Para prosperar junto a la IA, enfócate en la mentalidad no en las habilidades

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From HBR.org

En el último año, la inteligencia artificial generativa ha evolucionado desde los chatbots --que eran útiles de manera muy similar a la búsqueda de Google, es decir, ahorraban tiempo a los usuarios, pero no cambiaban fundamentalmente nuestra forma de trabajar-- hasta convertirse en una tecnología capaz de imitar el razonamiento humano, crear planes y tomar medidas. Cada vez es más posible delegar tareas a agentes de IA con una intervención humana mínima, como realizar investigación básica sobre una empresa, crear un modelo de flujo de efectivo descontado, llenar formularios o resolver casos sencillos de atención al cliente. A medida que los agentes de IA ganen terreno en las organizaciones, queda claro que están cambiando la manera en que las personas trabajan.

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En un contexto empresarial, estos agentes pueden mejorar a través de la interacción humana y la retroalimentación de los puntos de referencia de evaluación interna. Por ejemplo, los agentes de análisis de investigación pueden aprender cuáles son las fuentes de información más confiables, cómo ponderarlas en el contexto general, cómo aplicar las siglas y la jerga de la empresa y lo más importante, cómo tomar microdecisiones sobre la marcha de manera autónoma ante la información contradictoria, de una manera muy similar a como lo haría un empleado con experiencia.

Esta evolución requiere un cambio de mentalidad en los usuarios humanos. Exige que confíen en estos agentes y aprendan, de manera selectiva, cuándo ceder el control, pasando de ser operadores a asumir un papel de supervisión. En el nivel más fundamental, esto requiere un replanteamiento profundo de nuestros propios hábitos.

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Cómo se ve esto en la práctica

El nuevo reto no es solo optimizar, sino repensar nuestros roles y nuestras empresas. No nada más aprendas nuevas habilidades, reimagínalas y crea nuevos hábitos. Considera una fuerza laboral híbrida de agentes y humanos como la nueva normalidad y reestructura tu empresa en torno a esta premisa.

Esto requiere algunos ingredientes fundamentales:

Liderazgo

Dejar atrás los viejos hábitos no es algo que suceda por sí solo. Requiere un liderazgo sólido y un enfoque de arriba hacia abajo que haga que las personas se hagan responsables del cambio.

Claridad en los objetivos y los resultados

Si no sabemos cómo es el resultado deseado, ni los humanos ni la IA sabrán cómo dar los pasos correctos hacia el éxito. Debemos obsesionarnos con las evaluaciones y los puntos de referencia.

La mayoría de las empresas conciben las tareas como una serie de acciones paso a paso. Las codifican en procesos operativos estándar. Luego establecen controles sobre esos procesos. En la vida real, tanto los procesos organizacionales como la toma de decisiones se parecen más al problema del bote de basura. De alguna manera, son caóticos, accidentales y no lineales.

El dominio de tus propios datos

Los datos son el alma del contexto --la realidad de fondo de tu organización-- y el mapa de tus impulsores humanos y autónomos. Sin esta realidad de fondo, no puede haber una dirección clara.

Mi experiencia en este punto es que la transformación de la IA sigue a la transformación de los datos y no al revés. En muchas empresas, los datos están dispersos y asignados a ontologías inconexas que son redundantes y obsoletas. La IA tiene el problema claro de "si entran datos basura, salen datos basura", porque hace que los resultados basura parezcan plausibles.

Los líderes deberían considerar posponer (un concepto muy impopular en estos días) la implementación de un proyecto de IA a gran escala hasta que sus datos estén en orden.

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Resiste la tentación de tomar los resultados de la IA al pie de la letra. Revisa las fuentes, supervisa y verifica los resultados, o aprende a hacerlo si, hasta ahora, solo has confiado en el producto de tu propio trabajo. Un futuro autónomo requiere que todos se conviertan en una especie de gestores.

Esa es la moraleja de todo esto. El cambio personal es aún más difícil. Tener el valor de dejar atrás nuestros hábitos de confianza y adoptar una nueva identidad profesional completa en la que podamos prosperar es uno de los mayores retos que se avecinan para cualquiera que trabaje hoy en día.

Una maqueta del cerebro humano en las instalaciones de Miami, el 23 de marzo de 2011. (James Estrin/The New York Times)

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