Virginia Cosin y la literatura como una forma de seducción

La autora de “Partida de nacimiento” y “Pasaje al acto” estuvo en el ciclo Experiencia Leamos, donde habló de las motivaciones y las obsesiones que pone en juego al escribir. “Pasaje al acto” está disponible en la plataforma Leamos.com

Virginia Cosin

Virginia Cosin es una de las escritoras más potentes de la actualidad. Aunque la palabra potente se pone en cuestión en sus novelas, y es porque esa fuerza, esa potencia, paradójicamente viene de la incertidumbre de la voz narrativa. Cosin explora los huecos de la mente y sus fantasmas y lo que devuelve siempre es elegante, profundo, irresistible.

Su nueva novela, Pasaje al acto (Ed. Entropía), esta narrada en primera persona por una chica que intentó suicidarse y ahora está internada en un psiquiátrico privado que ella imaginaba iba a ser parecido a spa y, en todo caso, tiene un ambiente lúgubre. Los días en ese lugar y las relaciones que va sosteniendo —en especial con un médico— llenan las páginas a la vez que abren un pozo, un vacío.

En los títulos de sus dos novelas, Partida de nacimiento y Pasaje al acto, se juega buena parte de la interpretación: si bien “pasaje al acto” tiene algo más que ver con una definición del psicoanálisis, ambos títulos plantean una polisemia y pueden leerse, entonces, desde muchos sentidos y significados.

Invitada a Experiencia Leamos, Virginia Cosin de su nueva novela, que está disponible de Leamos.com. La entrevista completa puede verse en la web de la plataforma. Publicamos aquí algunos fragmentos de los momentos más salientes.

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La poética de las historias mínimas

¿Qué explota la polisemia de los títulos?

—Lo primero que se me ocurre es el título. A partir de ahí organizo el texto. Uno siempre tiene un caos en la cabeza cuando se pone a escribir, y tiene que descartar y recortar. El título vertebra por dónde va a pasar la historia o el texto. Son historias mínimas, en realidad, no sé si puedo hablar de historia o de argumento.

Una historia mínima también es una historia.

—Sí, totalmente. Y son las que más me gustan, por otro lado. Soy hija de un creativo publicitario y en mi familia siempre hubo un juego con las palabras y con los sentidos a partir del eslogan. Si bien no me siento identificada con eso —que ver con vender o con convencer—, hay algo de la creatividad en el sentido más literario del término que me hace pensar en los títulos como una caja que puede contener otras cajas. Ya la palabra “partida” en Partida de nacimiento tiene un montón de significados. Pasaje al acto también: me gustaba la idea del “pasaje” como caminito, como fragmento de un texto, como cambio. “Acto” también contiene varias posibilidades: actuar en el sentido más actoral, actuar en el sentido de la acción. Si bien hay una referencia psicoanalítica, yo soy una lectora de psicoanálisis arbitraria y poco sistemática, pero me gusta leerlo y Lacan me parece híper poético. No puedo explicar profundamente el término de “pasaje al acto”, pero me encanta como suena. Me gusta mucho robar términos y usarlos como en una especie de reconversión poética.

Escribiste bastantes artículos sobre el suicidio y, por supuesto, el narrador de una novela no es el autor, pero evidentemente hay algo en el tema que te convoca.

—Cuánto hay de mí: la pregunta siempre me parece complicada y a la vez fácil. No es una novela autobiográfica en el sentido de que lo que le pasa a la narradora no es algo que me haya pasado a mí. Pero el tema del suicido siempre me pareció bastante fascinante, como una pulseada entre eros y tánatos. Para esta novela leí sobre todo a mujeres pero también hombres que terminaron suicidándose o que bordearon el suicidio. Lo que me llama la atención es cómo esas personas tienen, en realidad, una pasión por vivir. Un desborde del deseo, casi como un amor no correspondido con la vida. Personas que esperan demasiado de la vida, que se sienten traicionadas y eso las convierte en artistas. Me interesa el arte de vivir en peligro; la relación entre el artista, la escritura, la curiosidad por la vida, la desilusión, la infelicidad.

En El dios salvaje, Al Alvarez dice que Sylvia Plath en realidad no quiso suicidarse sino actuar un intento de suicidio. ¿Cuánto de actuación tiene un acto tan, por decirlo en términos de Alvarez, salvaje?

—Eso me resulta súper interesante, porque todos estamos actuando todo el tiempo. No hay una verdad, no tenemos una forma esencial o única de ser que tapamos cuando actuamos. En realidad, cobramos distintas formas, de acuerdo a los distintos modos en que actuamos. Incluso en esos actos extremos o pulsionales también estamos actuando. En la soledad todavía más. En ese ser dividido que somos, por ahí estamos representando un papel para el otro que somos. Puede parecer un poco esquizofrénico lo que digo, pero creo que permanentemente estamos actuando. Se piensa en el deprimido como alguien sin ánimos ni fuerza, pero en el pasaje a esos actos uno está tomando una decisión fuertísima de vida, incluso para matarse. La potencia que tiene que tener una persona para tomar una decisión así.

