Las llamadas al 911 sobre Alligator Alcatraz dejaron un registro de 328 días de problemas de comunicación: familiares, abogados y hasta empleados pidieron ayuda a la Oficina del Sheriff del Condado de Collier porque no contaban con un canal directo para contactar al centro de detención de inmigrantes instalado en los Everglades de Florida, informó Miami Herald.
Según Miami Herald, diario de Miami, la falta de un contacto público operativo convirtió al sheriff del condado en intermediario forzado: el 911 recibía emergencias vinculadas con detenidos y las derivaba a la central interna del complejo, mientras el número “público” del centro redirigía al Centro de Procesamiento Krome North, una instalación distinta en el sur de Miami-Dade.
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El diario indicó que revisó más de 130 informes de incidentes y registros de llamadas al 911 obtenidos mediante una solicitud de acceso a documentos públicos.
El período analizado, de acuerdo con su investigación, comenzó el verano pasado, cuando el sitio todavía estaba en construcción, y se extendió hasta mediados de mayo de este año. En ese material aparecen llamadas realizadas desde Francia, Illinois y Miami por personas que buscaban asistir a detenidos alojados en carpas y espacios cercados con rejas.
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La atención médica concentró los pedidos de auxilio
El motivo más repetido en las comunicaciones fue el acceso a atención médica. Entre los casos citados por Miami Herald figura el del 5 de agosto, cuando Jessica, identificada solo por su nombre, llamó por su prometido Esvin Rodezno, un detenido de 29 años.
Según su relato, Rodezno llevaba dos días intentando recibir asistencia y presentaba fatiga, dolor de garganta y una erupción que se extendía hacia la cabeza y el brazo.
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Jessica también afirmó que el personal médico del hospital del centro le dijo a Rodezno: “No te estás muriendo”. En la grabación citada por Miami Herald, pidió que alguien verificara que recibiera antibióticos u otro tratamiento y remarcó un punto que, según su testimonio, condicionaba cualquier reclamo: “No hay ningún número de teléfono para este lugar”.
La agente del condado le explicó, siempre de acuerdo con el audio, que la oficina del sheriff solo podía trasladar la información al personal médico del complejo para su evaluación. Cuando Jessica preguntó si el centro lo tomaría en serio, la agente respondió: “No trabajo para ellos”.
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Miami Herald incluyó además el llamado de una mujer de Miami-Dade para pedir atención para un detenido de 41 años. La mujer dijo que un guardia de seguridad le informó que el padre de sus hijos había sufrido un paro cardíaco y que no sentía un brazo.
En otra comunicación, a comienzos de marzo, el Departamento de Bomberos de Miami-Dade derivó un reporte sobre un detenido de 61 años con dificultad para respirar y falta de aire; al transferirse la consulta al centro, desde allí respondieron que el hombre ya había sido localizado y evaluado por personal médico, según Miami Herald.
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Más adelante ese mismo mes, un hombre de Illinois alertó por una convulsión. Cuando un agente del condado llamó al centro, la central interna confirmó: “Tuvimos un paciente con convulsiones, aún no tenemos su nombre”, según la grabación citada por Miami Herald. El episodio, tal como quedó registrado, reforzó un patrón: el 911 aparecía como única puerta para activar respuestas o, al menos, para dejar constancia del reclamo.
La División de Gestión de Emergencias de Florida, que supervisa las operaciones del centro, no hizo comentarios al diario. Un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos declaró que los centros de detención de inmigrantes bajo su órbita ofrecen “servicios médicos integrales” y que quienes requieren niveles más altos de atención “son remitidos a los servicios de emergencia locales según sea necesario”.
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En el mismo pronunciamiento, el portavoz sostuvo: “Por precaución y en aras de la atención médica de los detenidos, los inmigrantes indocumentados pueden ser trasladados a hospitales de la zona mediante servicios médicos de emergencia”. También afirmó: “Esta es la mejor atención médica que muchos inmigrantes indocumentados han recibido en toda su vida”.
Denuncias de derechos humanos y alertas por salud mental
Familiares y defensores de derechos humanos cuestionaron esa descripción. En un informe de diciembre, Amnistía Internacional, organización internacional de derechos humanos, acusó a los gobiernos estatal y federal de brindar atención médica inadecuada en el centro de los Everglades.
