En una conversación íntima con Planes Podcast, la escritora, conductora, emprendedora y productora repasó su recorrido personal y profesional, habló de sus quiebres más profundos y dejó una definición tan simple como contundente sobre su aprendizaje: “El error es quedarte donde te están diciendo que no”.
Desde el comienzo, Ugarte se definió como alguien atravesada por la creación. “Yo creo que básicamente tengo un alma muy de artista”, dijo. Y enseguida explicó que su perfil como productora no nació de una estrategia calculada, sino de una necesidad: “Tuve que producir porque las oportunidades no me venían. Nadie me estaba eligiendo. Y dije, ‘bueno, a ver, ¿qué hago? Tengo que ponerme a producir’”.
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Ese impulso por generar sus propios espacios marcó su carrera desde temprano. Nacida en Buenos Aires, criada en una familia donde convivían el amor, la libertad y cierta estructura, recordó una infancia con fuerte sensibilidad artística. Su madre era psicóloga, su padre abogado, y aunque siempre tuvo fascinación por la televisión, el teatro y la música, en su casa hubo una condición clara: primero estudiar, después avanzar hacia el mundo del espectáculo.
Así fue como construyó un recorrido de doble vía: formación académica en Artes Combinadas y, al mismo tiempo, experiencia en actuación, baile, comedia musical y medios. Esa mezcla entre mundo intelectual y pulsión artística terminó moldeando una identidad que hoy se apoya tanto en la sensibilidad como en la capacidad de producir.
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Pero uno de los puntos de inflexión más fuertes de su historia llegó en 2020, cuando viajó a Estados Unidos y quedó varada por la pandemia. Lo que en principio no era un cambio de vida terminó convirtiéndose en una migración forzada y en el inicio de una nueva etapa. “Yo recién acababa de cumplir el sueño de tener mi programa de televisión propio en el aire. Había arrancado en enero. Marzo, ya lo estaba dando de baja”, recordó.
En Argentina, su proyecto estaba en pleno crecimiento. Pero la pandemia paralizó todo: se cayeron los sponsors, el formato dejó de ser viable y el plan tuvo que reformularse por completo. Entonces apareció Miami como escenario de reinvención, aunque no sin costo. “Empezar de cero en Miami es re difícil, no importa quién seas en cualquier país. En Estados Unidos sos uno más”, resumió.
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Esa reconstrucción profesional convivió, además, con una historia sentimental atravesada por la frustración y el desgaste. Ugarte habló en la entrevista de una relación de diez años que la dejó marcada. Describió escenas de agresión verbal, desvalorización y proyectos de vida que se fueron desarmando con el tiempo. También contó que durante mucho tiempo sostuvo un ideal de familia y maternidad que no encontraba reciprocidad del otro lado.

Uno de los episodios más duros de esa historia ocurrió cuando descubrió que su entonces pareja pensaba hacerse una vasectomía sin haberlo conversado con ella. “¿Cómo vas a traicionar algo tan profundo como ser madre o no con tu pareja? Hacerlo a las espaldas”, dijo. Para Ugarte, ese momento fue un quiebre emocional decisivo, no solo por el acto en sí, sino por lo que simbolizaba: la ruptura de una confianza esencial.
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Meses después, tomó una decisión que también marcaría su historia: congelar óvulos. Lo hizo empujada por el deseo de preservar una posibilidad futura, pero el procedimiento derivó en una complicación gravísima. “Tuve una situación que casi fallezco”, relató. Contó que sufrió una infección severa tras la intervención y que la situación llegó a tal punto que, antes de entrar al quirófano, tuvo que firmar un consentimiento donde se le advertía que podía morir o perder un órgano. “Fue casi de vida o muerte”, afirmó.
Lejos de presentarlo como un episodio aislado, Ugarte lo vinculó con un proceso más amplio de revisión personal. Tras esa secuencia de dolor, reconoció que durante mucho tiempo se había dejado a sí misma en un lugar secundario. “Yo me dejaba mucho en un tercer y cuarto plano”, admitió. También habló de inseguridades más profundas, de heridas arrastradas desde la infancia y del vínculo entre esas marcas y ciertos patrones afectivos que repitió en su vida adulta.
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En ese recorrido, la terapia ocupó un rol central. Según contó, el trabajo sobre sí misma le permitió entender por qué había tolerado situaciones que hoy no aceptaría y cómo ciertas formas de violencia se sostienen también sobre carencias emocionales, miedo o una autoestima debilitada. “Te ves segura, pero en realidad por dentro no terminás de creer en vos”, explicó.
La separación terminó siendo, en ese sentido, un punto de ruptura, pero también de impulso. “Yo hice un gran salto cuántico cuando me separé”, dijo. Después de años de dolor, aseguró haber encontrado una nueva versión de sí misma, más segura, más clara y más conectada con lo que merece.
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Ese proceso, sin embargo, no fue lineal. Hubo un momento especialmente crudo que definió como “un marzo letal”. En ese período se separó, tuvo que resolver dónde vivir, atravesó trámites migratorios complejos y, además, sufrió la muerte de su coach, una mujer a la que describió como clave en su proceso emocional. La acumulación de golpes la obligó a rearmarse desde cero.
En paralelo, Ugarte siguió apostando por sus proyectos. Al hablar de Yo jefa y de Chicas Guapas, trazó una línea directa entre sus fracasos y sus mayores movimientos creativos. Recordó especialmente el día en que no quedó en un casting para un personaje que, según cuenta, parecía escrito para ella. De esa desilusión nació una idea que terminaría modificando su rumbo: “El trabajo de tus sueños no existe, tenés que inventarlo”.
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A partir de ahí, su carrera comenzó a apoyarse cada vez más en la creación de formatos propios, en la construcción de una marca personal y en la decisión de no encajar en espacios que no la representaban. “Ser fiel a uno mismo creo que es clave”, sostuvo. Y completó esa idea con una definición que también funciona como manifiesto: la coherencia entre lo que se dice, lo que se hace y lo que se piensa es, para ella, el verdadero cimiento de una identidad sólida.
En la conversación también hubo lugar para hablar del cuerpo, la imagen y el paso del tiempo. Ugarte contó que sufrió bullying en la infancia por sobrepeso, que durante años tuvo una relación conflictiva con su imagen y que recién de grande empezó a amigarse más con lo que ve. “Amor-odio. Ahora amor”, respondió cuando Evangelina le preguntó cómo se lleva con su apariencia.
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Sobre el tiempo, en cambio, no mostró temor. Dijo sentirse más sabia, más tranquila y más conectada con el disfrute. “Yo siento que cada vez soy más sabia”, afirmó. Y dejó en claro que hoy el bienestar forma parte de sus prioridades: meditación, entrenamiento, alimentación consciente y una rutina orientada a sentirse fuerte y sana.
Hacia el cierre, llegó la pregunta que ordena el espíritu del podcast: qué significa tener un plan. La respuesta sintetizó su manera de mirar la vida después de todo lo vivido. “Tener un plan es tener un mapa de acción. Es tener una ruta que me permite generar y crear sueños, tanto personales, profesionales”, respondió.
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