
Napoleón Bonaparte, ese genio militar de origen artillero, devenido en emperador, que tuvo en vilo a imperios y a monarquías europeas, y que fue un verdadero dolor de cabeza para Gran Bretaña, nació en Córcega el año en que esa isla veía como se esfumaban sus años de vida independiente.
Con la derrota de los patriotas corsos, liderados por Filippo Pasquale Paoli en la batalla de Ponte Novu, librada entre el 8 y 9 de mayo de 1769 en la margen del río Golo, la isla pasó definitivamente al control de Francia. A unos 110 kilómetros al sudoeste de donde se libró esa batalla, sobre la costa, se levanta Ajaccio, su capital, donde el 15 de agosto de ese año nacía Napoleón Bonaparte, bautizado como Napoleone di Buonaparte.
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Su papá Carlo-María Bounaparte, un hombre alto y delgado, provenía de una familia de linaje, estudió en un colegio jesuita y se formó en Derecho en las universidades de Corté y de Pisa. Pero cuando estaba por graduarse, su padre murió y debió suspender sus estudios para hacerse cargo de la administración de la herencia y para cumplir con el arreglo que sus padres habían hecho: su casamiento con María Letizia Ramolino, de 14 años, también de una familia de alcurnia que aportaría una dote por demás considerable.
El tenía 18 y se casaron en 1764 y vivieron en la rue Saint-Charles 18, en una casa de frente pintado de ocre y ventanas verdes, que desde 1967 es museo.
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Cuando por fin obtuvo su título universitario, Carlo entró a trabajar con el militar y político Pasquale Paoli -referente indiscutido de la independencia corsa- como secretario, y aquel lo envió a Roma a negociar con el papa Clemente XIII una declaración de apoyo a la independencia corsa, gestión que no prosperó.

En el medio, Génova, para sacarse de encima una pesada deuda con Francia, le vendió a este país la isla, lo que provocó un movimiento de resistencia, que terminaría con la batalla de Ponte Novu. La retirada de los independentistas fue un sálvese quien pueda, en la que Letizia, con una criatura en brazos y a punto de parir a Napoleón, también huyó montada en un burro.
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Paoli partió al exilio, Buonaparte quiso acompañarlo pero aquel se negó ya que le dijo que no podía abandonar a su familia. Le pidió que se pusiese al frente de la resistencia corsa.
Pero Buonaparte demostró ser un hombre práctico: buscó un acuerdo con Francia, del que trataría de sacar el mayor provecho posible y comenzó una carrera en la política. Fue nombrado consejero del rey francés, asesor en Ajaccio, además de diputado y beneficiario de algún que otro título nobiliario. Asimismo, gracias a su amistad con el gobernador Louis Charles René, logró que su hijo Napoleón estudiase primero en la escuela de Autun y luego en la academia militar de Brienne.
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Sin embargo, sobrevino la debacle de Carlo. Su fortuna se esfumó por malas inversiones y por su adicción al juego de naipes. Tenía 38 años cuando falleció víctima de un tumor en el estómago.
Con María Letizia tendrían 13 hijos, de los que sobrevivieron ocho. Su primer hijo se llamó Napoleón y murió siendo bebé, luego tuvieron una niña que también falleció al poco tiempo. Cuando nació el 15 de agosto de 1769 el futuro emperador de Francia, también le pusieron Napoleón, nombre que llevaba uno de sus tíos. Fue bautizado en la catedral existente en la isla en 1771.
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Cuando su padre murió, fue su hermano Joseph quien ocupó el lugar de administrador de los escasos bienes familiares.
Vivían en una casa bastante derruída, ya que había sido incendiada por los seguidores paolistas. Asistía a la familia Catalina, una sirvienta entrada en años.

El joven Napoleón entró al colegio de los jesuitas, donde el padre Grecco fue el que le enseñó a leer, y ya desde pequeño se reveló su carácter astuto, imperioso y un tanto injusto, y martirizaba a su hermano José -18 meses mayor- para que le hiciese las tareas.
En 1779 su papá lo ingresó en el antiguo Colegio de Autun, en el este francés. El chico debía aprender a hablar y escribir en ese idioma, y dejar de lado el italiano y el dialecto corso. Para entonces, su obsesión eran los cálculos y ya mencionaba que deseaba convertirse en soldado.
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No tuvo un grato recuerdo del paso por ese colegio, ya que sus compañeros se burlaban de él. Luego de menos de un año, ingresó a la academia militar de Brienne, donde estuvo desde 1779 y a 1784.
Si bien estaba destinada a la educación militar de miembros de la nobleza, los contactos de su padre con el rey allanaron el camino para que su hijo estudiase allí. Al comienzo no la pasó bien por el bullying que sufrió debido a su origen corso, su condición de plebeyo y por su baja estatura. El uniforme era azul con cuello rojo, pantalón negro y medias blancas.
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Su carácter fue mutando a huraño y sombrío, y sufrió la ausencia de su familia, del que estaría separado por largos cinco años. Estaba sometido a una rígida disciplina y sufría el penoso clima en invierno en las celdas sin calefacción ni comodidades.
Al terminar sus estudios, estaba en la disyuntiva entre ser marino –una opción que alarmaba a su madre- o artillero. Pero en septiembre de 1784 fue trasladado a la Escuela Militar de París, donde fue sometido a una intensa instrucción. Si bien algunos profesores no le prestaban demasiada atención, otros viern en él a una suerte de “granito calentado por un volcán”.
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Estando en la escuela militar se enteró, por una carta de su hermano José, de la muerte de su padre quien, en su agonía, repetía que si su hijo Napoleón estaría a su lado, seguramente se salvaría. Trató de ayudar en todo sentido a su madre, a quien admiraba y que de muy niño temía.
En el examen final obtuvo 42 puntos sobre un total de 58. Sus biógrafos remarcan que fue el primer corso egresado de la escuela militar francesa.
El 1 de septiembre de 1786, con 16 años y quince días fue nombrado Segundo Teniente en el Regimiento de La Fère, una tradicional unidad de artillería, asentada entonces en Valence.
Al ceñirse por primera vez la espada en la cintura, dijo: “Solo el puño de esta espada pertenece a Francia: el filo es mío”. Un filo que en un futuro no muy lejano lo haría sentir en el corazón mismo de Europa.
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