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Según ese documento, existía “una negación sistemática del acceso a la atención médica y la falta de atención a las necesidades de salud física y mental de las personas, lo que las exponía a un grave riesgo de sufrir daños”.
El informe agregó que quienes informaban dolor o enfermedad “eran sistemáticamente ignoradas” por el personal del centro y que el tratamiento, cuando se proporcionaba, resultaba tardío o deficiente. En paralelo, Miami Herald señaló que circularon rumores sobre intentos de suicidio o muertes dentro del complejo, aunque indicó que no pudo confirmarlos.
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Entre las llamadas revisadas apareció el testimonio de un hombre identificado como Emess, que dijo comunicarse desde Francia por su hermano, un inmigrante de Costa de Marfil de 30 años. Según el registro citado por Miami Herald, Emess afirmó que su hermano le había avisado desde el centro que planeaba hacerse daño y le pidió transmitir a sus seres queridos que “está muerto. Se suicidó”.
Miami Herald añadió que una base de datos federal de inmigrantes detenidos indica que ese hombre figura recluido en el centro de detención de Mesa Verde, en Bakersfield, California.
Consultado por el diario, un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos sostuvo que “los suicidios bajo custodia del DHS son trágicos y poco frecuentes” y que existe un protocolo de intervención estricto para proteger la salud y el bienestar de los detenidos. El portavoz no respondió cuántos detenidos, si alguno, se habían suicidado en Alligator Alcatraz.
Disturbios, escritos judiciales y desorientación operativa
Las grabaciones y documentos judiciales revisados por Miami Herald también describieron episodios de tensión y problemas de coordinación dentro del centro. El 2 de abril de 2026, según registros del tribunal federal citados por el diario, detenidos comenzaron a amotinarse después de que se cortara el servicio telefónico sin explicación.
Un escrito presentado por un abogado en un caso relacionado con la Primera Enmienda sostuvo que guardias sacaron a detenidos de sus celdas, los golpearon, dejaron a uno con un ojo ensangrentado y a otro con una muñeca rota, y usaron gas pimienta de forma indiscriminada. El 4 de abril de 2026, Natalie, de West Palm Beach, llamó para pedir paramédicos para su prometido Djo Paul, un inmigrante haitiano de 29 años.
Según el relato citado por Miami Herald, Natalie dijo al operador que Paul tenía dolor en el pecho, dificultad para respirar e irritación en la piel por el gas pimienta. La mujer afirmó después al diario que Paul no recibió la atención médica adecuada en el centro y que luego fue deportado.
Los registros también reflejaron llamadas de empleados del complejo a la Oficina del Sheriff del Condado de Collier para pedir orientación sobre intrusos, traslados y hasta sobre una empleada con una orden de arresto por una infracción de tránsito.
En esa última comunicación, un operador de la central interna admitió: “Todavía no nos habíamos topado con esto, así que es algo completamente nuevo para nosotros”.
El 25 de julio de 2025, después de que trabajadores intentaran practicar la maniobra de Heimlich a una mujer que se estaba ahogando, un empleado llamó al 911 para informar que la mujer se había desmayado entre la lavandería y las duchas.
En la grabación citada por Miami Herald, la persona que llamó dijo: “No está bien. Se desmayó, pero ya está respirando de nuevo”, mientras alrededor había otros ocho empleados discutían qué hacer.
Otra llamada del 14 de agosto de 2025, según registros citados por el diario, reflejó que las condiciones del lugar también afectaban al personal. Una empleada dijo al operador del condado de Collier que no entendía por qué llamaba y le contestaba “otro condado”, y añadió que sentía que se iba a desmayar. La mujer afirmó que estaba detrás del estacionamiento, en un carrito de golf, y que intentaba resguardarse del sol sin agua.
En otros registros, según Miami Herald, empleados llamaron por asuntos personales, como un conflicto por un vehículo prestado o el robo de una matrícula. En una comunicación, también se registró que a un hombre que llegó en mayo de 2026 en busca de sus documentos de inmigración le sugirieron llamar a emergencias: “Fui a la sección de objetos perdidos, pero no está aquí. Así que me dijeron que llamara al 911”.
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