento, arribó una camioneta con un cajón. “Disculpa, ¿es Parsons?”, le preguntó al chofer. Este asintió. “Ah, la familia cambió de opinión, quieren que lo llevemos en un vuelo privado”, mintió. El hombre dudó, y Kaufman insistió disimuladamente: “Mirá, tenemos a dos chicas esperando y nos llegó este pedido, queremos hacer esto rápido”. El chofer, cómplice, asintió: “Entiendo, vamos adentro y hagamos el papeleo”.

De pronto, apareció un patrullero y estacionó detrás del coche fúnebre. Kaufman pensó que estaba perdido. Pero no se trataba de ellos. Firmó los papeles (como “Jeremy Nobody”), caminaron afuera y le pidieron al policía si podía mover el auto. Éste se disculpó y hasta los ayudó a mover el ataúd.

La tumba
La tumba "oficial" de Ingram Cecil Connor III, verdadero nombre de Gram Parsons, en Nueva Orleans. Sólo hay un pequeño resto del músico. "Todavía excavando", epigrafió sobre esta foto Kaufman en su libro Road Mangler Deluxe.

Salieron del aeropuerto, fueron a una estación de servicio y compraron cinco galones de nafta de alto octanaje. Pararon en un bar de un pueblo llamado Cabazon a tomar una cerveza y comer algo. “Gram, quedate acá”, contó que dijeron entre risas. Luego manejaron hasta el desierto, pasando frente a la posada donde había muerto Parsons. Llegaron a un lugar llamado Cap Rock. Bajaron el féretro y -ante la sorpresa de su amigo- Kaufman se dispuso a abrirlo. Le costó bastante trabajo. Parsons estaba desnudo. Borrachos y nerviosos, bromearon sobre el tamaño de su miembro.

“Vimos unas luces de automóviles a lo lejos. Pensé que sería la policía. Rocié el cuerpo con la nafta y encendí el fuego. Cuando la gasolina de alto octanaje hace ignición, toma mucho oxígeno del aire. Entonces se levanta una gran llamarada. Vi como se iba derritiendo el cuerpo a gran velocidad. Las chispas se elevaron. Había luna llena, el cielo estaba lleno de estrellas y el deseo de Gram estaba cumplido”, relató Kaufman.

Un poco paranoicos, regresaron por caminos alternativos. Pero estaban muy borrachos y pasaron la noche en el desierto. Al día siguiente, el coche fúnebre estaba encajado en la arena. Tuvieron que buscar un remolque.

Cuando un secreto no se guarda bien, la verdad se esparce como una mancha de aceite. Enseguida -reconoció Kaufman- todo el mundo sabía quiénes habían robado el cadáver de Parsons. Entre ellos, la policía. Lo fueron a buscar. “Por esos días estaban usando mi casa para filmar una película con Gene Hackman -narró Phil-. Cuando me llevó la policía y se enteraron porqué, me contaron que Hackman le dijo al director: ‘Creo que estamos filmando la película equivocada’”.

Increíblemente, no fueron juzgados por el robo del cadáver, sino…¡del féretro! Tuvieron que pagar 300 dólares cada uno de multa y 708 dólares a la funeraria por el ataúd quemado. Y caso cerrado.

Una película, Grand Theft Parsons, recuerda todo ese episodio. Johnny Knoxville interpreta a Kaufman.

Kaufman y Keith Richards (del libro Road Mangler Deluxe)
Kaufman y Keith Richards (del libro Road Mangler Deluxe)

Su vida continuó en el negocio de la música. Fue road manager de grandes artistas como Frank Zappa y Joe Cocker entre otros. Y en el 2012, quien organizó toda la logística de la grabación del disco “Por los caminos del Rey” de Palito Ortega, producido justo cuando se cumplieron 50 años de su primera visita a los míticos estudios de la RCA en Nashville. Consiguió que en ese disco tocaran músicos de Paul McCartney y de Elvis Presley. Llevó al argentino a estudios de grabación en Los Ángeles, Nashville y Memphis. A comprar ropa con el legendario vestuarista de música country Manuel (aunque Ortega no compró nada). Transportó a esa troupe en un micro de gira que quince días antes había usado Metallica. Y los hizo visitar Graceland, a la casa de Elvis, donde Palito jamás había estado. Pero esa es otra historia, que bien vale ser contada…

Hace tres años, en un accidente a bordo de su Harley Davidson, Kaufman -fanático de las motos- casi se mata. Pero sigue en la ruta a los 85, junto a su cuarta esposa, Carol Zanello -que fue su novia de la adolescencia y reencontró 45 años después-, viviendo entre Nueva York y Florida, alimentando su leyenda. Porque como digo alguna vez, “si no fuera por la bebida, las drogas y un amigo muerto… no hubiera tenido una carrera”.

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