
Nunca en la historia de la Copa del Mundo habían coincidido ocho jugadores de al menos 40 años (*) hay un paralelismo que vale para todos: si el desgaste físico representa la pura productividad de un esfuerzo físico, la estrategia representa la vigencia de aportar, de sumar a un juego que ya no es solo físico sino de gestión. Lo segundo no caduca con los años; al contrario, se afina. Y no es un dato menor: en los 22 mundiales anteriores, sumados, apenas siete futbolistas habían pisado el campo rebasando esa edad. Ocho, ahora, en un solo torneo.
Sucede, además, en una cita especial por donde se la mire: la más extensa de todas, la primera repartida entre tres países y la primera con 48 selecciones en disputa. Y la lista no termina ahí: hay cerca de una veintena de futbolistas que rondan o superan los 38 años. Entre ellos, nada menos que Leo Messi, que hoy cumple los 39.
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Pero tan importante como cuántos años vivimos es cómo vivimos. La pregunta que muchos se hacían era si Messi, a esta altura, no sería ya demasiado mayor.
En el primer partido de Argentina respondió con claridad: lo que el mundo vio confirma lo que tantos intuíamos, que Messi nunca será demasiado viejo. A su edad sigue demostrando, una y otra vez, que no solo es capaz de marcar la diferencia, sino de ofrecer un espectáculo distinto. Después de soportar una presión descomunal a lo largo de toda su carrera, y vivir momentos de zozobra como cuando dejaba la selección, hoy lo vemos jugar con una libertad nueva, como si ya no tuviera nada que demostrar.
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Se lo ve, además, arropado por un equipo de compañeros a los que en muchos casos les lleva hasta quince años de diferencia. Y esa imagen —el veterano rodeado de juventud— nos invita a observar algunos rasgos que caracterizan a la segunda mitad de la vida. Esa segunda mitad de la que Messi, precisamente, empieza a disfrutar.
Y lo que observamos es revelador. La diferencia de Messi ya no está en su despliegue físico, sino en su visión integral, estratégica del juego. Ahí hay un paralelismo que vale para todos: si el desgaste físico representa la pura productividad de un esfuerzo físico, la estrategia representa la vigencia de aportar, de sumar a un juego que ya no es solo físico sino de gestión. Lo segundo no caduca con los años; al contrario, se afina.
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Está, también, ese jugar con libertad sin nada que demostrar. Es justo lo que suele ocurrir en la segunda mitad de la vida: ya sabemos qué nos gusta y qué nos hace mal o perder el tiempo, y dejamos de rendir cuentas de la forma en que lo hacíamos en otros momentos de nuestras vidas.
A eso se suma la resiliencia, esa capacidad —templada por toda la presión soportada a lo largo del camino— de afrontar con entereza lo que queda por delante. Y, por último, ese juego compartido con compañeros mucho más jóvenes, que da lugar al diálogo intergeneracional: un atributo característico de lo que hoy llamamos nueva longevidad.
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En este sentido, conviene recordar algo: quienes hoy transitamos la segunda mitad de la vida somos las primeras generaciones de la historia en contar con un enorme cúmulo de evidencia científica e investigación clínica sobre cómo cuidar la salud. Y eso, lejos de ser un detalle, influye de manera decisiva en algo más valioso aún que vivir muchos años: vivir más años haciendo lo que nos gusta como muchos de estos jugadores mundialistas con edades a las que, hace solo 20 años, habrían llegado ya retirados.
Quizás por eso, más allá del resultado, lo que tantos vemos en Messi nos conmueve: no es sólo la hazaña de un atleta excepcional, sino el reflejo de algo que está al alcance de muchos. La segunda mitad de la vida no es el descuento de un partido que se acaba, sino un tiempo distinto, jugado con otra inteligencia, con más libertad y sin la urgencia de demostrar nada. No se trata de correr como a los veinte, sino de saber, por fin, dónde pararse en la cancha. Que nadie se confunda: no hablo de fútbol. Hablo de nosotros.
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Messi, a sus casi 39, no nos demuestra que la edad no exista; nos recuerda que cada etapa tiene su propio juego, y que el de la segunda mitad puede ser, si lo sabemos jugar, el más libre y disfrutable de todos.
(*) Los 8 jugadores de 40 años o más que han hecho historia al ser convocados para la Copa Mundial 2026 son:
Craig Gordon (43 años, Escocia) - arquero
Guillermo Ochoa (40 años, México) - arquero
Cristiano Ronaldo (41 años, Portugal) - delantero
Luka Modrić (40 años, Croacia) - mediocampista
Manuel Neuer (40 años, Alemania) - arquero
Edin Džeko (40 años, Bosnia y Herzegovina) - delantero
Vozinha (Josimar Dias) (40 años, Cabo Verde) - arquero
Fernando Muslera (40 años, Uruguay) - arquero
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