
En Adobe, la era de la inteligencia artificial es una prueba de si una empresa construida sobre herramientas creativas icónicas puede reinventarse lo suficientemente rápido para seguir siendo indispensable sin perder a los profesionales que dieron valor a esas herramientas.
Anil Chakravarthy está en el centro de ese esfuerzo. El exdirector ejecutivo de Informatica lidera ahora el negocio de experiencia del cliente en Adobe, mientras la compañía enfrenta una presión creciente para mantenerse a la vanguardia de la disrupción que afecta a productos como Photoshop, Illustrator y Acrobat.
Esa presión también se ha reflejado en las acciones de Adobe. A pesar de haber registrado un ingreso récord de 6.400 millones de dólares en el primer trimestre fiscal de 2026, sus acciones han caído debido a la preocupación de los inversores de que agentes de inteligencia artificial y otras herramientas nuevas puedan debilitar la demanda de partes del modelo tradicional de software por usuario.

La preocupación subyacente en ambas presiones es la misma: Adobe debe avanzar al ritmo de la inteligencia artificial sin socavar la confianza de los clientes empresariales que dependen de su software para funciones críticas de negocio.
Chakravarthy señaló momentos como el Super Bowl y los Juegos Olímpicos, cuando se espera que los sistemas de Adobe funcionen a la perfección bajo una presión intensa. En esos entornos, afirma, el reto es determinar qué partes de la empresa deben avanzar a la velocidad de la inteligencia artificial y cuáles deben seguir haciéndolo al ritmo de la confianza del cliente.
“Los modelos de inteligencia artificial y las empresas de inteligencia artificial que más rápido avanzan, digamos que se mueven a 100 millas por hora”, dijo Chakravarthy. Y agregó: “Los clientes se mueven a 10 millas por hora”.
Entre la rapidez y la confianza
Esa brecha deja a Adobe en una posición difícil. Si avanza demasiado despacio, corre el riesgo de parecer anticuada en un mercado que la inteligencia artificial está transformando. Si avanza demasiado rápido, puede debilitar la fiabilidad por la que los grandes clientes aún pagan.
Dentro de una empresa con más de 30.000 empleados, esa división puede generar una sensación de “latigazo”, ya que los equipos son impulsados a moverse a la velocidad de la inteligencia artificial sin interrumpir el software del que dependen los clientes.
“Si avanzamos completamente a 100 millas por hora como la inteligencia artificial y rompemos todo, incluido el software que actualmente les funciona, tampoco seremos su socio de confianza dentro de tres años”, explicó Chakravarthy.
Esa tensión se ha intensificado desde que Adobe anunció el mes pasado que su director ejecutivo de larga data, Shantanu Narayen, dejará el cargo una vez que se encuentre un sucesor.
La transición ha enfocado la atención interna en si el futuro de la empresa depende más de preservar su ADN creativo o de profundizar la disciplina empresarial necesaria para navegar el cambio hacia la inteligencia artificial.
De cualquier manera, las apuestas aumentan a medida que Adobe intenta satisfacer a los clientes empresariales, tranquilizar a los inversores y retener a una comunidad creativa que desconfía de que la empresa priorice la escala y la eficiencia por encima del oficio.

Una empresa que avanza a dos velocidades
Chakravarthy ve el momento actual como un verdadero cambio de plataforma, a la escala de la transición de mainframes a la computación cliente-servidor, luego a internet y ahora a lo móvil. Pero esta transición plantea una pregunta más desestabilizadora para los actores ya establecidos. El interés es si los productos SaaS convencionales seguirán siendo actuales dentro de unos años.
Para Adobe, eso implica algo más que una actualización de producto. La empresa construyó su imperio sobre herramientas poderosas que los usuarios controlaban directamente. El modelo que ahora toma forma otorga al software un papel más activo dentro del flujo de trabajo, ejecutando tareas y avanzando el trabajo en lugar de esperar instrucciones en cada paso.
La inteligencia artificial ya ha reducido la barrera para producir contenido. Los usuarios pueden generar imágenes, videos, textos y campañas con una cantidad creciente de herramientas y con una facilidad sorprendente. A medida que esa capacidad se vuelve común, la pregunta pasa de quién puede producir contenido más rápido a por qué alguien seguiría necesitando un paquete de software costoso y sofisticado.
La respuesta de Chakravarthy se basa en la distinción entre generación y ejecución. Producir contenido es cada vez más fácil, reconoceió Convertir ese borrador en algo que una empresa pueda realmente usar, confiar, gestionar y reconocer como propio es más difícil. Ahí es donde Adobe intenta situar su valor.

La disputa sobre lo que sigue siendo importante
Desde esa perspectiva, la inteligencia artificial no elimina la necesidad de software, sino que desplaza su valor hacia la consistencia de marca, la integración en los flujos de trabajo, los controles empresariales y la distintividad creativa.
En un mercado lleno de modelos capaces y nuevas empresas ágiles, la posición más fuerte podría estar en ayudar a los clientes a personalizar contenido a gran escala sin sacrificar la calidad. Chakravarthy sostiene que este es un lugar más duradero para que una empresa compita que simplemente producir la imagen más barata o el borrador más rápido.
Los creativos han sido directos respecto a Firefly, el sistema generativo de inteligencia artificial de Adobe para crear y editar imágenes y otros contenidos integrado en sus productos. Algunos cuestionan cómo se entrenaron los modelos, si se usaron trabajos con derechos de autor y si herramientas como esta reducirán el valor del trabajo creativo humano.
Esa tensión atraviesa la postura pública de la empresa sobre la inteligencia artificial. Adobe quiere presentar sus nuevas herramientas como aceleradores de la creatividad, no como reemplazos de ella. Quiere prometer mayor velocidad sin implicar que la habilidad importe menos.
Son posiciones difíciles de sostener al mismo tiempo, especialmente cuando la economía de la inteligencia artificial empuja a las empresas de software hacia la automatización y volumen.
Aun así, la apuesta de Chakravarthy es que la originalidad, la identidad y el gusto importan más cuando todos pueden crear contenido de manera rápida y barata. En ese mundo, Adobe no necesita ganar por ser la única empresa capaz de generar contenido. Necesita ganar ayudando a los clientes a convertir el material generado en un trabajo que se sienta inconfundiblemente propio.
(c) 2026, Fortune
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