
La capacidad de los humanos antiguos para cruzar vastos océanos es hoy uno de los mayores logros reconocidos de la prehistoria y, a la vez, un campo de investigación. Durante décadas, la arqueología y la antropología debatieron si las migraciones hacia islas remotas fueron fruto de la casualidad o el resultado de una planificación consciente.
Investigaciones recientes, analizadas en la revista científica New Scientist, han comenzado a arrojar respuestas a este enigma, mostrando que aquellas travesías requirieron de conocimientos técnicos, sociales y culturales avanzados.
¿Qué pruebas arqueológicas avalan los viajes oceánicos en la prehistoria?
Los hallazgos arqueológicos en islas del Pacífico y el sudeste asiático han sido determinantes para reconstruir la historia de la navegación paleolítica. Entre los descubrimientos más reveladores se encuentran herramientas de piedra y fragmentos de embarcaciones similares hallados en puntos distantes del océano. Esto sugiere la existencia de contactos regulares y rutas establecidas entre comunidades separadas por cientos de kilómetros de mar abierto.
Petroglifos y restos de campamentos costeros, datados en hace más de 30.000 años, refuerzan la hipótesis de viajes planificados y sostenidos en el tiempo. Estos vestigios, según la revista científica New Scientist, demuestran que las sociedades paleolíticas poseían una organización social capaz de sostener expediciones prolongadas y complejas.

¿Cómo lograron los antiguos cruzar mares sin tecnología moderna?
Un avance determinante en la comprensión de estas migraciones llegó de la mano de la Universidad de Tokio y de la Academia Sínica de Taiwán, cuyos integrantes realizaron una réplica experimental. El equipo construyó una canoa de madera utilizando únicamente herramientas de piedra, imitando los recursos y técnicas disponibles hace 30.000 años.
El desafío consistió en cruzar los 225 kilómetros (140 millas) que separan Taiwán de las islas Ryukyu, superando la potente corriente Kuroshio. Sin brújulas ni mapas, los navegantes experimentales se guiaron por la posición de las estrellas, el comportamiento de aves y peces, y la observación de las corrientes y el oleaje.
El éxito de la travesía demostró que los antiguos no solo podían fabricar embarcaciones resistentes, sino también orientarse y sobrevivir en mar abierto durante largos periodos.
¿Cuál fue el papel de la transmisión cultural y social?
La revista destaca que el éxito de estos viajes dependía de la transmisión intergeneracional de conocimientos y de la cooperación entre miembros de la comunidad. La construcción de una canoa robusta, la memorización de rutas astronómicas y la previsión de cambios climáticos eran habilidades enseñadas de generación en generación.
La organización social resultaba decisiva. La preparación de una expedición involucraba reunir recursos, coordinar grupos y planificar la logística para sobrevivir días o semanas en el mar. El desarrollo de una cultura náutica permitió la expansión humana hacia nuevas islas y territorios previamente inaccesibles.

¿Qué revelan los estudios genéticos y arqueológicos modernos?
El análisis genético de restos humanos hallados en islas distantes confirma la hipótesis de migraciones organizadas y repetidas. Las muestras de ADN antiguo muestran una diversidad genética que solo puede explicarse por contactos prolongados entre poblaciones separadas por grandes masas de agua, ya que la variabilidad encontrada resulta mucho mayor que la esperable en contextos de aislamiento.
Al combinar los datos genéticos con las evidencias arqueológicas, los científicos han descartado la posibilidad de un poblamiento accidental. Las pruebas indican viajes planificados, con rutas específicas y un conocimiento profundo del entorno marino.
¿Por qué estos hallazgos transforman la visión sobre la prehistoria?
La integración de arqueología, genética y experimentación ha modificado la imagen tradicional de los humanos antiguos. Lejos de estar limitados a la tierra firme, estos grupos demostraron que pudieron conquistar territorios insulares sin tecnología moderna.
Los nuevos hallazgos evidencian que las sociedades paleolíticas poseían no solo el ingenio necesario para construir embarcaciones resistentes y funcionales, sino también una profunda comprensión del entorno marino.
Gracias a la observación minuciosa de las estrellas, el comportamiento de las aves y los patrones de las corrientes, lograron rutas precisas que conectaban islas separadas por cientos de kilómetros de mar abierto.
La planificación de estas travesías implicaba una organización social compleja, la transmisión de conocimientos técnicos entre generaciones y la capacidad de anticipar desafíos ambientales imprevisibles.
Estos descubrimientos, presentados tanto en la revista científica New Scientist como en Science Advances, enfatizan el papel de las culturas paleolíticas en la expansión global de la humanidad. La navegación y la exploración marina resultaron fundamentales para el poblamiento de nuevas tierras, transformando el destino de comunidades enteras y sentando las bases para futuros avances tecnológicos y culturales.
La visión contemporánea reconoce ahora a los antiguos navegantes como protagonistas de una epopeya de ingenio, colaboración y adaptación que redefinió los límites de la supervivencia humana en la prehistoria.
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