
Catherine O’Hara, destacada actriz, escritora y guionista canadiense, falleció ayer a los 71 años, según confirmó este viernes su representante a Variety. Hasta sus últimas entrevistas, O’Hara abordó con franqueza y humor el envejecimiento, reflexionando sobre los cambios y la aceptación que conlleva la madurez.
En declaraciones recogidas por PEOPLE, O’Hara señaló que “la vida se ve distinta con el tiempo”, manteniendo su característico sentido del humor al describir los retos y aprendizajes de la edad.
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La actriz afirmó que afrontar las nuevas etapas con autenticidad era su forma de vivir, una filosofía que defendía con claridad.
Interrogada por el Los Angeles Times sobre cómo la percibía la industria cinematográfica a medida que pasaban los años, O’Hara respondió en tono humorístico. Comentó que últimamente era vista con respeto y autoridad debido a su trayectoria, utilizando la ironía para subrayar el trato que recibía y su percepción pública.
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Según The Hollywood Reporter O’Hara fue firme en su rechazo a intentar “detener el paso del tiempo” mediante procedimientos estéticos o cirugías plásticas.
“Nunca me he sometido a cirugías para cambiar el rostro ni tengo intención de hacerlo”, expresó la actriz, remarcando la importancia de aceptar cada etapa de la vida y practicando el respeto por la propia edad como señal de aceptación personal.
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La actitud vitalista de O’Hara resonó entre quienes integran la generación silver, un sector de personas mayores que buscan afrontar la madurez con realismo y autonomía. Varios medios destacaron cómo su postura influenció la conversación cultural sobre la identidad y la relevancia de la experiencia a lo largo de los años.
Con un estilo inconfundible, O’Hara supo transformar la visión sobre la vejez. Concibió esta etapa no como una pérdida, sino como un periodo para vivir el humor y el amor propio. Hasta sus últimos días, la actriz fue reconocida por encarar la madurez con distancia irónica y honestidad, marcando a quienes la escucharon.
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O’Hara, fiel a su sentido del humor, solía convertir el trato deferente que recibía por su edad en una broma personal, reflejando su capacidad para reírse de lo inevitable y dejar huella en quienes reflexionaron sobre el paso del tiempo.
Catherine Anne O’Hara construyó una carrera marcada por la comedia de improvisación y el trabajo colectivo. Formada en el circuito teatral de Toronto, fue parte del elenco de The Second City antes de convertirse en una de las figuras centrales de SCTV Network entre 1976 y 1984. Allí desarrolló un estilo propio, basado en la observación y la precisión del gesto, que le valió el reconocimiento de la crítica y la consolidó como una de las intérpretes más versátiles de la escena humorística canadiense y estadounidense.
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Su proyección internacional llegó con el cine. A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, O’Hara alternó papeles secundarios con personajes que se volvieron icónicos. Interpretó a Delia Deetz en Beetlejuice y retomó ese rol más de tres décadas después, y encarnó a Kate McCallister en Mi podre angelito y su secuela, un personaje que quedó asociado a la cultura popular. En paralelo, desarrolló una extensa carrera como actriz de voz en películas animadas, aportando matices y personalidad a personajes que ampliaron su registro más allá de la comedia física.
En televisión, alcanzó una nueva consagración con Moira Rose en Schitt’s Creek, serie emitida entre 2015 y 2020, donde combinó humor, excentricidad y una construcción precisa del personaje. Ese trabajo le otorgó algunos de los premios más importantes de su trayectoria y la volvió a situar en el centro de la conversación cultural.
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