El freestyle y la palabra improvisada como potenciador del arte

Qué aporta esta disciplina por fuera del circuito de las batallas

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Damon Albarn de Gorillaz y
Damon Albarn de Gorillaz y Trueno durante su junte en el Quilmes Rock 2022 Crédito: Imagine It Media

En otro artículo ya nos encargamos de diferenciar freestyle rap de un género musical en sí. Pero lo cierto es que esta disciplina está fuertemente ligada a la música, sobre todo en su formato más artístico.

“Freestyle, ¿deporte o arte?” es uno de los debates que se repiten casi como qué fue primero, si la gallina o el huevo, en la escena del freestyle. La primera encuentra su máximo esplendor en las batallas, bajo consignas de variados niveles de dificultad que buscan potenciar la calidad de la improvisación. Con la progresiva profesionalización del circuito como efecto secundario de un intento de mejora constante, encuentra sus defensores como detractores, pero resulta en un innegable crecimiento para la escena.

Por su parte la segunda, el arte, es el formato que más rienda suelta logra darle a la creatividad del MC o improvisador. Mientras menos trabas haya, con más libertad fluirá cada verso. Sea el tópico, la manera que se elija de rapear o dentro de qué métricas, todo es a elección de quien rima. Llevada a la música, su implementación da innumerables posibilidades de contar una historia o incluso de dar con una fórmula para un hit. Como en las zapadas o jams, aquellos encuentros de músicos que se juntan a tocar sus instrumentos para ver si sale una idea de canción, el freestyle usa la voz y el ingenio con ese mismo objetivo.

En la fructuosa escena de música urbana (léase: reggaetón, rap, R&B, RKT, dembow, drill y sus variantes pop) actual de nuestro país, de las canciones que se producen hoy al menos un cuarto probablemente hayan surgido de un freestyle. Y esto no significa que tirar free o componer una canción sea fácil, es que muchísimos de los artistas que hoy ejercen la música tienen un pasado competitivo. De hecho, si se busca la historia de los referentes de hoy, sea Duki, Trueno, YSY A, Lit Killah, Khea, Paulo Londra -y la lista sigue- todos ellos empezaron tirándose berretines en las plazas. Y si estaban aceitados en materia de crear ao vivo conexiones ingeniosas para defenestrar a su rival ¿por qué no iban a estarlo para cantarle a un amor que no fue, o a la vida que a veces tan amarga es?

Lo curioso de todo esto es que el fenómeno de El Quinto Escalón (la batalla de freestyle más importante de habla hispana organizada en el Parque Rivadavia de Caballito) tuvo tanta influencia en la escena competitiva del freestyle como en la de la música de los últimos 5 años. Por supuesto que no fue sólo esa compe, sino todo el circuito de batallas que se fue retroalimentando entre sí con el Quinto a la cabeza. En consecuencia, una gran cantidad de chicos y chicas se vieron inspirados para probar, haciéndolo en sus casas, esquinas o recreos.

Sin ir más lejos, entre esas chicas se encuentra Nicki Nicole, la rosarina de 22 años que hoy es una de las voces jóvenes más representativas del país, y cuyos comienzos están fuertemente unidos al freestyle. No tanto por las competencias, en las que participó en Santa Fe antes de ser mundialmente conocida, sino por utilizar la disciplina como herramienta para componer en el momento.

Nicki Nicole en la grabación
Nicki Nicole en la grabación de su Tiny Desk Crédito: @zepequee

El mejor ejemplo de esto lo podemos ver casi al final de su Tiny Desk, el prestigioso ciclo de pequeños shows organizados por la radio norteamericana NPR Music, en el que sobre una base de su banda, improvisa la letra de una canción con melodías que fácilmente podrían ir a la versión final de un tema de estudio.

Otra de las aplicaciones que tiene el freestyle en su formato artístico es la utilización en los shows en vivo. Durante esos pasajes musicales voladísimos -similares a cuando presentan a los músicos- suele ingresar al escenario un artista para rapear sobre la banda que lo invitó, el público, el evento o país en el que se encuentren, o denunciar alguna injusticia y ponerse una causa al hombro.

Como ejemplo cercano y espectacular podemos citar la colaboración entre Gorillaz y Trueno en el Quilmes Rock 2022 en Tecnópolis. Al término del primer estribillo de “Clint Eastwood”, -uno de los temas insignia de la banda liderada por Damon Albarn- entró un no-anunciado Trueno para el delirio de la multitud. La bienvenida a Argentina de la banda, “el fin de la guerra” gracias a un micrófono, el aguante al “arte hispano”. Estas son todas temáticas que Trueno eligió expresar en el contexto en el que se encontraba, sabiendo la repercusión que tendría no sólo a nivel nacional sino también internacional.

El freestyle en su expresión artística tiene esa magia, la de saber lo lejos que pueden llegar las palabras, más si está enmarcado en un concierto masivo. Porque la música unió desde siempre; ese es uno de sus aspectos fundamentales, congregar personas. Entonces ¿por qué no lo haría también la palabra rapeada?

La viralización del freestyle deportivo (sobre todo los compilados de ‘minutazos’ en batallas) tiene también su espacio en el freestyle artístico, por eso es que también estos minutos sobre el escenario tienen tanto poder de llegada. Ahora, ¿sólo en los freestyles que se dan fuera del circuito deportivo encontramos arte? Déjenme decirles que no. De por sí ya hay arte en métricas, combinaciones y flow. Hay minutos de freestyle competitivo que son arte puro por la calidad de los argumentos y la ejecución. Pero también hay arte en el freestyle competitivo por el mensaje. No es de las situaciones que más abundan, pero cuando se presentan quedan bien grabadas.

Mecha (derecha) el MC cordobés
Mecha (derecha) el MC cordobés que en la Red Bull de 2020 dio cátedra de arte en freestyle Crédito: EFE/Gustavo Cherro / Red Bull Content Pool

Durante la Final Nacional de Red Bull Argentina 2020, el porteño Klan y el cordobés Mecha disputaron el tercer puesto después de perder las respectivas semifinales. Era el turno de Mecha pero a su inicio avisa: “Le pido por favor al jurado después de esto voten a Klan / No me interesa ni el tercer ni cuarto lugar / Pero tengo un minuto de freestyle y lo quiero aprovechar”.

Caracterizado por ser un MC con una voz que pisa fuerte, esta vez alzó el volumen para que un ser querido lo escuche desde arriba. “Sólo puedo pensar en Mister I / ¿por qué se fue, por qué no está? / Un amigo que por mala suerte se lo llevó la soledad”.

En una suerte de monólogo para sí (¿porque en los momentos de derrota es tal vez cuando más nos hablamos a nosotros mismos?) le habló a su amigo, se definió a sí mismo y dejó clara su esencia: “Ya no quiero ser el que impresiona / Ya no me interesa si mi ánimo se desmorona / Sólo sé que si me queda una última neurona / Es para decirle te quiero a mi vieja cuando esté en coma”.

El arte está donde estemos dispuestos a encontrarlo. El freestyle tiene la adrenalina de lo improvisado y la posibilidad de dejar plasmada tanto la habilidad del MC como su personalidad. En el circuito no competitivo hay más libertad para expresarse, sí, pero a veces sortear barreras también es artístico.

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