Virginia Cosin (Foto: Valeria Bellusci)
Virginia Cosin (Foto: Valeria Bellusci)

Ser escritora, escribir

En 2020, Cosin incursionó también en el mundo del cine y dirigió uno de los cuatro cortos que conforman la película Edición limitada junto a Edgardo Cozarinsky, Romina Paula y Santiago Loza. Cada uno de ellos abordó la tensión entre la escritura y la lectura, y el proceso creativo. La película se exhibió en el festival de cine de Mar del Plata y en el de San Sebastián. También puede verse desde la plataforma Cine.ar.

La protagonista de Partida de nacimiento se parece mucho a vos y la de Pasaje al acto comparte tus obsesiones. ¿Cómo es la protagonista de “Edición limitada”?

—Con las limitaciones del cine, se me ocurrió partir del momento en que sentí que podía decir que era una escritora. Es un tema que siempre me preocupó; es el día de hoy que yo no creo ser escritora. Si me preguntás “Qué sos”, diría que escribo, pero no que soy escritora. Entre los libros que publiqué hay ocho años en el medio. Pero puedo pensar como un momento bisagra de mi vida cuando se publicó Partida de nacimiento. No es que en la película se muestre lo que digo, pero en mi cabeza, la chica del corto toma apuntes para escribir algo que podría ser esa novela.

Siempre traigo a cuento una frase de Fabián Casas, que dice “soy un escritor cuando escribo”. Se podría pensar que se es escritor en acto.

—Sí. Lo interesante de escribir es que uno después se puede leer. Hay cosas que no sabías y que te enterás una vez que las escribiste. Y hay un tema con respecto, no sé si llamarlo vocación, pero con lo que te apasiona. Mi hija tiene 18 y terminó el secundario, y es la edad en donde todo el mundo le empieza a preguntar qué querés hacer, qué querés ser, a qué te vas a dedicar. ¡Es una pregunta re jodida! Que haya un momento de la vida en donde uno tiene que decidir qué quiere hacer... Alguna gente lo tiene clarísimo desde muy chico, pero otros no. Eso me parece muy interesante y muy conflictivo. Yo fui haciendo las cosas como surgieron, fue todo recontra azaroso, como un camino en zigzag. Pero esos caminos me gustan, me interesan.

La protagonista de Pasaje al acto es una chica muy seductora. ¿Se puede seducir con la escritura?

—Me encanta lo que dice Barthes sobre la escritura y cómo lo relaciona con el amor. El dice algo así como: “El libro que leo me tiene que seducir”. Y habla de leer como un acto amoroso. Uno puede levantar la vista del libro y seguir enamorado de esa escritura. Uno se enamora de lo que lee muchas veces: está la sensación de que ese libro está escrito para mí. Como si fuera el amante: sólo él me entiende, sólo yo lo entiendo. En la escritura también hay toda una relación con el deseo porque siempre hay algo pero también falta algo y leer, de alguna forma, es completar eso que está escrito. Me interesan son los textos agujereados.

La protagonista de Pasaje al acto está fascinada con Madame Bovary (creo que era Piglia el que decía que Madame Bovary justamente no leería Madame Bovary). ¿Por qué la insistencia con esa novela?

—Yo tengo una fascinación con Madame Bovary. La empecé varias veces de chica, porque estaba en la biblioteca de mi vieja, y cuando finalmente la pude agarrar me dio vuelta. En parte, lo que me fascinó es el juego de espejos en donde Emma, para poder vivir su vida tiene que actuar que es otra, tiene que imaginarse que es otra, tiene que imaginarse que es la protagonista de esos libros rosas. Porque ella no leería Madame Bovary, pero lee novelones como si fueran telenovelas de Andrea del Boca. En el blog de Eterna Cadencia escribí una notita sobre un artículo de Freud que se llama “El poeta y los sueños”. Emma no pasa nunca a la etapa adulta; se queda con la etapa del niño que juega y se queda en su mente. Eso me interesa porque es algo que me costó muchísimo dejar de hacer. Yo era muy fantasiosa; no digo imaginativa, sino fantasiosa. A veces me pasaba del colectivo porque me armaba películas en la cabeza fantaseando vidas. Hay un mundo de ficción que difícil de abandonar para ser justamente un adulto que, en todo caso, haga algo con eso: escribir, por ejemplo.

Emma Bovary no leería Madame Bovary. Pero ¿la protagonista de Pasaje al acto leería Pasaje al acto?

—Sí. Tal vez sí. No lo sé. Su mundo empieza y termina donde empieza y termina la novela. No sé nada más de ella.

Ver la entrevista completa.

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