En una nueva entrega de “De esto aprendí”, Marcela Tinayre revela una mirada profunda sobre la reinvención en la adultez, la amistad con exparejas y el valor de la autenticidad. La conductora se sumerge, a través de sus propias vivencias, cómo la fortaleza y la sensibilidad pueden convivir en una misma persona, y cómo el paso del tiempo transforma la manera de relacionarse con los demás y consigo misma.
La conductora se define como una mujer de carácter, pero rechaza la idea de que esto implique dureza: “Soy una mujer de carácter. Soy contundente. No quiere decir que tengas mal carácter, que no se confunda. Soy contundente. Lo que es blanco es blanco”, explicó. Esta determinación se manifiesta tanto en su vida profesional como personal, donde asegura que no abandona sus ideas fácilmente: “Cuando tengo una idea en la cabeza, soy seguidora como perro de sulki. No la abandono”.
A pesar de su imagen de fortaleza, Tinayre reconoce su costado vulnerable y sensible. “A todos nos gusta ser cuidados, todos queremos ser queridos, ¿viste? Pero cuando estás en esta profesión, la mitad te quiere y la otra mitad no te quiere. Es así. El ser humano es así, somos así”, reflexionó la conductora, quien también admitió que, aunque suele defender a otros con vehemencia, no siempre recibe la respuesta esperada: “Me subo demasiado al caballo y la otra parte no me sigue, a la que estoy defendiendo”.

El paso del tiempo y la experiencia han modificado su perspectiva sobre la vida y las relaciones. Tinayre reconoce que la flexibilidad y la paciencia han ganado terreno en su día a día: “Uno va cambiando para mejor, creo, para vivir... Yo quiero vivir más liviana, más fácil”, expresó, resaltando la importancia de disfrutar de la serenidad y de aceptar situaciones que antes le resultaban irritantes. Esta búsqueda de una vida más liviana se traduce en una mayor tolerancia y en la capacidad de priorizar el bienestar propio.
En el plano profesional, Tinayre relató cómo su carrera en la televisión no fue una elección consciente desde el inicio, sino el resultado de una serie de circunstancias familiares y laborales: “Yo era muy ejecutiva para empresas, muy. Manejé una empresa de moda, Dior, que no está más en la Argentina, durante dieciocho años trabajando para los franceses, que no es moco de pavo trabajar para los franceses porque... Son terribles lo que te exigen. Pero yo lo tomé como una universidad”, recordó.
La maternidad ocupa un lugar central en su proceso de transformación. Tinayre fue madre en diferentes etapas de su vida, incluso en la adultez, y considera que la elección de ser madre es un avance de este siglo. Recuerda que tenía cuarenta y seis o cuarenta y siete años cuando nació su hijo menor, Rocco, y destaca que la maternidad tardía puede ser una decisión consciente y plena. “Me siento más chica que la edad biológica que tengo”, afirmó.

La maternidad ocupa un lugar central en su relato. Tinayre compartió experiencias de pérdidas y renacimientos, y cómo la llegada de sus hijos le otorgó plenitud: “Tener hijos es algo que me dio plenitud a mi persona”, afirmó.
Además, defendió la libertad de las mujeres para decidir sobre la maternidad y destacó los cambios sociales que permiten nuevas formas de vivir esa experiencia: “La maternidad la decidimos las mujeres, sin duda. Y creo que, en el caso de que te ayuden, es un beneficio. Pero también hay mujeres que dicen: ‘Yo no quiero tener hijos, yo no quiero tener la responsabilidad’”.
Tinayre contó que participó como mediadora en el Silver Economic Forum, donde se analizó el descenso de la natalidad en el mundo: el cierre de colegios, la ausencia de niños y el desinterés creciente de las parejas jóvenes por tener hijos.
El trabajo, según Tinayre, es un mandato familiar y una fuente de satisfacción personal: “En mi familia trabajamos todos. Es un mandato familiar”, explicó. No obstante, reconoció que los cambios en el ritmo laboral le permitieron descubrir otros placeres, como viajar y disfrutar de la amistad: “Me puse a arreglar mi casa, me puse a viajar con amigos, que amo, eso es algo que hago con pasión”.
La amistad, tanto con amigos como con exparejas, es un pilar en su vida. Marcela defendió la posibilidad de mantener vínculos afectivos sanos tras una separación: “Yo soy muy respetuosa de todo hombre que vivió conmigo, que durmió conmigo, que hizo el amor conmigo, que tuvimos hijos y que nos reímos mucho en la vida. La vida te va separando por otras cosas, pero nada para que el hombre que has compartido años con él se convierta en tu enemigo”, sostuvo. Incluso, aseguró que, ante una dificultad, recurriría a su expareja como primera opción de ayuda.
En cuanto a la pareja y el amor en la adultez, Tinayre se muestra abierta a nuevas experiencias, aunque prioriza su libertad: “Tengo amigovios por varios lados, que me divierto con ellos. Lo paso bien. Soy cada vez más libre en todo eso”, confesó.

No obstante, no descarta la posibilidad de sorprenderse nuevamente: “Nada me gusta más que me sorprendan. Me encanta sorprenderme todavía. ¿Por qué no puede suceder?”.
El paso del tiempo y la percepción de la edad también forman parte de su reflexión. Tinayre admite que, aunque se cuida y disfruta de los rituales de belleza, hay días en los que no se siente bien con su imagen: “Me llevo con el paso del tiempo. Pero viste que eso va variando de acuerdo al día, de acuerdo al día. Por ahí hay días que digo: ‘Ay, estoy hecha pelota. No, no, no, no me gusta’”.
Finalmente, la solidaridad y el cuidado hacia los demás son rasgos que Tinayre considera esenciales en su vida: “Soy muy solidaria y me hago cargo de problemas de mis amigos. Me gusta ocuparme mucho de ellos. De mis hijos ni hablar. De mi mamá ni hablar. Eso ya es una cosa innata, es natural. Pero me gusta ocuparme de la gente, mucho, mucho, mucho, mucho”, afirmó. Y concluyó con una enseñanza que resume su filosofía: “El disfrute se hace y la parte de la felicidad con pequeñas situaciones de la vida. Que todos los días tenés una situación agradable. Hay que saber verla”.
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