La historia de la mujer que obligaron a jubilarse a los 65 y a los 70 se consolidó como líder social

El impacto de su experiencia vital generó un modelo de activismo intergeneracional y dio visibilidad a nuevas formas de alianza social

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Fundó los Gray Panthers para
Fundó los Gray Panthers para demostrar que la vejez también puede ser acción política.

La vida de Maggie Kuhn cambió en 1970, cuando fue obligada a jubilarse tras cumplir 65 años. En lugar de aceptar la jubilación como una derrota, transformó esa exclusión en un punto de partida para el activismo en la vejez, al fundar el movimiento Gray Panthers.

La jubilación obligatoria, vigente en Estados Unidos en esa época, apartó a Kuhn del sistema laboral que había integrado durante décadas. Para ella, no fue solo la pérdida de un empleo, sino también de la comunidad y la independencia personal.

“Si no está preparado, la jubilación a los 65 años lo convierte en un ser inexistente”, advirtió. Esta vivencia la empujó a denunciar la discriminación por edad, conocida como edadismo, y a desafiar el estigma que asocia la vejez con la invalidez y el aislamiento.

De esa experiencia amarga nació la convicción de que la vejez podía ser un espacio de transformación social. Así surgió un colectivo inicialmente titulado “Consulta de Adultos Mayores y Jóvenes para el Cambio Social”.

El nombre definitivo apareció cuando el reverendo Reuben Gums propuso una denominación que evocara fuerza y acción: Gray Panthers. Adoptado oficialmente en 1972, el nombre atrajo la atención pública y convirtió a la organización en referente nacional por los derechos de los mayores.

En una sociedad que asociaba
En una sociedad que asociaba vejez con retiro, eligió la exposición y el conflicto.

La labor de Kuhn fue más allá de defender exclusivamente a las personas mayores. Bajo el lema “Edad y Juventud en Acción”, los Gray Panthers promovieron una agenda de justicia social que incluyó cuestiones como la vivienda, la seguridad social, la justicia intergeneracional y causas globales relacionadas con la paz y la equidad económica.

El activismo de Kuhn desafió la llamada “teoría del desapego”, que plantea que la vejez es una etapa de aislamiento. “La vejez no es una enfermedad: es fortaleza y supervivencia, triunfo sobre toda clase de vicisitudes”, afirmó. Criticó que la gerontología reforzara estereotipos de incapacidad y se opuso a cómo los mayores eran retratados en los medios.

Defensora de la colaboración entre generaciones, Kuhn fue pionera al abordar temas tabú como la sexualidad en la vejez y los modelos de vivienda colaborativa.

En su vida diaria puso en práctica estas ideas: compartió su casa en Filadelfia con adultos jóvenes, a los que denominaba su “familia de elección”. Este tipo de convivencia reflejaba su confianza en la cooperación intergeneracional y el aprendizaje mutuo. También participó en la fundación del Shared Housing Resource Center y colaboró en festivales y publicaciones para transformar la percepción del envejecimiento.

Su lucha no fue solo
Su lucha no fue solo por los mayores: fue por una sociedad más justa para todas las edades.

El mensaje de Kuhn unía irreverencia, autoconciencia y valentía. Se definía como una “radical arrugada” y declaraba: “Mi objetivo es hacer algo escandaloso cada día”. Invita a la acción incluso ante el miedo: “Ponte delante de las personas a las que temes y diles lo que piensas, incluso si te tiembla la voz”. Insistía en que “las personas mayores y las mujeres constituyen la mayor fuente de energía humana no aprovechada y subvalorada de Estados Unidos”.

El impacto del movimiento impulsado por Kuhn se reflejó en cambios concretos, como la prohibición de la jubilación forzosa en Estados Unidos. Además, mantuvo una presencia constante en medios nacionales, programas de televisión y debates públicos.

Superados los 70 años, alcanzó su mayor visibilidad, realizando más de 200 conferencias anuales y siendo reconocida como una de las figuras más influyentes del país. En 1995, fue distinguida en el National Women’s Hall of Fame.

A los 70 años recorría
A los 70 años recorría el país dando cientos de conferencias al año.

Hasta el final de su vida, Kuhn defendió la idea de que “las personas mayores, como ‘ancianos de la tribu’, deberían salvaguardar el interés público más amplio” y reivindicó la libertad que la edad puede conceder. Convertida en un símbolo de resistencia y autenticidad, la activista transformó la jubilación en un camino de acción perdurable.