
Las inundaciones más extensas en décadas dejaron a cientos de agricultores en Hawái al borde del colapso, con una pérdida estimada de USD 50 millones únicamente en daños a cultivos y activos, según cálculos de la principal federación agrícola del estado, la Hawaii Farm Bureau, y datos recogidos por asociaciones como la Coalición de Agricultura Familiar del Pacífico.
Apenas unos días después del desastre, más de 600 explotaciones reportaron daños cercanos a USD 40 millones a la cadena estadounidense de noticias ABC News.
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El impacto inmediato en el suministro de alimentos frescos pone en duda el futuro de la agricultura local, esencial para el bienestar económico y social del archipiélago.
El último balance consolidado por la Hawaii Farm Bureau indica que aproximadamente 2.000 de las 6.500 explotaciones agrícolas de Hawái resultaron afectadas, superando ampliamente los registros oficiales iniciales.
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Según el director ejecutivo de la organización, Brian Miyamoto, muchos de estos productores estaban próximos a la cosecha cuando las lluvias devastaron sus cultivos, comprometiendo meses de trabajo y recursos. Miyamoto precisó: “En algunos casos, las fincas completas han sido arrasadas”.

Los pequeños agricultores, los más golpeados por la devastación
Las consecuencias no se limitaron a la pérdida directa de alimentos. De acuerdo con el organismo federal responsable del sector, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la mayoría de las granjas hawaianas genera menos de USD 10.000 al año en ventas, lo que sitúa a sus propietarios en una situación de enorme vulnerabilidad frente a los impactos climáticos.
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La agricultura en Hawái se diferencia de otros estados por su fragmentación en terrenos de pocas hectáreas dedicados a una amplia variedad de productos, que abastecen desde supermercados hasta mercados locales.
Esta diversificación, si bien fortalece la seguridad alimentaria, dificulta el acceso a seguros agrarios y deja a los productores casi desprotegidos.
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Sin cobertura de seguros, los agricultores buscan apoyo estatal y federal, incluidas subvenciones únicas de USD 1.500, préstamos preferenciales y recursos recaudados por la comunidad, como el fondo benéfico que reunió cerca de USD 850.000 en las primeras semanas tras el desastre, según cifras facilitadas a ABC News.
Kula Uliʻi, una de las agricultoras damnificadas, relató que ahora solo puede ofrecer en los mercados locales un cuarto de la producción habitual.
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Donde antes vendía 90,7 kg de tomates en un solo fin de semana, hoy apenas logra llegar a 27,2 kg. Esta disminución obligó a renegociar muchos contratos con tiendas de comestibles, ya que es imposible cumplir con las entregas previstas.

Impacto social en familias migrantes y respuestas del gobierno
La agricultura hawaiana está marcada por familias inmigrantes, especialmente provenientes de Asia y Portugal desde finales del siglo XIX para trabajar en plantaciones de caña de azúcar y piña. Tras el declive de la agricultura a gran escala en la década de 1990, la isla apostó por pequeñas granjas como la de Bok Kongphan, quien llegó desde Tailandia y hoy cultiva vegetales en una parcela de dos hectáreas.
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Kongphan afirmó: “Las inundaciones fueron muy devastadoras”, y describió cómo el agua superó medio metro en su vivienda, construida con un contenedor marítimo.
Su sobrina, Jeni Balanay, perdió por completo los cultivos de choy sum, melón amargo y tomate; los recientes árboles de banana, coco y mango presentan hojas amarillentas y escasas posibilidades de recuperación. Sobre el futuro, Balanay señaló: “¿Volverá a ocurrir? Cuando miras la tierra y ves que está toda destruida, es difícil no querer rendirse”.
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Las autoridades destacan que estos agricultores resultan fundamentales para asegurar el autoabastecimiento de Hawái, sobre todo tras el quiebre de envíos internacionales registrado durante la pandemia de COVID-19. La secretaria de Agricultura estatal, Sharon Hurd, informó que el gobierno realiza análisis de suelos para descartar contaminación y provee semillas y plantines. Hurd insistió: “Son las fincas que tenemos que reactivar cuanto antes. No pueden dejarlo”.

Consecuencias a largo plazo para la alimentación en Hawái
Las tormentas no solo destruyeron cultivos, sino que también provocaron la muerte de ganado, la pérdida de maquinaria y la alteración de la infraestructura rural.
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Incluso el taro, que requiere inundaciones controladas y es un alimento básico en Hawái, quedó inutilizable por la contaminación transportada por las aguas, según declaró Uliʻi a ABC News: “Todo se ha perdido. No podemos usar nada”.

La magnitud de la destrucción, sumada a otros desastres recientes como incendios forestales, plagas y erupciones volcánicas, reavivó el debate sobre la resiliencia agrícola del archipiélago.
Las redes de apoyo comunitario y las ayudas oficiales resultan insuficientes ante el daño causado, y persiste la incertidumbre sobre la continuidad de la actividad agrícola ante posibles eventos climáticos extremos.
El estado y las organizaciones agrícolas insisten en la necesidad de sostener e impulsar a sus pequeños productores, no solo por razones económicas, sino para preservar la capacidad de Hawái de autoabastecerse ante crisis globales futuras.
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