Luisa Cantero nunca había viajado, nunca se había pintado los labios, nunca había estado en los brazos de alguien, nunca había conocido el amor. Dejó apagar sus sueños para cuidar de sus padres y luego, a los 40 años, para ocuparse de un pequeño, su sobrino nieto, Miguelito, a quien el padre no podía atender porque trabajaba mucho.

Dedicó toda su vida a cuidar a los demás. Hasta que, ya muy mayor, pasó a necesitar que cuidaran de ella. Quien lo hizo fue Miguel, ese niño agradecido que se propuso hacer vivir a su Tata todo lo que ella había perdido en su juventud. Miguel Ángel Muñoz ya era, para entonces, un actor consagrado, con contratos en España y en otros países como México.
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El joven artista comenzó por invitarla a pasear por el mundo, decidido a hacerle cumplir algunos de sus sueños, que habían plasmado en una lista de deseos, que colocaban en un frasco para ir cumpliéndolos de a uno. Pero vino la pandemia, y con ella, el encierro forzoso. Miguel, quien hasta entonces había previsto que dos personas cuidaran de su tía abuela durante toda la semana, y se comunicaba con ella a través de videollamadas, se dio cuenta de que la Tata estaba demasiado frágil como para correr el riesgo de que hubiera personas yendo y viniendo a su domicilio, y decidió encerrarse con ella en un departamento de 35 metros cuadrados.

Y allí comenzó la aventura. No era cuestión de deprimirse y de dejarse estar. La Tata tenía que entretenerse y mantenerse con buena salud. “Yo lo único que deseo es estar siempre junto a tu vera”, decía ella. Juegos, disfraces, muchas risas y comida sana. “Estoy viviendo unos momentos que son los más grandes de mi vida”.
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La Tata quería ser actriz. Y durante esos cien días que pasaron juntos, su sueño se cumplió. Crearon un espacio en redes sociales, que se convirtió en un programa diario, y cada vez iban teniendo más seguidores. Estos mismos sugirieron el nombre del exitoso espacio: “La CuarenTata”. Pronto esta sencilla mujer se convirtió en una de las instagramers más seguidas en la pandemia.

“Ver a la Tata feliz, es lo que más feliz me hace”, decía Miguel. De esta experiencia ambos salieron fortalecidos. La Tata, habiendo cumplido parte de sus sueños y su deseo más profundo, estar con su amado niño. El joven actor, con la satisfacción de haber acompañado a su anciana tía en ese momento tan difícil de nuestra historia reciente, y con un premio, el Premio Forqué a Mejor Documental en 2022. El documental Cien días con la Tata fue difundido ampliamente en el mundo, no solo en cines sino a través de plataformas de streaming.
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Luisa falleció en 2023, en paz y acompañada por su amado sobrino y por cientos de amigos y seguidores que quedaron prendados de esta mujer, ejemplo de vitalidad y de actitud positiva ante la vida, aun cuando la misma se presenta con duras renuncias y resignaciones. Antes de partir, dejó estas palabras para sus tantos admiradores. “Me dieron vida durante todo este tiempo en que el internet apareció en nuestras vidas cuando hacíamos nuestro programa CuarenTata y después con todo lo que me escribieron tan bonito por la película. Me voy al cielo agradecida, feliz y llena de amor. Son muchos añitos los que tengo (98) y nunca me pudiera haber imaginado todo lo que he vivido en estos últimos años de mi vida”.

“Siento si he sido un algo egoísta no pudiendo soltarte antes y te agradezco tu esfuerzo incansable para no despedirte hasta que no estuviera preparado como este último tiempo”, había escrito Miguel en el momento de anunciar la partida definitiva de Luisa. Y sigue recordándola en las redes, en cada aniversario. “Hace un año te acompañaba en el viaje tan largo que ibas a emprender, de la misma manera que tú acompañaste a tu madre Carmen. En su casa, tranquila, con mucha paz, amor y dándole la mano hasta su último suspiro. Tú tenías 40 años. Yo también”, decía en 2024. Y ahora que la Tata estaría cumpliendo cien años: “Se me hace tan difícil la vida sin ti… Ya lo estarás viendo tú desde allí arriba. ¿Verdad?”
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