
La Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA) de la ciudad de Nueva York anunció un nuevo paquete de medidas para mejorar el acceso en los autobuses exprés, tras años de reclamos de usuarios de sillas de ruedas.
Aunque estos vehículos disponen de elevadores hidráulicos, diversas organizaciones y personas con discapacidad advierten que la falta de formación de los conductores y los frecuentes fallos técnicos obstaculizan la autonomía de miles de neoyorquinos, según detalló el diario estadounidense The New York Times.
Actualmente, la MTA informa que los sistemas de accesibilidad —incluyendo rampas y elevadores— registraron más de 112.000 usos durante el último año, una cifra que, según la agencia, muestra un aumento respecto a años anteriores, aunque sigue por debajo de la demanda estimada por las organizaciones de usuarios.
Sin embargo, la agencia no distingue en sus datos entre los 4.886 autobuses de piso bajo equipados con rampas que circulan en rutas locales y los 1.100 autocares exprés que cuentan con elevadores hidráulicos para conectar los distritos con Manhattan. Esta diferencia es clave para comprender los desafíos técnicos y de operación que enfrentan los usuarios de las rutas exprés.
Según testimonios recogidos por el portal de noticias local City Limits en 2023, muchas personas que dependen de una silla de ruedas evitan las rutas exprés ante la incertidumbre de que los elevadores funcionen correctamente o que los operadores sepan utilizarlos.
Un informe oficial de la ciudad, publicado por el Departamento de Movilidad y Discapacidad, confirmó que los usuarios con movilidad reducida optan por alternativas distintas ante el riesgo de no poder completar el trayecto con seguridad.
La MTA pondrá en marcha un plan que triplica la formación práctica de los conductores de autobuses exprés en el uso de elevadores hidráulicos e incorpora manuales y guías detalladas a bordo de cada vehículo, adaptadas a cada modelo.
Además, la agencia revisará los materiales de capacitación para ajustarlos a las dificultades concretas reportadas por los usuarios y detectadas en los últimos años.
Las principales organizaciones de derechos de las personas con discapacidad, como Disabled in Action, afirman que la falta de formación y la ausencia de protocolos claros se refleja en situaciones donde los conductores no conocen el funcionamiento de los elevadores.
Jean Ryan, presidenta de la entidad, relató que en varias ocasiones los conductores le han manifestado desconocer el funcionamiento de estos sistemas, una experiencia frecuente que la propia MTA busca erradicar con el nuevo régimen de capacitación.
Un promedio de 60.000 personas utiliza diariamente los autobuses exprés en Nueva York, pero las organizaciones estiman que la proporción de pasajeros con discapacidad es menor a la proyectada por los organismos públicos, debido a obstáculos como los fallos en el equipo y las actitudes del entorno.
La MTA reconoce que —aunque la tecnología está disponible— la operación efectiva depende de la capacitación continua y la sensibilización tanto del personal como del público general.
Desafíos técnicos y sociales en la accesibilidad de los autobuses exprés

La diferencia clave entre los autobuses exprés y las rutas locales reside en el sistema de acceso: mientras los servicios locales utilizan rampas que permiten el ingreso a nivel de la acera, los exprés están equipados con elevadores hidráulicos, necesarios para salvar la mayor altura de estos vehículos.
Según la MTA, estos elevadores requieren un manejo más complejo y específico, y su funcionamiento depende en gran medida del conocimiento práctico del operador.
Reportes de usuarios y organizaciones especializadas, como la organización Disability Rights Advocates, dedicada a la defensa de los derechos de personas con discapacidad, señalan que cuando un elevador falla o no se opera correctamente, el viaje se retrasa considerablemente y, en ocasiones, el pasajero debe esperar el siguiente autobús o buscar rutas alternativas.
Estas situaciones han sido descritas como “una barrera invisible” que, según Disabled in Action, limita el acceso y desalienta a los potenciales usuarios discapacitados.
La presión social también afecta la experiencia de viaje. Representantes de la Asociación Unida de la Columna Vertebral, como José Hernández, cuentan que deben enfrentar el descontento del resto de los pasajeros cuando la operación del elevador demora la salida del autobús, lo que puede tomar entre 10 y 15 minutos.
Estrategias de la MTA para cerrar la brecha de accesibilidad

Demetrius Crichlow, presidente de New York City Transit, explicó que el objetivo de la agencia es eliminar la incertidumbre sobre el uso de los elevadores hidráulicos mediante una formación más intensiva y el acceso a guías prácticas a bordo.
Actualmente, los nuevos conductores reciben capacitación obligatoria y deben renovarla cada seis meses, pero el plan contempla triplicar la cantidad de horas de formación para asegurar que todos los operadores puedan asistir a los pasajeros de manera eficiente y segura.
Además de la capacitación, la MTA instalará manuales y carteles instructivos específicos dentro de cada autobús exprés, con indicaciones claras para cada modelo de elevador. La agencia revisará los vídeos y materiales didácticos para incluir ejemplos de situaciones reales y resolver los problemas reportados por los usuarios y las organizaciones.
El plan de acción responde a los pedidos de una auditoría exhaustiva del estado de los elevadores hidráulicos, exigida en 2023 por colectivos de derechos de las personas con discapacidad.
Estos grupos reclaman que la MTA distinga en sus reportes el uso y la funcionalidad de las rampas y los elevadores, para contar con datos precisos que permitan diseñar políticas efectivas y no solo promesas de accesibilidad.
Contexto legal, adaptación y perspectivas de mejora

La legislación estadounidense exige desde hace décadas que el transporte público sea accesible para personas con discapacidad, pero la experiencia en Nueva York muestra que la existencia de tecnología no garantiza el uso efectivo.
El proceso de adaptación de la flota de la MTA ha sido progresivo, con la incorporación de rampas y elevadores; sin embargo, la diferencia entre la capacidad técnica instalada y su utilización práctica sigue siendo un reto.
Especialistas como Jean Ryan insisten en que la capacitación técnica debe ir acompañada de campañas de sensibilización para eliminar el estigma que asocia los retrasos a una “molestia” para el resto de los pasajeros.
La percepción negativa y la presión social dificultan el ejercicio pleno del derecho a la movilidad de quienes dependen de una silla de ruedas.
La MTA se compromete a monitorear el funcionamiento de los elevadores y a fortalecer la formación de sus empleados, con el objetivo de garantizar un sistema de transporte inclusivo. En paralelo, las organizaciones de usuarios mantienen su reclamo de auditorías independientes y de transparencia en la publicación de datos diferenciados sobre accesibilidad.
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