
Un día como cualquier otro, dos amigos, Ivor Campbell y Jenny Snedden, salieron a pasear con sus perros Ziggy y Juno por una playa de la costa este de Escocia. El clima había sido especialmente severo en los días previos: ráfagas de viento de hasta 90 km/h barrieron la arena de las dunas cerca de Angus, dejando al descubierto zonas de arcilla seca que normalmente permanecen ocultas bajo el paisaje costero.
Según la revista científica Popular Science, mientras recorrían la playa, Campbell y Snedden notaron algo inusual. En la superficie expuesta por el viento, identificaron unas huellas marcadas en la arcilla endurecida. Lo que empezó como un paseo rutinario se transformó en un hallazgo arqueológico que ninguno de los dos había anticipado. Ante la sospecha de estar ante algo importante, de inmediato contactaron a un arqueólogo local.
La noticia del descubrimiento pronto reunió a un equipo de la Universidad de Aberdeen, que se movilizó rápidamente hasta el lugar para preservar las huellas antes de que el mar y el viento las destruyeran. Los investigadores debieron improvisar recursos, incluyendo la compra de yeso en una tienda de manualidades cercana, para realizar moldes y registrar la evidencia con la mayor precisión posible.
La arqueóloga Kate Britton describió el operativo como uno de los mayores retos de su carrera. “Tuvimos que trabajar rápido en las peores condiciones que he experimentado para trabajo de campo arqueológico—el mar avanzaba rápidamente y cada marea alta se llevaba partes del sitio, mientras la arena arrastrada por el viento lo dañaba al mismo tiempo”, contó.
Asimismo, Britton explicó que el equipo y el yacimiento estaban siendo literalmente “pulidos” por la arena, lo que transformó el rescate en una auténtica carrera contra los elementos.

El esfuerzo resultó decisivo: aunque el hallazgo desapareció por completo en menos de 48 horas, los expertos lograron mapear física y digitalmente el sitio y obtener moldes de yeso de las huellas. Este registro representa la primera evidencia de huellas humanas y animales antiguas preservadas en Escocia, conforme a la infromación de la revista.
El análisis posterior, utilizando datación por radiocarbono, determinó que las huellas tenían aproximadamente 2.000 años de antigüedad, ubicándolas en la Edad de Hierro tardía. Según los primeros estudios, la zona fue transitada por personas y por animales como ciervos, lo que sugiere una convivencia cotidiana en un periodo de grandes cambios históricos.
El arqueólogo Gordon Noble destacó la relevancia del descubrimiento: “Es muy emocionante pensar que estas huellas fueron hechas por personas en la época de las invasiones romanas de Escocia y en los siglos previos a la aparición de los pictos”.
La excepcionalidad de este tipo de registros queda marcada por su rareza: solo existen ejemplos similares en unos pocos sitios del Reino Unido, muchos de ellos ya desaparecidos.
William Mills, colaborador del proyecto, subrayó la fragilidad de estos testimonios: “Es increíblemente raro ver un registro tan delicado salvado; toma solo minutos crear y horas destruir, es una instantánea de lo que la gente hacía hace miles de años”.
Y añadió que el caso demuestra el potencial de hallar más rastros en las arcillas de la cuenca de Montrose.

El hallazgo en la costa de Angus, aunque fugaz, se suma como un hito a la arqueología local, aportando nuevos datos sobre la interacción entre humanos y animales en la Edad de Hierro y abriendo la puerta a futuras investigaciones en la región.
Por su parte, Bruce Mann, arqueólogo regional que colabora con los ayuntamientos de Aberdeenshire, Angus, Moray y Aberdeen, elogió la rapidez de reacción de Ivor Campbell y Jenny Snedden, lo que permitió el análisis del sitio, según informa la Universidad de Aberdeen.
“En cuanto vi la primera fotografía, me di cuenta de que estaba ante algo muy especial. Fue un poderoso recordatorio de que algunos de los descubrimientos más importantes comienzan cuando alguien se da cuenta de algo y decide informarlo”, relató Mann.
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